Salud

Dolor de estómago: ¿intolerancia a la lactosa o a la leche?

Este tipo de intolerancia suele confundirse con una reacción inmunológica a la proteína de la leche, pero lo cierto es que ambos fenómenos son muy diferentes.

A ,menudo, la sospecha de una posible «intolerancia» a la lactosa suele ser confundida con el síndrome del intestino irritable u otras molestias del sistema gastrointestinal. Pero cuidado, porque muchas veces esta intolerancia se confunde con la reacción inmunológica a las proteínas de la leche, cuando realmente ambos fenómenos son muy diferentes.

En el caso de la reacción inmunológica a las proteínas de la leche, se trata de una reactividad inmunológica que debe ser reeducada con ayuda de una dieta especial que rota semanalmente. Esta reactividad a las proteínas de la leche actualmente es una condición muy común en la población europea, la cual es causada por la ingesta frecuente de estos derivados, recordemos que la alergia a las proteínas de la leche y la reacción inflamatoria a la leche dependen de una reacción del sistema inmunitario y pueden provocar tanto una reacción alérgica como todos los síntomas de inflamación de los alimentos, efectos cómo la migraña, la artritis, el reflujo, la diarrea y la dermatitis.

En este sentido, se trata una reacción que no depende de la dosis introducida en el organismo, ya que solo basta con pequeñas cantidades para desencadenar los efectos no deseados.

Retomando el tema de la reactividad a las proteínas de la leche, muchos estudios científicos demuestran que el uso frecuente de un alimento puede inducir la producción de citoquinas inflamatorias y provocar todos los síntomas inflamatorios que ya hemos mencionado.

La intolerancia a la lactosa es un defecto enzimático que no permite digerir el azúcar presente en la leche, por lo que irrita el intestino. Hablando de la intolerancia a la lactosa, es bueno señalar que es una de las dos únicas afecciones en las que la medicina habla de intolerancia y que se trata de una deficiencia exclusivamente bioquímica de la enzima lactasa, la cual es capaz de descomponer esta molécula para hacerla digerible, se trata de una reacción que solo puede conducir a la manifestación de diarreas u otros trastornos intestinales.

Las proteínas de la leche están presentes en muchos alimentos preparados actuales, por lo tanto, hay que prestar atención a las etiquetas que llevan las palabras «suero», «lactoalbúmina», «lactoglobulina», «caseína» o «proteína de la leche o de la vaca».

Es importante aclarar que a persona intolerante a la lactosa puede tomar leche sin lactosa o comer queso madurado, pero seguirá experimentando molestias si es hipersensible a las proteínas de la leche, las cuales están presentes en cualquier otro producto lácteo aunque no tenga lactosa.

Por lo tanto, estas afecciones pueden curarse siguiendo una dieta equilibrada en la que los alimentos lácteos se reduzcan y se reintroduzcan gradualmente en la dieta diaria sin tener que eliminarlos.

Muchas de las preocupaciones de las personas damnificadas por los efectos de la leche provienen del temor a que se agraven complicaciones como la osteoporosis o la osteopenia, debido a la disminución de la ingesta de minerales como el calcio. De hecho, las personas que padecen este tipo de trastornos y modifican su dieta para no consumir lácteos manifiestan no presentar consecuencia negativa, ya que es posible introducir un aporte adecuado de calcio bebiendo aguas ricas en calcio o con la ingesta de alimentos naturales como almendras, espinacas, brócoli y naranjas.

Por último, ten en cuenta que la leche está presente en los siguientes productos:

  1. Leche y sus derivados: cualquier tipo de leche fresca o de larga duración, la nata sin lactosa, el yogur, la mantequilla y cualquier tipo de queso fresco o curado.
  2. Confitería y dulces: galletas, chocolate con leche o negro, bocadillos, brioches, gofres, mezclas para pasteles, helados, cremas, caramelo, pudines, mezclas de muesli y algunos panes especiales.
  3. Embutidos: salami, mortadela, salchicha, cotechino, manitas de cerdo y el frankfurter. El jamón cocido y la bresaola pueden contener lactosa, jamón crudo, el bacon, el culatello y la carne seca.

Teniendo en cuenta esta información, lo más aconsejable es diseñar una dieta que contenga productos derivados de los lácteos solo en los días de dieta «libre», mientras que los demás días la leche debe sustituirse por productos vegetales, como la leche de soja, arroz, avena o almendras. Recuerda que la verdadera prevención de una reacción alimentaria inflamatoria se consigue mediante la variedad de la que comemos, la masticación adecuada y el respeto de los periodos de descanso de la ingesta diaria y sistemática.

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