7 amigas construyen la casa de sus sueños para envejecer juntas

La soledad es uno de los grandes problemas de la sociedad occidental. Y es por eso que un grupo de 7 amigas de Guangzhou, China, decidieron construir la casa de sus sueños e irse a vivir juntas. La idea nació como una broma en 2008, pero aquella idea disparatada terminó por convertirse en realidad: se jubilarían, envejecerían y morirían juntas, y no esperarían a tener 60 años para ver su proyecto hecho realidad. Lo harían cuanto antes. Llevó 11 años, y más de medio millón de euros, hacerla realidad.

El edificio elegido fue una ruina de ladrillo de 700 metros cuadrados, que ha sido completamente renovado y modificado para satisfacer las necesidades de la gran familia. Ubicada en las verdes colinas de las afueras de Guangzhou, la nueva casa ofrece a los habitantes un gran espacio en la planta baja donde pueden vivir en comunidad, mientras que en el piso de arriba se encuentran las habitaciones de lujo.

Las sietes mujeres se conocieron cuando eran adolescentes, han sido amigas durante más de 20 años, y su inversión financiera es una apuesta por un vínculo de amistad que, con suerte, durará hasta el final. Ellas no vivirán solas, ya que han decido traer a sus hijos con ellas. Para no tener discusiones por los quehaceres de la casa, han decidido establecer diferentes roles y tareas dentro de la gran comunidad, incluido el cultivo del huerto, la preparación de ciertos alimentos, la limpieza, etc.

Desde el primer momento sabían lo que querían: una casa de cristal que les permitiera conectarse con la naturaleza y no perderse desde ningún rincón las hermosas vistas. Idearon una cápsula de vidrio en la fachada que les regalara vistas panorámicas del prado.

Los dormitorios cuentan con enormes vidrieras y son individuales, para que cada una preserve su intimidad y tenga un espacio personal en la casa.

El edificio tienes tres pisos. La primera planta cuenta con una sala de estar donde leen y charlan antes de irse a dormir. Desde la cocina rústica, pueden preparar sus mejores recetas mientras disfrutan de las vistas de los campos de arroz. Una extensa mesa cruza el comedor, con sillas suficientes para albergar a toda la familia.

En los niveles superiores, las habitaciones individuales les conceden la intimidad que uno siempre necesita. Todas cuentan con un tatami y con cristaleras que les permiten conectarse siempre con la naturaleza.