Lo que el coronavirus le hace a nuestro cuerpo

Las investigaciones de las últimas semanas muestran lo devastador y peligroso que puede ser el virus, no sólo para los pulmones, sino también para el cerebro y los dedos de los pies.

Los esfuerzos de virólogos, epidemiólogos, investigadores y médicos para buscar terapias y desarrollar una vacuna contra la epidemia de coronavirus (SARS-CoV-2) dan como resultado la publicación de miles de investigaciones científicas e informes clínicos cada semana. El sitio web de Science, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, ha recogido las observaciones y descubrimientos más relevantes sobre COVID-19, mostrando lo extremadamente agresivo que es el coronavirus actual en alrededor del 5% de los pacientes, causando síntomas muy graves. La enfermedad afecta principalmente a los pulmones, pero los investigadores y los médicos han observado importantes efectos en gran parte del resto del cuerpo, desde el cerebro hasta los dedos de los pies.

Pulmones, los más afectados

El coronavirus se transmite principalmente a través de las pequeñas gotas de saliva que emitimos al hablar o toser. La principal ruta de infección es a través de las vías respiratorias superiores: la garganta y la nariz. En las células de estas últimas, el virus parece estar particularmente a gusto: sus membranas celulares son ricas en ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2), un receptor que regula lo que puede o no puede entrar en la célula. El ACE2 está bastante extendido en los tejidos celulares de nuestro organismo y esto podría explicar por qué el coronavirus es capaz de hacer un daño generalizado: con las proteínas de su envoltura, engaña al ACE2 para que inyecte su material genético (ARN) en la célula y lo explota para replicarse miles de veces, con nuevas copias que luego infectarán a otras células.

A medida que se produce la replicación, los individuos infectados se vuelven contagiosos, especialmente en la primera semana después de la infección. Pueden desarrollar síntomas extremadamente leves, incluso hasta el punto de no darse cuenta de que están enfermos, como fiebre, tos seca, pérdida de olor y sabor, dolor de articulaciones, dolor de cabeza y dolor de garganta. Si su sistema inmunológico es incapaz de deshacerse del coronavirus, continúa su invasión alcanzando las partes más profundas del sistema respiratorio: los pulmones.

Las estructuras más pequeñas y delicadas del pulmón son los alvéolos, el lugar donde se produce el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono en la circulación sanguínea. Las células de nuestro cuerpo necesitan oxígeno para vivir y gestionar sus procesos, que conducen a la producción de dióxido de carbono que debe ser eliminado con el aire que respiramos. La capa muy fina de células que componen los alvéolos es rica en ACE2, y esto favorece al coronavirus.

El papel del sistema inmunológico

El sistema inmunológico reacciona a la infección con sus primeros recursos a través de quimiocinas, moléculas que a su vez activan la respuesta de otras células inmunológicas que se dirigen a las células infectadas por el virus y las destruyen. Es una reacción muy violenta y comparable al efecto de un bombardeo de alfombras: después de su paso, quedan células y fluidos muertos, sobre los que se pueden producir bacterias (pus). Para el paciente los síntomas de esta batalla son los típicos de la neumonía: fiebre, tos y dificultad progresiva para respirar con normalidad.

Muchos pacientes logran superar esta fase de COVID-19 por sí mismos, ya sea tomando medicamentos para controlar ciertos síntomas o usando oxígeno para ayudarles a respirar. Sin embargo, en los casos más graves, la enfermedad progresa y se desarrolla un síndrome de dificultad respiratoria. los niveles de oxígeno en la sangre bajan significativamente y la respiración se hace cada vez más difícil. En las tomografías y las radiografías los pulmones aparecen opacos, donde deberían aparecer oscuros para indicar la presencia de aire. Para los pacientes en estas condiciones, la intubación en cuidados intensivos es necesaria. Muchos de ellos mueren: los alvéolos se obstruyen con fluidos, moco, células muertas y otros materiales y no permiten el intercambio de oxígeno con la sangre.

El corazón y la circulación de la sangre

En las últimas semanas se ha hecho evidente que la COVID-19 afecta a diferentes partes del cuerpo aparte de los pulmones, lo que también implica importantes riesgos para el corazón. Todavía no está claro cómo afecta el coronavirus al sistema cardiovascular, pero ahora docenas de investigaciones e informes clínicos informan sobre daños significativos bastante comunes entre los pacientes graves. Un estudio llevado a cabo en Wuhan, la ciudad china donde comenzó la pandemia, indicó que alrededor de una quinta parte de los 416 pacientes examinados con COVID-19 habían sufrido daños cardíacos. Otro estudio, realizado en hospitales de la misma ciudad, informó de la presencia de latidos irregulares (arritmias) en el 44 por ciento de los 138 pacientes ingresados.

