Estilo de vida

La razón por la que algunas personas siempre tienen frío, incluso en verano

Hay personas que pasan el verano con las manos heladas y los pies fríos, aunque todos los demás estén buscando sombra. Y no siempre es una simple cuestión de ser “friolento”. La sensación de frío constante puede tener causas físicas reales. A veces, se relaciona con hábitos, con la forma en que funciona el cuerpo o con algún problema de salud que pasa desapercibido durante meses.

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Entender por qué ocurre ayuda a distinguir una molestia común de una señal de alerta que merece atención. También sirve para saber qué síntomas no conviene ignorar y cuándo vale la pena solicitar una revisión médica.

¿Por qué algunas personas sienten frío aunque afuera haga calor?

La temperatura corporal no depende solo del clima. También influye cómo produce calor tu cuerpo por dentro, cómo circula la sangre y cuánto tarda en llevar esa energía a cada tejido.

Si el metabolismo funciona más lento, el cuerpo genera menos calor. Si la sangre no llega bien a las extremidades, las manos y los pies se enfrían antes que el resto. Y si hay poca grasa corporal, el calor se pierde con más facilidad, como una casa con las ventanas mal cerradas.

Por eso, dos personas pueden estar en el mismo lugar y sentir cosas muy distintas. Una lleva una camiseta ligera y otra necesita una chaqueta, aunque el termómetro marque la misma temperatura. El cuerpo, además, regula la temperatura de forma muy precisa. Si esa regulación falla por cansancio, por una enfermedad o por falta de reservas, el frío aparece incluso en días cálidos.

El cuerpo no siempre produce el mismo calor

Hay personas cuyo organismo quema energía más despacio. En esos casos, el cuerpo produce menos calor al realizar sus funciones diarias y la sensación de frío aparece con mayor facilidad. El metabolismo influye mucho en eso. Cuando funciona lentamente, el cuerpo tiende a sentirse más frío, sobre todo si la persona come poco, duerme mal o pasa muchas horas sin moverse.

La sangre y la grasa también ayudan a conservar el calor

La circulación sanguínea tiene un papel clave. Si la sangre no llega con suficiente fuerza a las manos y los pies, estas zonas se enfrían antes y tardan más en calentarse. La grasa corporal también ayuda a retener el calor. Cuando hay muy poca, el cuerpo pierde esa protección natural y le cuesta más mantener una temperatura estable, especialmente en brazos, piernas, manos y pies.

Las causas médicas más comunes detrás del frío constante

La anemia es una de las razones más frecuentes. Cuando hay poca hemoglobina, la sangre transporta menos oxígeno y los tejidos trabajan con menos energía. Esto puede provocar frío, cansancio y palidez, incluso sin que la persona lo relacione de inmediato con un problema sanguíneo.

El hipotiroidismo también encaja muy bien con este problema. Si la tiroides funciona lentamente, el cuerpo reduce su ritmo general y produce menos calor. Muchas personas notan además somnolencia, piel seca, estreñimiento y una sensación de lentitud que no desaparece con facilidad.

La mala circulación es otra causa clara. Si la sangre no llega correctamente a las extremidades, las manos y los pies se enfrían con rapidez. A veces, la persona percibe que una parte del cuerpo está siempre más fría que el resto, aunque el ambiente no sea frío.

El fenómeno de Raynaud va un paso más allá. En este caso, los vasos sanguíneos de los dedos se contraen de forma excesiva ante el frío o el estrés. Los dedos pueden ponerse blancos, azules o rojos, y la sensación de frío puede ser intensa y repentina.

La diabetes también puede estar detrás de este síntoma. Con el tiempo, puede dañar nervios y vasos sanguíneos, especialmente en piernas y pies. Esto altera la forma en que el cuerpo percibe la temperatura y puede provocar frío, hormigueo o entumecimiento.

La enfermedad renal crónica modifica varias funciones internas a la vez. Los riñones ayudan a mantener el equilibrio de líquidos y sustancias en la sangre y, cuando fallan, el cuerpo puede sentirse más débil, más cansado y más sensible al frío.

El bajo peso y la desnutrición también influyen. Si faltan calorías, proteínas o grasa corporal, el cuerpo dispone de menos reservas para mantener el calor. En esas condiciones, cualquier cambio de temperatura se percibe con mayor intensidad.

Foto Freepik

Señales de alerta que no conviene pasar por alto

Sentir frío ocasionalmente es normal. Lo que merece atención es el frío que se repite todos los días, incluso en lugares templados, y que viene acompañado de otros cambios en el cuerpo.

Cuando el frío constante aparece junto con cansancio, palidez o pérdida de peso, ya no parece una simple incomodidad. También conviene prestar atención a otros signos. El cansancio intenso, los mareos, las uñas frágiles, la caída del cabello, el hormigueo y las manos o pies muy fríos pueden apuntar a un problema subyacente.

Los cambios de color en los dedos también son una pista importante. Si se vuelven blancos, morados o azulados con facilidad, el sistema circulatorio podría estar implicado.

¿Cuándo el frío puede ser más que una simple incomodidad?

Consulta con un profesional si el frío constante afecta tu vida diaria, te obliga a abrigarte de forma excesiva o aparece junto con síntomas que no desaparecen. También merece una revisión si comenzó de manera reciente y no sabes cuál es la causa.

¿Qué datos ayudan al médico a entender mejor el problema?

Resulta útil saber desde cuándo ocurre, si empeora por la mañana o al final del día, y si se intensifica con el estrés, el ayuno o el cansancio. También ayuda explicar si afecta únicamente a las manos y los pies o a todo el cuerpo.

¿Qué cambios pueden ayudar a sentir menos frío en el día a día?

Algunas medidas simples pueden ayudar bastante, sobre todo si el problema no tiene una causa médica importante. Comer suficiente es una de ellas, porque el cuerpo necesita combustible para producir calor. Beber agua también es importante, ya que la deshidratación empeora la circulación y el cansancio.

Moverse con frecuencia marca una gran diferencia. Si pasas muchas horas quieto, la sangre circula peor y el cuerpo tarda más en calentarse. Levantarte, caminar unos minutos y estirar las piernas puede ayudar más de lo que parece.

Dormir bien también cuenta. Cuando el descanso falla, la regulación de la temperatura suele volverse menos eficiente. A esto se suma que vestir ropa por capas conserva mejor el calor y permite adaptarse sin sudar en exceso.

Si el frío tiene una causa clara, como anemia, tiroides lenta o mala circulación, lo más importante es tratar ese problema de origen. Abrigarse ayuda, pero no resuelve la causa de fondo.

Cuando el frío es una señal y no solo una molestia

Tener frío todo el tiempo, incluso en verano, puede ser una forma en la que el cuerpo avisa que algo no funciona correctamente. A veces se explica por hábitos, por bajo peso o por una constitución más sensible. Otras veces, puede apuntar a anemia, hipotiroidismo, problemas circulatorios, diabetes o enfermedad renal.

La clave está en observar el conjunto de síntomas. Si el frío aparece solo, puede tratarse de una característica personal. Si viene acompañado de cansancio, palidez, mareos o cambios en el color de los dedos, merece atención.

Escuchar esas señales del cuerpo a tiempo ayuda más que acostumbrarse a ellas. El organismo suele avisar mucho antes de pedir ayuda a gritos.

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Este artículo ha sido elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, ha sido objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, relevancia y conformidad con los estándares editoriales. Aurana se esfuerza por transmitir el conocimiento sobre salud en un lenguaje accesible para todos. EN NINGÚN CASO la información proporcionada puede sustituir la opinión de un profesional sanitario.

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