¿Cómo saber si alguien miente?

«Mírame a los ojos», dicen los padres a sus hijos cuando quieren saber la verdad. Ser capaz de sostener la mirada a un interlocutor se considera una prueba de sinceridad: en 2006, un estudio realizado en 75 países de 4,800 personas mostró que más de dos tercios de las personas buscan la evidencia de una mentira.

Atención: Los mentirosos no evitan mirar a las personas que dicen la verdad. Por el contrario: la psicóloga Samantha Mann y sus colegas de la Universidad de Plymouth demostraron, midiendo los movimientos oculares de 338 pasajeros en un aeropuerto a los que se les pidió mentir sobre el destino de su vuelo, que estos últimos buscaron más el contacto visual con su interlocutor para convencerlos.

El hecho es que somos muy malos detectando mentiras. Después de examinar más de 200 estudios, algunos psicólogos llegaron a la conclusión de que nuestra capacidad de detección no supera el 54%, lo que no es más que una casualidad. ¿Deberíamos entonces confiar en la voz? Al compilar 116 estudios sobre este tema, los psicólogos demostraron que los mentirosos hacen un poco más de pausas y menos afirmaciones que las personas sinceras, pero esa diferencia es mínima y en la práctica imperceptible.

En el contexto judicial, los psicólogos utilizan otros métodos. Por ejemplo, buscan en el discurso de los sospechosos elementos precisos de que están contando una historia inventada: detalles no relacionados con las circunstancias del delito. Seguido, recogen declaraciones más largas, lo que permite a los demandados expresarse espontáneamente, repitiendo partes de sus declaraciones, o incluso contándolas en orden inverso, siempre partiendo del final. Porque es mucho más difícil contar una historia al revés cuando no la has vivido.

Mentir no siempre es malo

¿Y en la vida cotidiana? Estos métodos darán los mismos resultados. Pídale a su interlocutor que le cuente todos los detalles sobre los hechos en cuestión, luego busque las contradicciones o consecuencias inverosímiles de lo que ella o él le están diciendo. Con un poco de ejercicio, se descubren muchos engaños. Pero nunca debemos olvidar que tenemos miles de razones para mentir: a veces lo hacemos por nuestro propio bien, pero en algunos casos también para complacer a otros.