Fingió ser un príncipe saudí durante 27 años y fue descubierto por comer cerdo

Anthony Gignac, nacido en Colombia, fue sentenciado a 18 años de prisión por asumir la identidad de un miembro de la familia real saudita y estafar a potenciales inversores de Florida y Europa.

Anthony Gignac creció en los Estados Unidos y durante casi 30 años se hizo pasar por un príncipe Árabe. Para muchos, se trata de una gran estafa, debido a que el sujeto ha acumulado una gran riqueza gracias a su mentira y falsa identidad. Anthony no se conformó con vivir una realidad paralela al inventar un personaje, sino que eligió ser el hijo de unos nobles de origen saudí para poder conseguir todo tipo de beneficios y estafas millonarias.

Su doble vida comenzó en el año 1991 cuando se hizo pasar por el Sultán Bin Khalid Al Saud. Su alter ego se presentó varias veces a lo largo de los años y las víctimas de sus estafan eran principalmente los gerentes de los hoteles en donde le gustaba quedarse. De hecho, su discurso incluía cenas con diplomáticos, coches de lujo y ostentosas casas en su supuesto país de origen de las que alardeaba como si no hubiera un mañana.

¿Cómo se desenmascaró el fraude?

Gignac fue desenmascarado gracias a la intuición de un millonario llamado Jeffrey Soffer. Este rico hombre de negocios se enfrentó al falso príncipe ya que este le ofreció una garantía de 600 millones de dólares gracias a una supuesta propuesta de negocios. Aunque Gignac se presentó en la cita viajando en un Ferrari con placas diplomáticas, Soffer inmediatamente pudo detectar la farsa. El príncipe saudí mostró una carta falsificada del banco de Dubái en la que le proponía una inversión que dijo que sería “interesante y prometedora”.

El millonario prefirió tomarse su tiempo para pensar bien en la supuesta propuesta y los dos se encontraron de nuevo unos meses después. El engaño salió a la luz de la manera más sensacional, ya que durante treinta años, este individuo había hecho creer a todos que era un príncipe árabe, pero seguramente nunca había estudiado a profundidad las tradiciones del país en el que afirmaba haber nacido.

Durante el segundo encuentro con Jeffrey Soffer, el supuesto príncipe comió carne de cerdo sin ningún problema, olvidando las reglas impuestas por el Islam. La mentira se hizo pública una vez terminó de la cena, pero el arresto se hizo cuando Anthony Gignac se encontraba en el aeropuerto.

Todo estaba tan bien montado que el pasaporte que el “príncipe saudí” llevaba consigo era una falsificación, por lo que el arresto era inevitable. El registro del apartamento del hombre permitió a la policía descubrir más detalles sobre su origen. Una de las cosas más sorprendentes era que Gignac tenía un sinfín de tarjetas de visita con los nombres de cientos de personas reconocidas e importantes, sin olvidar las placas diplomáticas para utilizar en cualquier ocasión que levantara sospechas, algunas tarjetas de crédito y los falsos documentos firmados por los miembros de su supuesta familia real saudí.

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