Salud

Enfermedad renal: aprende a identificar los síntomas pocos conocidos

La enfermedad renal se caracteriza por ser sorprendentemente silenciosa al principio y despertar estrepitosamente cuando la situación ya se considera grave. Pero pese a esto, hay algunas señales tempranas de alarma que podemos tener en cuenta.

La enfermedad renal es letalmente sutil, similar a lo que sucede con algunos tipos de cáncer, esto quiere decir que es una enfermedad que está presente, pero que no se siente al principio. La persona apenas nota cambios en su organismo o los síntomas son fáciles de relacionar con otros padecimientos que son más sencillos de reconocer, por lo que el diagnóstico es difícil de conseguir y casi siempre llega tarde, cuando ya las posibilidades de tratamiento son muy reducidas.

Los riñones son dos órganos muy importantes que se ubican en el abdomen a ambos lados de la última vértebra torácica y de la primera vértebra lumbar. Su función principal es la de filtrar la sangre y eliminar las toxinas y sustancias de desecho a través de la orina.

Cuando hay un problema con el mecanismo del que se encargan los riñones, el cuerpo empieza a reaccionar dando síntomas, muchos de ellos silenciosos e inofensivos que pueden detectarse solo si se está bien informado sobre ellos. Veamos algunos datos que es importante que tengamos en cuenta.

Enfermedad renal: piel seca y otros síntomas menos conocidos.

El primer síntoma que muchos ignoran son problemas relacionados con la sequedad y el picor de la piel. Este síntoma es causado porque los riñones ya no funcionan con normalidad, haciendo que las sales minerales del cuerpo comiencen a descender. Esta carencia provoca efectos en la piel entre otros síntomas, y, de hecho, varios estudios y encuestas han identificado este trastorno en el 50% de los pacientes con insuficiencia renal.

Otros síntomas que se pueden pasar por alto son el cansancio inesperado, la fatiga, la falta de apetito y en algunos casos sensación de náuseas y vómitos frecuentes. Muchos suelen relacionar estos padecimientos con una mala digestión, por lo que es común pasarlo por alto y no informar a un médico. Es importante siempre saber que, aunque se trate de una molestia leve, lo mejor siempre será llamar a un experto y describir bien los síntomas.

De hecho, hace falta poner en marcha más investigaciones que permitan aumentar la probabilidad de una detección temprana con el fin de promover la posibilidad de tratar los primeros padecimientos de la enfermedad, para así disminuir tanto como sea posible las consecuencias. En la mayoría de los casos iniciales, basta con someterse a un simple análisis de sangre que luego será evaluado por el médico, el cual tiene la capacidad de decidir qué hacer en caso de detectarse algo fuera de lo común. Las pruebas más populares son las de electrolitos, fósforo, calcio, creatinina, urea, albúmina y glucosa.

Como ya mencionamos, es muy común confundir los síntomas o relacionarlos con otras patologías menos graves o letales, por supuesto, nadie se espera estar pasando por algo tan serio, motivo por el que te recomendamos no descuidar los mensajes que te envía tu cuerpo.

En cualquier caso, sobre todo si los síntomas son frecuentes y persisten con el tiempo, acude con un experto para pasar por los exámenes pertinentes y recibir el tratamiento adecuado, es mucho mejor sentir que no se tiene nada que descubrir una enfermedad cuando ya es demasiado tarde.

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