¡Historia espeluznante! Atleta argentina lleva años recibiendo señales del más allá y ahora vive con miedo.

Esta historia de misterio le pasó a Paloma Giordano, la atleta argentina (esquiadora náutica) que creció recibiendo las señales más extrañas de otro mundo. Ella está convencida de que las experiencias paranormales provienen de una conexión que tiene con el abuelo paterno, al que nunca conoció.

La historia inicia cuando su abuelo construyó su casa en la ciudad de La Plata, Argentina. Un lugar enorme de dos pisos, con un departamento individual en la planta baja, un taller artesanal y una amplia escalera de madera que permitía el ingreso a la vivienda principal. Además, un extenso pasillo desembocaba en el acceso a las tres habitaciones, la cocina y los baños.

Paloma nunca conoció a su abuelo Alberto, o el Tata, como le llamaban cariñosamente, porque murió antes de que ella naciera. Pero su nieta desde muy pequeña sintió una conexión profunda con él. Paloma creció en la misma casa de su abuelo Tata, y las misteriosas señales marcaron su vida.

Antes de que Paloma naciera, la propiedad estuvo alquilada durante los 5 años que Carlos Giordano (padre de Paloma) estuvo radicado en el exterior. Cuando regresó al país, se casó con Mariana (la madre de Paloma) y se instaló con su pareja en la casa que había heredado de su padre.

La primera vez que sintieron los extraños acontecimientos, fue una noche cuando la pareja se despertó en la madrugada por algunos movimientos que sintieron en su cama. Lo que parecía un sueño se transformó en pesadilla. Después de descartar la hipótesis sobre posibles alucinaciones mentales propias de un cuerpo dormido, ambos notaron que la cama en la que estaban dormidos realizaba movimientos demasiado extraños. Sin pensarlo mucho, la reacción de la pareja fue tomar a su hija Paloma y abandonar la vivienda para irse a la casa de la madre de Mariana.

Desesperado por la situación, Carlos decidió llamar a un cura exorcista para que lo ayudara. “Fue muy raro, porque entró a la casa, la observó y se fue sin decir ni una palabra. Nunca más se supo nada de él”, explicó Paloma, quien por ese entonces tenía menos de un año. “Después mis papás llamaron a otro cura que les dijo que en el pasillo habían jugado a la güija y no habían terminado de cerrar el portal”, siguió contando Paloma.

Según el sacerdote, los inquilinos anteriores se habían atrevido a participar del juego de la güija, y las consecuencias parecían amenazar a la familia de Paloma. “Cuando el religioso se puso debajo de una puerta con una vela encendida, comenzaron a saltar chispas. Dijo que había tres espíritus que no estaban descansando en paz, que se hacían escuchar y trataban de comunicarse”, relató el cura.

Con el transcurso del tiempo las señales fueron mucho más notables. Lo que en principio parecían ser leves doctrinas del escepticismo se transformaron en episodios cargados de misterio sin ninguna explicación razonable. Armarios que amanecían con las puertas abiertas, los constantes sonidos de pasos sobre las escaleras y otra serie de hechos extraños representaron algunos ejemplos de lo que sucedía en la casa.

“Suponemos que mi abuelo nos estaba cuidando. Una noche mi papá no estaba y yo estaba durmiendo con mi mamá. Ella sintió como que alguien la despertó y vio a un desconocido que quería entrar en la casa. Ella cree que fue Tata, entonces ella puso la alarma y la persona que estaba intentando meterse se escapó de inmediato”, dice Paloma.

Los misteriosos episodios continuaron a lo largo de los años. Para la joven atleta que participó en los Juegos Panamericanos de Lima, se trata de una normalidad cargada de angustia y temor. “Me acostumbré a vivir con miedo”, reconoció con la sinceridad que la caracteriza.

Una de sus últimas experiencias paranormales la vivió en su adolescencia en una noche en la que su mamá Mariana se había quedado en el taller trabajando hasta tarde en un emprendimiento personal, relacionado con la venta de muñecos de porcelana. Paloma estaba recostada en su cama y escuchaba los pasos de alguien que subía y bajaba por las escaleras de madera. “Pensaba que era mi mamá que estaba inquieta por la cantidad de pedidos, pero cerca de las tres de la mañana sentí que alguien se había acostado al lado mío”, dice la joven, quien al darse vuelta para abrazar a su madre se dio cuenta de que allí no había nadie.

Numerosos episodios fuera de lo normal continuaron sucediendo en la casa, como televisores que se encendían solos al máximo volumen, golpes provenientes del taller y en los respaldos de los sillones, portarretratos caídos en sectores imposibles de explicar y fotos que desaparecían de sus lugares, episodios que provocaron la mudanza de la familia hacia un lugar más tranquilo.

En la actualidad, la misteriosa casa sigue intentando comunicarse con sus habitantes. En estos momentos, la tía de Paloma se encuentra en el lugar y también atraviesa sucesos del más allá. Todos concuerdan en que el Tata está ahí para protegerlos.