Salud

Ictus: Actividades físicas preventivas contra el ictus

En este caso se aprovecha el efecto protector que las actividades físicas tienen en nuestro organismo, disminuyendo significativamente la aparición de condiciones y eventos que favorecen la aparición del ictus.

Esto depende básicamente del hecho de que una vida físicamente activa induce modificaciones y adaptaciones orgánicas que son positivas desde el punto de vista de la funcionalidad de órganos y aparatos, ayudándonos a mantener un estado de salud óptimo.

La pregunta más común es: ¿todas las actividades motrices pueden considerarse preventivas y eficaces en términos de prevención?

Beneficios preventivos

Se observa que la actividad física tiene un efecto positivo sobre varios factores que se relacionan estrechamente con el ictus: el envejecimiento, la presión arterial, las patologías crónicas, cardiovasculares y metabólicas, es decir, todas aquellas condiciones que favorecen las principales causas de la patología (placas ateroscleróticas, trombos, eventos hemorrágicos).

Efectos cardiovasculares:

Efecto hipotensor: debido a una menor actividad ortosimpática, lo que conllevaría una reducción de las resistencias periféricas tanto por la disminución de la actividad de ciertas hormonas y sus receptores (catecolaminas) como por el aumento del lecho capilar; además, se produce una mayor eliminación de sodio en los riñones, lo que también conlleva una mayor pérdida de agua por parte del organismo con la consiguiente reducción de los volúmenes plasmáticos.

Efecto sobre el corazón: mejora la capacidad de bombeo del corazón, también aumenta el número de capilares y el desarrollo del microciclo coronario (reserva coronaria) eliminando el riesgo de angina e infarto.

Efecto sobre los vasos sanguíneos: en particular, los estudios científicos han demostrado que la actividad física ayuda a contrarrestar el estrés oxidativo que sufren los vasos sanguíneos con el envejecimiento y, en particular, las condiciones patológicas. De este modo, reducimos el riesgo de aquellas patologías causadas por una funcionalidad reducida de los vasos, placas ateroscleróticas, trombos, aneurismas, etc.

Efectos metabólicos:

Efecto normalizador sobre el perfil lipídico: consiste principalmente en un aumento del colesterol HDL y una disminución de los triglicéridos, mientras que el colesterol total y el colesterol LDL no se verían afectados.

Adelgazante: La actividad física, durante los tratamientos destinados a reducir el sobrepeso (en los que, obviamente, la dieta juega un papel fundamental), produce un efecto significativo en la composición del peso perdido.

Efecto sobre la diabetes: representa un factor de protección para la diabetes, tanto en términos de mortalidad como de morbilidad. En particular, actúa aumentando la sensibilidad a la insulina, mejorando la tolerancia a la glucosa y disminuyendo la demanda de insulina del organismo.

¿Qué actividades?

Según la Organización Mundial de la Salud, la actividad física se define como «cualquier esfuerzo ejercido por el sistema musculoesquelético que da lugar a un mayor consumo de energía que en reposo».

Por lo tanto, esta definición incluye no sólo las actividades deportivas, sino también los movimientos cotidianos sencillos, como caminar, montar en bicicleta, bailar, jugar, trabajar en el jardín y las tareas domésticas.

Las pruebas científicas demuestran que, para mantenerse sano y aprovechar al máximo los efectos protectores del movimiento, bastaría con practicar una actividad física aeróbica regular de intensidad media o baja durante al menos 30 minutos al día, 4 o 5 veces por semana.

Llegar a 30 minutos de actividad física aeróbica moderada al día sería suficiente:

  • ir a pie o en bicicleta al trabajo;
  • evitar el coche para los viajes cortos;
  • salir a pasear con los amigos o a correr por el parque;
  • subir las escaleras en lugar del ascensor;
  • bajar del autobús antes;
  • la jardinería o las tareas domésticas.

El ajetreado estilo de vida actual no siempre permite mantener ciertas actitudes, pero sin duda es más fácil realizar 30 minutos de actividad aeróbica mediante una actividad física diaria planificada en el tiempo libre.

Cómo elegir

Por lo tanto, a la hora de elegir qué actividad física practicar, es aconsejable, en primer lugar, seguir el sentido común y tener en cuenta las fuerzas reales disponibles para planificar gradualmente los compromisos que se quieren asumir con respecto a los tres factores que caracterizan todo rendimiento físico: intensidad, frecuencia y duración. Estos factores no pueden ser iguales en todos los grupos de edad.