Otros médicos e investigadores han informado de la presencia de coágulos de sangre, que se forman en los vasos sanguíneos debido a la inflamación. Nuestro cuerpo tiene sistemas para disolver estos coágulos, pero en algunos casos los pequeños fragmentos no se desintegran y siguen circulando. En los pulmones, estos coágulos pueden bloquear importantes vasos sanguíneos, provocando una embolia pulmonar, que puede ser mortal. Otros coágulos pueden llegar al cerebro, causando un daño permanente.

La infección por el coronavirus también puede inducir una reducción en la amplitud (lumen) de los vasos sanguíneos. Varios estudios informan de casos clínicos de pacientes con formas de isquemia en los dedos de los pies y las manos: la reducción de la circulación sanguínea en esas zonas periféricas provoca hinchazón y dolor en los dedos y, en los casos más graves, daños permanentes en los tejidos celulares. Otros daños se producen a nivel pulmonar, complicando situaciones que en pacientes graves ya están bastante comprometidas.

La COVID-19, también es una enfermedad cardiovascular

La COVID-19 está demostrando cada vez más que no sólo es una enfermedad pulmonar sino también una enfermedad cardiovascular, y los investigadores aún no han comprendido sus causas y su dinámica. Una hipótesis es que nuevamente la presencia de ACE2 en las paredes de los vasos sanguíneos y el corazón fomenta la presencia del coronavirus. También podría haber una explicación más simple para el hecho de que el daño pulmonar grave se refleja en el resto del sistema cardiovascular, que está estrechamente relacionado con el sistema pulmonar. Una mejor comprensión de estos mecanismos será esencial para encontrar tratamientos más eficaces contra la enfermedad.

Riñones

Un estudio realizado en Wuhan con 85 pacientes mostró que alrededor de una cuarta parte sufría de insuficiencia renal grave. En otro estudio, realizado en 200 pacientes hospitalizados, se encontraron proteínas y sangre en la orina en el 59 por ciento de los casos, una condición que ocurre cuando los riñones no pueden filtrar adecuadamente la sangre a través de ellos. Las personas con problemas renales graves anteriores también corrían un mayor riesgo de muerte después de contraer el coronavirus.

No está claro si el coronavirus ataca directamente a los riñones y cómo lo hace. Por el momento, hay pocos estudios sobre el tema, aunque las investigaciones realizadas mediante la realización de autopsias a pacientes han permitido detectar la presencia de rastros del virus en el tejido renal. Sin embargo, la insuficiencia renal podría deberse más generalmente al gran estrés al que está sometido el cuerpo del paciente: la intubación es un factor de riesgo para los riñones, al igual que la ingestión de drogas muy pesadas, como los antivirales que se administran para retardar la replicación del virus.

Cerebro

Una infección por coronavirus también puede provocar un daño neurológico significativo, especialmente en el sistema nervioso central. Se han notificado casos de encefalitis (inflamación del cerebro) y de apoplejía. El sistema nervioso central está relativamente aislado del resto del cuerpo, precisamente para protegerlo de los ataques de agentes externos, y todavía no está claro hasta qué punto el coronavirus puede causar daños. Se sospecha la presencia de ACE2 en la corteza cerebral, pero no hay muchos elementos en la literatura científica hasta ahora.

Intestinos

Varios estudios informan de que el coronavirus también llega a las partes bajas del sistema digestivo, donde hay abundancia de ACE2. En aproximadamente la mitad de las heces de los pacientes con COVID-19 analizadas en un estudio, se detectaron rastros del virus. Otro estudio identificó rastros del coronavirus en células del recto, duodeno y otros tractos intermedios del intestino. Esta presencia explicaría por qué alrededor de una quinta parte de los pacientes de COVID-19 tienen episodios recurrentes de diarrea.

Otros síntomas

Hasta un tercio de los pacientes hospitalizados desarrollan una molesta conjuntivitis, una infección ocular, aunque todavía no hay pruebas claras de si el coronavirus afecta directamente a los ojos y cómo lo hace. Otros síntomas indican un alto estrés en el hígado, aunque en este caso la causa podría ser los medicamentos para retrasar el progreso de la infección o, más en general, el alto estrés que el coronavirus causa en el sistema inmunológico.

Tiempo y precaución

Pasarán meses, probablemente años, antes de que tengamos una comprensión más profunda y clara de COVID-19 y de los efectos del coronavirus en nuestro cuerpo. La mayoría de los estudios publicados hasta ahora están en formato preimpreso, por lo que son publicados directamente por los investigadores sin ser verificados por sus colegas. Es una condición ineludible poner los nuevos elementos a disposición de la comunidad científica lo antes posible, pero ello implica que se debe tener una precaución adicional al informar sobre su contenido: algunas pruebas podrían negarse y otras podrían complementarse con nuevos elementos.

Información tomada de ilpost.it