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Estilo de vida

Las mejores maneras de perder peso después de los 40 años

Perder peso después de los 40 años puede parecer un desafío, especialmente con horarios ocupados y alimentos procesados y rápidos por todas partes. Sin embargo, es posible lograrlo adoptando un enfoque holístico que incluya cambios en la alimentación, ejercicio regular, sueño adecuado y manejo del estrés.

La realidad de perder peso después de los 40

Es común creer que el metabolismo disminuye después de los 20 o 30 años, lo que dificulta la pérdida de peso. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que esto no es necesariamente cierto. Se cree que la quema de calorías es similar entre los 20 y los 60 años, lo que significa que la pérdida de peso después de los 40 años depende más del estilo de vida que de la genética o la edad. A continuación, exploraremos algunas razones por las cuales las personas tienden a aumentar de peso después de los 40 años y cómo abordar este desafío.

Aumento de peso después de los 40 años

Investigaciones recientes muestran que, en promedio, los adultos aumentan alrededor de uno o dos kilos por año durante su vida adulta. Aunque esto puede parecer poco, se acumula con el tiempo. Un aumento de peso constante a este ritmo equivale a ganar de 10 a 20 kilos adicionales por década. Esta tendencia puede llevar a un aumento de peso significativo entre los 20 y los 50 años, especialmente en las mujeres durante la menopausia. Sin embargo, hay una variación considerable entre las mujeres menopáusicas y posmenopáusicas, dependiendo del estilo de vida.

Razones del Aumento de peso después de los 40 años

Varias razones pueden contribuir al aumento de peso después de los 40 años:

  • Reducción de la masa muscular: Un estilo de vida sedentario y la falta de actividad física diaria pueden llevar a una disminución de la masa muscular.
  • Consumo excesivo de calorías: Una alimentación rica en alimentos procesados y ultraprocesados puede llevar a un consumo elevado de calorías.
  • Baja ingesta de nutrientes esenciales: Una dieta pobre en antioxidantes, fibra, vitaminas, minerales y grasas saludables puede contribuir al aumento de peso.
  • Resistencia a la insulina: La resistencia a la insulina puede afectar el apetito y provocar un aumento de peso, especialmente en el área abdominal.
  • Estrés crónico y depresión: El estrés crónico y la depresión pueden aumentar la producción de cortisol y otras hormonas del estrés, lo que puede llevar a la acumulación de grasa y antojos.
  • Falta de sueño: La falta de sueño puede alterar las funciones metabólicas normales y está asociada a la obesidad, la hipertensión y otros trastornos metabólicos.
  • Medicamentos: Algunos medicamentos, como los antidepresivos, pueden contribuir al aumento de peso.

Cómo perder peso después de los 40 años

Perder peso después de los 40 años requiere un enfoque integral que incluya cambios en la alimentación, actividad física regular, sueño adecuado y manejo del estrés. A continuación, se presentan las mejores maneras de abordar cada uno de estos aspectos para lograr una pérdida de peso efectiva.

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1. Mejorar la alimentación

El primer paso para perder peso después de los 40 años es evaluar y mejorar la alimentación. Es importante ser consciente de las elecciones alimentarias y del consumo calórico promedio. Llevar un diario alimentario puede ser una excelente herramienta para identificar hábitos y tendencias que se pueden pasar por alto. Los expertos sugieren que el seguimiento de los alimentos a través de un diario o una aplicación móvil puede ayudar a mantener una pérdida de peso a largo plazo. Para prevenir el aumento de peso y promover la pérdida de peso después de los 40 años, es fundamental elegir alimentos bajos en calorías y ricos en nutrientes. A continuación, se presentan algunos consejos para lograrlo:

  • Eliminar alimentos procesados: Reducir la ingesta de alimentos ultraprocesados, como postres, papas fritas, pizzas, carnes procesadas, comidas congeladas y bebidas azucaradas. Estudios han demostrado que limitar el consumo de alimentos ultraprocesados puede ser la estrategia más efectiva para prevenir y tratar la obesidad, ya que estos alimentos suelen tener un alto contenido calórico.
  • Optar por alimentos reales y enteros: Priorizar alimentos con uno o dos ingredientes y sin azúcar añadida, conservantes, grasas y aromas. Incluir una variedad de frutas, verduras, ensaladas, legumbres, caldos y cereales integrales. Estos alimentos proporcionan saciedad, son ricos en nutrientes y suelen tener un bajo contenido calórico.
  • Agregar proteínas a cada comida: Incluir fuentes de proteínas en cada comida, como pescado, yogur o legumbres, lo cual ayuda a controlar el apetito. Para algunas personas, las dietas bajas en carbohidratos que incluyen más proteínas y grasas saludables, como la dieta cetogénica, también pueden ser efectivas para perder peso.
  • Controlar las porciones: Practicar la alimentación consciente y prestar atención a la cantidad de comida consumida en cada comida y a la frecuencia de las colaciones. Especialmente importante limitar las porciones de alimentos dulces, carbohidratos refinados (como pan, pasta, arroz) y productos ricos en grasas como aderezos, mantequilla y aceites (aunque las grasas son esenciales en la dieta, el control de las porciones es importante).
  • Considerar el ayuno intermitente: El ayuno intermitente implica ayunar durante aproximadamente 13 a 16 horas al día y comer solo durante las horas restantes. Esta estrategia tiende a reducir la ingesta calórica general y fomentar una mayor conciencia de las elecciones alimentarias. Además, tiene beneficios para diversas funciones metabólicas e inmunológicas.