Intensidad:

Debe ser siempre ligera, moderada o sostenida; es importante no superar el 85/90% de la frecuencia cardíaca máxima, ir más allá significaría hacer un trabajo principalmente anaeróbico con la consiguiente interrupción temprana del ejercicio. El control de la intensidad es por tanto muy importante, digamos que normalmente bastaría con confiar en las propias sensaciones intentando bajar la intensidad del ejercicio cuando se siente una frecuencia cardíaca demasiado acelerada; sin embargo, por seguridad sobre todo en personas mayores de 60 años es recomendable utilizar un pulsómetro (la frecuencia cardíaca es uno de los parámetros más utilizados para medir la intensidad del ejercicio).

Frecuencia:

Para que sea realmente útil, la actividad física debe realizarse a diario, si es posible, o al menos 3-5 veces por semana y de forma continuada. De hecho, si la actividad se interrumpe, los beneficios adquiridos se pierden rápidamente.

La duración:

30 minutos son suficientes para conseguir y mantener importantes beneficios físicos y mentales. La media hora dedicada a la actividad física puede dividirse en tres sesiones de 10 minutos cada una a lo largo del día. Especialmente fácil e igualmente útil es insertar una señal de mayor intensidad en las actividades diarias normales.

Las actividades físicas recomendadas son aquellas actividades físicas ideales para todas las edades que se realizan mediante un trabajo predominantemente aeróbico:

  • Correr;
  • Natación libre;
  • Bicicleta o bicicleta estática;
  • Patinaje

Ventajas: control facilitado de la intensidad, muy bajo riesgo de lesiones en el sistema musculoesquelético y bajos riesgos cardiorrespiratorios.

Desventajas: poca sociabilidad, poca motivación.

Actividades físicas practicables:

Se realizan a través de un trabajo aeróbico y no aeróbico y no son adecuadas para todas las personas (no se recomiendan para personas mayores de 60 años).

Deportes no competitivos:
  • De equipo (fútbol, balonmano, voleibol, hockey, etc.);
  • Individuales (tenis, carreras de fondo, ciclismo, etc.).

Ventajas: Mayor motivación y sociabilidad.

Desventajas: no son actividades exclusivamente aeróbicas, mayor riesgo de lesiones y problemas cardiorrespiratorios; no apto para mayores de 60 años; la intensidad (FC) es variable debido a la alternancia de trabajo anaeróbico y aeróbico, y depende de la alternancia de las fases de juego, por lo que es fácil encontrarse realizando un trabajo predominantemente anaeróbico que aporta fatiga y estrés y no es útil para la salud.

Deportes de competición: (no se recomienda después de los 45/50 años)
  • Todos los deportes de equipo;
  • Todos los deportes individuales.

Incluso el deporte de competencia, al igual que otras actividades motrices, tiene como primer objetivo la salud de nuestro organismo; una óptima preparación física proporciona un entrenamiento aeróbico básico incluso en los deportes predominantemente anaeróbicos, sin embargo, el alto compromiso físico y psicológico que proporcionan los entrenamientos y las competiciones, desaconsejan la práctica del deporte de competencia a partir de los 45/50 años, a partir de cierta edad es aconsejable bajar significativamente el ritmo y la intensidad del entrenamiento o incluso mejor dejar la actividad competitiva y dedicarse a las actividades aeróbicas recomendadas. Por lo tanto, incluso un atleta de alto nivel debe rendirse al lento pero irreversible declive de su cuerpo.

Ventajas. Normalmente se emprende la actividad desde una edad muy temprana, por lo que se pasa la mayor parte de la vida de forma activa, aprovechando los beneficios que aporta el movimiento; además, se siguen programas de entrenamiento que garantizan la regularidad y la continuidad.

Desventajas: Por desgracia, la competición actual suele llevar a un entrenamiento cada vez más extremo que busca el resultado sin preocuparse de las consecuencias que puede sufrir el cuerpo. Además, el trabajo realizado en los entrenamientos y las competiciones, proporcionan un trabajo de gran intensidad que no son aptos para todas las personas.

En general, por tanto, podemos decir que los distintos deportes competitivos y no competitivos, si se realizan correctamente y con un entrenamiento en el que la actividad aeróbica está en la base del mismo, tienen sin duda la ventaja de que nuestro cuerpo con el paso de los años experimenta cambios positivos desde el punto de vista funcional que retrasan el envejecimiento y mejoran la funcionalidad de nuestros sistemas, disminuyendo el riesgo de verse afectado por enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y metabólicas. Recuerde que estos efectos positivos dependen de la forma en que se lleven a cabo estas actividades.

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