5 cosas que NUNCA debes hacer después del sexo
Después del sexo, el cuerpo se queda en modo sensible, la piel de la vulva puede estar más caliente, y la vagina a veces queda un poco hinchada; lo que antes no molestaba, de repente irrita. Por eso, ciertos hábitos “de siempre” pueden acabar en escozor, sequedad o una infección urinaria que te corta el rollo días después.
La buena noticia es que son errores fáciles de evitar. Aquí van cinco cosas que conviene no hacer, combinando cuidado físico y un poco de aftercare para que la experiencia termine bien, no solo en el momento.
Ignorar el baño
La primera metida de pata es no orinar pronto. Durante el sexo, es normal que bacterias de la zona se acerquen a la uretra; al hacer pis, ayudas a “arrastrarlas” hacia fuera. Lo ideal es hacerlo en la primera media hora y, si te lías entre besos y manta, intenta que sea como máximo dentro de la primera hora.
La segunda es limpiarte sin pensar, porque al ir al baño, limpia siempre de adelante hacia atrás. Es un gesto pequeño, pero evita mover bacterias hacia la zona vaginal, justo cuando está más vulnerable y cualquier desequilibrio se nota más.
Lavar “por dentro” o con productos fuertes: el error que más irrita
Intentar “limpiarla por dentro” con duchas vaginales, perfumes o productos agresivos suele hacer justo lo contrario: altera el equilibrio, arrastra bacterias protectoras y puede abrir la puerta a picor, sequedad o infecciones por hongos.
Ojo también con toallitas y papeles húmedos con alcohol, glicerina u aceites. Tras el sexo, la piel absorbe más y se irrita con facilidad. Si quieres limpiar, mejor quédate en lo básico: agua tibia por fuera, sin frotar. Si usas jabón, que sea neutro y en poca cantidad, solo en la zona externa.
Quedarte con humedad atrapada: lencería sintética y jacuzzis justo después
Aquí manda una regla: calor más humedad es mala combinación. Dormirte con lencería sintética (nailon, poliéster, acrílico) puede dejar la zona húmeda por sudor, semen o lubricante; esa humedad retenida favorece irritación. El algodón, en cambio, transpira mejor y ayuda a que todo vuelva a la normalidad.
Y el jacuzzi justo después tampoco es buena idea. Con la entrada vaginal más expuesta, el agua caliente y compartida puede acercar bacterias de la piel. Si te apetece baño, espera un poco, dúchate suave y cámbiate antes.
Cortar el momento en seco: no hacer aftercare ni hablar
Levantarte de golpe, mirar el móvil o quedarte distante puede dejar a la otra persona confundida, y a ti también. El aftercare no es cursilería, es parte de la salud sexual: un abrazo, un vaso de agua, preguntar “¿estás bien?” y decir algo que te gustó baja la tensión y refuerza la confianza.
También ayuda a hablar con calma de lo que no funcionó. Esa charla corta evita repetir molestias, mejora el consentimiento y hace que la próxima vez sea más fácil y más segura.
Honestidad sin herir: cómo decir lo que te gustó y lo que no
Prueba con frases simples: “Me encantó cuando fuimos despacio”, “Si repetimos, prefiero más lubricante”, “Eso me rozó un poco, mejor cambiamos”. Suena cercano, no acusa, y cuida el vínculo.
Después del sexo, gana quien se cuida: higiene externa sin agresivos, nada de humedad atrapada y un poco de cariño consciente. Escucha tu cuerpo, porque suele avisar antes de que el problema crezca.
Si notas dolor, mal olor, picor o ardor que se repite, no lo normalices. Consulta con un profesional de salud y quédate tranquila: prevenir casi siempre es más fácil que curar.