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Intolerancia a la levadura: ¿mito o realidad?

Muchos productos llevan la etiqueta "sin levadura" como si se tratara de un valor añadido. Pero ¿Tiene su consumo algún efecto sobre nuestro bienestar?

ATal vez sea porque la función de la levadura es aumentar el volumen de la masa en nuestras recetas, o tal vez porque cuando comemos demasiado pan o pizza nos sentimos inmediatamente llenos, pero la asociación entre la levadura y la hinchazón está ahora arraigada en el pensamiento común. En la web, muchos sitios enumeran la gran variedad de síntomas y molestias gástricas vinculadas a lo que se llama «intolerancia a la levadura». Sin embargo, esta descripción no aparece en ningún libro de medicina o fisiología, ni en ningún artículo científico. La intolerancia a la levadura no existe.

Conozcamos un poco sobre los tipos de levadura

Levadura en polvo

También conocida como levadura seca, se presenta en gránulos y no necesita hidratarse para realizar su labor. Solo debes agregarla a los demás ingredientes de la masa. Por lo general, se utiliza en repostería para la preparación de brioches, empanadas y tartaletas. No aporta sabor, pero sí textura y esponjosidad a las recetas.

Levadura fresca de panadería

Se trata de una levadura fácil de reconocer, ya que su presentación suele tener la forma de un bloque y también es conocida como levadura prensada. Debe guardase en la nevera y gracias a su textura se debe diluir en agua tibia antes de agregarla a la receta para que sea más fácil manipularla. Este tipo de levadura se usa generalmente para la elaboración de pizzas y panes hechos en casa, ofreciendo calidad y un acabado profesional. Un dato interesante es que esta levadura si tiene un sabor característico, por lo que no debe aplicarse en exceso para que no afecte el sabor de los platillos.

Pero ¿La culpa es realmente de la levadura?

Ningún componente de los alimentos se hincha en nuestro estómago creando una reacción adversa. Los síntomas de saciedad e hinchazón derivados de la ingesta de un producto con levadura radican en la cantidad de hidratos de carbono que, en exceso, comenzarán a fermentar, la posible presencia de sal, que atraerá el agua, y la asociación con grasas, que ralentizará la digestión. La pizza es el ejemplo perfecto de esto: la clásica hinchazón que sentimos después de comerla se debe a la ingestión de un plato con demasiadas calorías, demasiada grasa, sal e hidratos de carbono: al llegar todos juntos al estómago se produce una desagradable fermentación. La situación se complica si lo regamos todo con una buena cerveza y terminamos la comida con un postre. La levadura no juega ningún papel en esto, ni tiene la culpa. Por el contrario, nuestros hábitos y estilo de vida pueden marcar la diferencia.

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