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Pareja

Mi novio no puede tener un orgasmo: ¿es culpa mía?

Si piensas “mi novio no puede tener un orgasmo” y enseguida te preguntas si has hecho algo mal, respira, porque esta situación es más común de lo que parece y puede pasar incluso cuando hay deseo, excitación y erección.

Primero, aclaremos qué puede estar pasando (y qué no)

La anorgasmia masculina es cuando él se excita, disfruta y aun así no llega al orgasmo. También puede presentarse como orgasmo muy retrasado. Esto no es lo mismo que la disfunción eréctil, que es la dificultad para lograr o mantener la erección. A veces conviven, pero no son lo mismo.

Anorgasmia, retraso y “solo me pasa contigo”: cómo suena en la vida real

En la vida real suele verse así: tarda muchísimo, se cansa, se distrae, o solo lo consigue masturbándose. También puede pasar que con una pareja se bloquee y a solas no, o al revés. Eso no prueba falta de amor ni de atracción. El orgasmo es sensible al contexto, al cansancio y a la presión, como si el cuerpo tuviera un “freno” que se activa cuando más quieres que todo salga perfecto.

Orgasmo y eyaculación no siempre van juntos

El orgasmo es la sensación de clímax; la eyaculación es la salida de semen. Pueden no coincidir. En algunos casos hay orgasmo sin semen visible por eyaculación retrógrada, cuando el semen va hacia la vejiga. Suele asociarse a cirugías, diabetes u otros factores, y no es lo más típico en hombres jóvenes sanos. Aun así, saberlo evita sustos innecesarios.

Causas frecuentes, muchas no tienen nada que ver contigo

Una de las causas más repetidas es la mente en modo examen. La ansiedad de rendimiento, el estrés laboral, el mal descanso o un periodo de bajón anímico pueden apagar el “soltarse”. También influyen conflictos de pareja, discusiones no resueltas o sentirse observado. No hace falta que haya un gran problema, a veces basta con semanas intensas y poca calma.

En lo físico también hay piezas importantes. Algunos fármacos dificultan el orgasmo, en especial antidepresivos tipo ISRS; también ciertos ansiolíticos y medicamentos para la presión arterial. El alcohol puede entumecer la respuesta sexual, y en algunas personas el cannabis empeora la concentración o el control del cuerpo. Menos común, pero posible, es una testosterona baja o alteraciones hormonales que suelen venir con cansancio y menos deseo.

La presión, el estrés y la ansiedad de “tener que lograrlo”

Aquí aparece el círculo: cuanto más intenta llegar, más se tensa, y cuanto más se tensa, menos llega. Se nota cuando se enfoca en “cumplir”, se desconecta del placer o le cuesta perder el control. Ayuda volver a lo básico: bajar expectativas, quitar el reloj mental y priorizar sensaciones, no metas.

Foto Freepik

Medicamentos y sustancias: una causa muy común hoy

Si toma ISRS u otro tratamiento, no conviene improvisar. Nunca debería suspenderlo por su cuenta. Lo sensato es hablar con su médico para valorar ajustes o alternativas. También sirve observar si el problema aparece tras beber más, fumar o mezclar cosas en días de estrés.

Cómo hablarlo sin herirlo y sin cargar con la culpa

Plantea la conversación fuera de la cama, con tono de equipo. Algo como: “Me importas, quiero entender qué te ayuda y qué te bloquea, sin prisa”. Si él se cierra, puedes sumar un límite amable: “Podemos ir paso a paso, pero necesito que lo hablemos, no quiero adivinar”.

Frases que ayudan y frases que aumentan la presión

Funciona mejor la curiosidad que el interrogatorio. “Quiero entender qué te gusta” o “podemos ir más lento” abre puertas. En cambio, “¿no te gusto?” o “¿qué te pasa?” suele apretar el nudo, porque lo pone a defenderse.

Cambios simples en la intimidad para quitar el foco del orgasmo

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A veces la clave es mover el foco del final hacia el camino: más juego previo, pausas, variar ritmo, usar lubricante, permitir que él guíe con la mano, o incluir masturbación compartida sin vergüenza. El objetivo es placer y conexión, no pasar una prueba.

Cuándo pedir ayuda profesional y qué esperar en la consulta

Si esto se repite por semanas o meses, si genera angustia, si aparece de golpe, si hay dolor, cambios marcados de deseo o medicación de por medio, conviene pedir ayuda. Un urólogo puede revisar causas orgánicas y, si hace falta, pedir analíticas hormonales y una revisión de salud general. Un sexólogo o psicólogo puede trabajar la ansiedad, hábitos sexuales y comunicación en pareja. Suele mejorar más rápido cuando se aborda sin culpa y con un plan.

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