La ansiedad y el miedo afectan el funcionamiento del sistema inmunológico

Estar constantemente agitado, ansioso y con miedo puede ser algo cotidiano en la vida. Estas emociones, a menudo se asocian con estrés y casi siempre causan sufrimiento emocional. Pero no solo es eso, muchos estudios recientes han demostrado una relación entre la preocupación constante y el desarrollo de algunos tipos de patologías.

La relación entre la ansiedad, el miedo y las defensas inmunitarias ha sido confirmada hace mucho tiempo por los expertos. Además, en los periodos más recientes, muchos se han enfrentado al problema de cómo superar la emergencia del Covid-19. ¿Cómo trabajar y al mismo tiempo mantenerse a salvo? La preocupación se centra en la propia salud y en la de los seres queridos, dejando cada vez menos tiempo para la relajación y el ocio.

En situaciones como esta, la posibilidad de padecer estrés crónico ha aumentado demasiado. Por lo tanto, para prevenir la aparición de algún trastorno grave, es importante conocer los mecanismos que relacionan a la ansiedad y al miedo con la disminución de las defensas inmunitarias y la aparición de enfermedades.

La ansiedad y el miedo afectan el funcionamiento de las defensas inmunitarias.

Las defensas inmunitarias son la primera barrera protectora que el cuerpo utiliza para cuidarse del ataque de patógenos externos como virus y bacterias. Gracias a la producción de microorganismos específicos como linfocitos y glóbulos blancos, el ser humano puede entrar en contacto frecuente con fuentes de amenaza sin riesgo de contraer enfermedades o complicaciones severas.

Sin embargo, el sistema inmune se puede verse expuesto a posibles situaciones que pueden deteriorarlo gradualmente: estrés prolongado, miedo recurrente y ansiedad son los principales enemigos de los mecanismos de defensa. El exceso de este tipo de situaciones puede afectar al cuerpo de dos maneras principales: dañando los órganos y a los tejidos del cuerpo por medio de la aparición de infecciones y suprimiendo las células que son útiles para combatir el ataque de esas infecciones.

Pero, ¿con qué frecuencia se produce este tipo de ataques? Con el aumento de la tensión psicofísica, el cuerpo comienza a producir más niveles de cortisol, la llamada «hormona del estrés», lo cual complica los síntomas.

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Esta hormona es muy útil para brindar ayuda al cuerpo liberando energías necesarias para ejecutar un escape de situaciones peligrosas en el momento oportuno. Hace muchos años, esta hormona era la que garantizaba la supervivencia de la especie, permitiendo a nuestros antepasados alejarse rápidamente de las situaciones de peligro.

Sin embargo, la energía que se libera gracias al cortisol no se deja usar para otras funciones de importancia primaria, como el funcionamiento del sistema inmunológico. Por lo tanto, un aumento significativo de los niveles de cortisol inhibe la producción de linfocitos y otras células necesarias para regular y tratar los ataques provenientes del exterior o del interior del cuerpo. Esto puede causar serios daños psicofísicos, como aumento de la presión sanguínea, los cual aumenta la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares severas.

Además, se ha demostrado que tener ansiedad prolongada puede alterar las características de las poblaciones microbianas presentes de forma natural en el cuerpo. Para este tipo de casos, el cuerpo puede verse afectado por alteraciones en el funcionamiento del intestino, además de inflamaciones sorpresivas en la piel.

¿Cómo fortalecer el sistema inmunológico?

Está claro que eliminar las fuentes de estrés puede ser algo difícil y que requiere tiempo, pero actualmente existen muchos remedios eficaces para regular el funcionamiento del sistema inmunológico. Es importante tener en cuenta la ingesta probióticos, ya que tomarlos por vía oral ayuda a restaurar la flora intestinal y potencian los mecanismos de producción de células de defensa. Es importante saber que al menos el 80% de las células utilizadas para la defensa de los ataques externos se encuentran a nivel del intestino.

Por último, la práctica regular de actividad física, aunque sea por poco tiempo, es la forma más recomendada por los expertos para reducir los niveles de estrés y ansiedad, lo cual va a permitir que los niveles de cortisol disminuyan utilizándose para soportar y completar la rutina física que nos hemos propuesto.