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El ‘verdadero’ pueblo de Frozen colapsado por los turistas

El ‘verdadero’ pueblo de Frozen colapsado por los turistas. Cada día diez mil visitantes acuden a Hallstatt, el pequeño pueblo austriaco que inspiró la ciudad de la película. El alcalde ha pedido a los aficionados que no vayan más allí.

Con vistas a un lago en medio de los Alpes austriacos, Hallstatt es un pueblo pintoresco y tranquilo. O mejor dicho, lo fue: desde que se estrenó el primer ‘Frozen’ en los cines en 2013, ha sido asediado por 10.000 turistas cada día. Su popularidad ha explotado porque se considera que Hallstatt es la fuente de inspiración sobre la que se modeló Arendelle, la ciudad que aparece en la película.

No es casualidad que la gran mayoría de esta horda de visitantes provenga del Lejano Oriente (China, Japón, Corea del Sur y Tailandia), donde Frozen ha tenido un éxito extraordinario y donde el pueblo austriaco goza de la reputación de ser «la ciudad más inestable del mundo». Ahora, con la llegada a las salas de ‘Frozen II’, la situación corre el riesgo de empeorar aún más, tanto que el alcalde ha lanzado un llamamiento a los aficionados para que se mantengan alejados.

Hallstatt, sitio de la UNESCO desde 1997, no dispone de espacio e instalaciones adecuadas para absorber sin traumatismos la afluencia de visitantes, que atascan las calles de la ciudad, se toman selfies en todas partes, vuelan aviones no tripulados y, aparentemente, en algunos casos, incluso se cuelan en casas particulares para utilizar el baño.

El pueblo, que cuenta con 780 habitantes, tiene seis veces más turistas per cápita que Venecia, y los hoteles han llegado a costar 300 euros por noche. Ni siquiera el incendio que destruyó algunas de las características casas del siglo XVI el año pasado desanimó a los visitantes.

Obviamente, el turismo ha traído considerables beneficios económicos, pero ahora es probable que demasiados de ellos ahoguen y pongan en peligro la preservación de la aldea y la vida cotidiana de sus residentes, obligados a vivir en lo que se ha convertido en una especie de parque de atracciones.

De ahí el llamamiento del primer ciudadano Alexander Scheutz a no visitar Hallstatt. En el Sun el alcalde dijo: «Hallstatt es una pieza importante de la historia cultural, no un museo. Nos gustaría reducir el número de visitantes en al menos un tercio, pero no hay forma de detenerlos». Las autoridades locales también intentaron cerrar algunas carreteras de acceso, sin resultados concretos.

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