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Tapón de cerumen: ¿Cómo quitarlo?

Irritación, comezón, molestias en el oído, reducción de la capacidad auditiva y una sensación inédita de obstrucción del canal auditivo, son algunos de los signos de un tapón de cerumen. Sin embargo, no es nada por lo que debas preocuparte, si no puedes (o no quieres) acudir a un médico, el tapón de cera puede quitarse incluso sin ayuda de profesionales y ser eliminado desde casa.

¿Qué es un tapón de cerumen?

El cerumen es una secreción producida por ciertas glándulas de la piel del oído y se compone de grasas, proteínas y sales. Su función es proteger el oído de la entrada de bacterias y hongos y expulsar la capa superficial de la piel. Es, por consiguiente, un buen mecanismo de defensa de nuestro organismo contra las agresiones externas: una limpieza excesiva o incorrecta expone al oído a un mayor riesgo de condiciones desfavorables, incluido el propio tapón de cerumen.

Cabe resaltar que pocas veces la cera es la responsable de los daños graves que se generan en el oído, pero en algunos casos puede formar el molesto tapón que puede crear una ligera inflamación e interferir en el funcionamiento normal del sistema auditivo.

Existen varias razones por las que se acumula el cerumen, como los resfriados estacionales y las alergias, que aumentan la cantidad de secreciones. Las enfermedades de la piel, como la dermatosis o la psoriasis, dificultan la limpieza del oído, para mantener el delicado equilibrio entre la protección y la expulsión natural de sustancias no deseadas.

Otro factor que puede influir es la edad, puesto que al pasar el tiempo la piel tiende a deshidratarse, por lo que ya no tendrá la misma capacidad de limpiarse por sí sola.

¿Cómo se puede eliminar?

Si hablamos de los tapones de cera, la mejor opción es acudir a un especialista de confianza. Si deseas intentar una solución casera, puedes optar por unas gotas para los oídos o aceite para bebés en la farmacia.

¿Cómo hacerlo?

Pon algunas gotas en el oído por 2 o 3 días para suavizar la secreción. Consigue una jeringa grande (en la farmacia existen unas de goma específicas, pero una jeringa normal sin aguja también sirve). A continuación, toma una toalla y colócala en el hombro, inclina ligeramente la cabeza hacia un lado y, apoyando la punta de la jeringa en la entrada del oído, irrigue con agua tibia.

Este proceso es realmente incómodo, por lo que es mejor realizarlo con la ayuda de otra persona. El chorro de agua en el oído debe ser firme pero suave al mismo tiempo. Si la maniobra tiene éxito, el agua que saldrá de la oreja y empapará la toalla contendrá partículas de cerumen. Si tienes la impresión de que el tapón no está disuelto por completo, repite la operación y, si esto no es suficiente, utiliza otras gotas para los oídos durante unos días antes de volver a rociar agua tibia.

Si los síntomas persisten, consulte a su médico y si la operación tiene éxito, es bueno prevenir la nueva formación de un tapón de cera enjuagando bien los oídos durante la ducha pero evitando el uso excesivo de bastoncillos de algodón o la inserción violenta de papel higiénico y toallas. Es mejor tratar tus orejas con suavidad y secarlas con el flujo indirecto de aire caliente del secador de pelo mientras te secas el cabello.