2. Planificar las comidas para controlar la ingesta calórica

Es fundamental reservar tiempo cada semana para hacer las compras y planificar las comidas. Esto evita comer con frecuencia fuera de casa y reduce las decisiones de último momento que suelen llevar a elecciones poco saludables. Muchas personas encuentran útil preparar comidas los fines de semana, como cortar verduras y tener proteínas saludables y refrigerios nutritivos listos para llevar. Tener frutas y verduras frescas cortadas a mano en el refrigerador también es una buena práctica.

3. Hacer ejercicio regularmente

Para mantener la masa muscular, la movilidad y la funcionalidad general, es importante integrar el movimiento y diferentes tipos de ejercicio en la rutina diaria. A medida que envejecemos, es posible que sea más difícil realizar ejercicios de alta intensidad, pero caminar rápido, correr, usar una bicicleta elíptica, levantar pesas, nadar y andar en bicicleta siguen siendo excelentes opciones.

Lo ideal es combinar ejercicios aeróbicos y de resistencia todos los días. Esta combinación es beneficiosa para el crecimiento muscular, así como para el corazón, el metabolismo, el cerebro y el sistema inmunológico. El entrenamiento de fuerza/resistencia es especialmente útil para mantener un metabolismo saludable, ya que los músculos requieren más energía (calorías) para mantenerse. Además del ejercicio estructurado, es importante limitar el tiempo que se pasa en posición sedentaria cada día, como ver televisión o estar sentado frente a una computadora. Integrar más movimiento en el día a día, como caminar, subir escaleras, hacer tareas domésticas, también es beneficioso. El uso de un rastreador de actividad física puede ayudar, especialmente si se programa un recordatorio para realizar pausas para moverse, levantarse o estirarse.

4. Dormir suficiente y manejar el estrés

La falta de sueño afecta a muchas hormonas importantes y se asocia con un mayor riesgo de obesidad y diabetes. El estrés crónico también puede provocar aumento de peso, ya que aumenta la producción de cortisol, una hormona que puede aumentar el apetito y el almacenamiento de grasa en el abdomen. En ambos casos, es más difícil tener la energía necesaria para estar activo durante el día. Los estudios muestran que la fatiga tiende a aumentar los antojos de alimentos poco saludables y afecta la forma en que el cuerpo regula la insulina y la glucosa.

A continuación, se presentan algunas formas útiles de manejar el estrés y promover un mejor sueño para ayudar a perder peso después de los 40 años:

  • Dormir entre siete y nueve horas por noche: Esta es la cantidad recomendada para mantener una salud metabólica óptima en la mayoría de los adultos.
  • Establecer rutinas de sueño saludables: Crear una rutina antes de acostarse que sea relajante. Tratar de acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora cada noche. Esto ayuda a regular el ritmo circadiano (reloj interno), que desempeña un papel en el metabolismo. Evitar el uso de dispositivos electrónicos por la noche, como teléfonos, televisores y computadoras, para evitar la luz azul que puede alterar el sueño.
  • Practicar técnicas de relajación: Realizar ejercicios de respiración, yoga, meditación, leer, llevar un diario, recibir terapia y pasar tiempo en la naturaleza. Todas estas actividades pueden ayudar a desencadenar la respuesta de relajación del cuerpo y mejorar el sueño.
  • Limitar la cafeína y el alcohol: Especialmente cerca de la hora de acostarse. Se recomienda no consumir más de una bebida alcohólica por día para las mujeres y no más de dos para los hombres.
  • Exponerse a la luz solar durante el día: Esto puede ayudar a normalizar el ritmo circadiano y aumentar los niveles de vitamina D. Se ha demostrado que las personas con niveles normales de vitamina D tienden a tener más facilidad para perder peso que aquellas que carecen de ella.

La pérdida de peso después de los 50 años

Los consejos para perder peso después de los 40 años también se aplican a los adultos de cincuenta años en adelante. Se trata de comer bien, moverse más y cuidarse de manera integral. Es posible que sea necesario adaptar el tipo de ejercicio a medida que envejecemos, pero esto naturalmente conducirá a un menor apetito si somos menos activos. Al centrarse en una alimentación saludable, la alimentación consciente y el control de las porciones, se debería poder ajustar la ingesta calórica a medida que envejece para satisfacer las necesidades del cuerpo.

Riesgos y efectos secundarios de la pérdida de peso

Cuando se trata de perder peso, lo mejor es hacerlo de manera lenta y constante, en lugar de seguir dietas de moda y reducir drásticamente las calorías. Para perder peso de manera segura y evitar recuperarlo, se recomienda reducir la ingesta calórica diaria en aproximadamente 300 a 500 calorías. Esto debería permitir perder entre uno y dos kilos por semana. Después de perder peso, es importante mantenerlo adoptando un estilo de vida saludable. El metabolismo se adapta a la pérdida de peso al reducir las necesidades calóricas, por lo que es importante seguir priorizando alimentos saludables y completos. Si se han intentado todas las medidas anteriores y no se logra perder el peso deseado, es recomendable concertar una cita con un dietista o médico. Podrán analizar posibles problemas como problemas de tiroides, resistencia a la insulina o prediabetes.

Perder peso después de los 40 años no es imposible. Requiere un enfoque integral que incluya cambios en la alimentación, ejercicio regular, sueño adecuado y manejo del estrés. Al adoptar estos cambios en el estilo de vida y mantenerlos a largo plazo, es posible lograr una pérdida de peso efectiva y duradera. Recuerda que cada persona es única, por lo que es importante encontrar un enfoque que funcione mejor para ti. Siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud antes de realizar cambios significativos en la alimentación o el estilo de vida.

¡Comienza tu viaje de pérdida de peso después de los 40 años hoy mismo y disfruta de una vida más saludable y enérgica!

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Lidia Baldomero