¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando comemos azúcar?

La palabra glucosa viene de la palabra griega glukos que significa dulce. Nuestro cuerpo trabaja gracias a ello, porque actúa como alimento para nuestras células, incluso las que trabajan en nuestro cerebro: las neuronas.

Pero el hecho de que «trabajemos» gracias a la glucosa no significa que siempre deba consumirse de todas formas. Aunque muchos de nosotros ahora comemos carbohidratos y azúcares, la verdad es que el consumo indiscriminado de estos puede alterar no sólo la forma de nuestros cuerpos, sino también nuestro comportamiento, según Amy Reichelt, una investigadora de BrainsCAN.

Nuestro amor por el postre tiene fundamentos evolutivos

Nuestros antepasados primitivos raramente consumían carbohidratos. Pero con el tiempo se dieron cuenta de que los alimentos azucarados son buenas fuentes de energía y evolucionaron para hacerlos particularmente agradables. Al mismo tiempo, los sabores amargos o ácidos se volvieron desagradables, que recuerdan a sabores indeseables y, por lo tanto, generalmente los rechazamos.

El azúcar activa nuestro sistema de recompensas

Cuando comemos alimentos dulces, el sistema de recompensa del cerebro, formalmente conocido como el sistema de dopamina mesolímbica, se activa, lo que fortalece los comportamientos al aumentar la probabilidad de repetirlos. En pocas palabras, interpretamos la ingesta de azúcar como una recompensa y, dada la necesidad de volver a disfrutar de este «éxito», nos dirigimos a encontrar más de estos alimentos para sentirnos «bien».

El azúcar puede afectar la memoria

Nuestras neuronas necesitan glucosa, como hemos dicho, pero todo en equilibrio, ya que se ha demostrado que las dietas ricas en azúcar afectan al hipocampo, que como hemos informado en otras ocasiones, es una estructura clave para la memoria.

En otro estudio, los investigadores encontraron que las ratas que consumen grandes cantidades de azúcar eran menos capaces de recordar si antes habían visto objetos en lugares específicos. El azúcar no sólo reduce las neuronas de los recién nacidos, sino que también aumenta los compuestos químicos relacionados con la inflamación.

Podemos inhibir nuestra respuesta de placer al dulce

Nuestro cerebro tiene una red de neuronas inhibidoras que se concentran en la corteza prefrontal, un área clave para controlar el comportamiento; es decir, la toma de decisiones, el control de los impulsos y la gratificación retrasada. Esta red puede ayudarnos a inhibir nuestra respuesta natural a los alimentos dulces.

Sin embargo, la situación es un poco más compleja. Una encuesta anterior de ratas reveló que las ratas alimentadas con azúcar eran menos capaces de controlar su comportamiento y tomar decisiones. Esto deja evidencia de que las dietas ricas en azúcar pueden alterar el funcionamiento de las neuronas inhibidoras y hacernos más impulsivos. Sí, lo que comemos puede afectar nuestra capacidad de resistir la tentación, lo cual puede ser la razón por la que algunas personas tienen dificultad para cambiar sus dietas.

De hecho, en otra encuesta, se les pidió a los participantes que evaluaran sus antojos de bocadillos altos en calorías cuando tenían hambre en comparación a cuando ya habían comido. Las personas que siguieron una dieta rica en grasas y azúcar informaron tener antojos de bocadillos incluso cuando no tenían hambre, en una especie de círculo vicioso.

¿Cómo proteger su cerebro del azúcar?

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud es no superar los 25 gramos de azúcar añadida, equivalentes a seis cucharaditas, lo que representaría el cinco por ciento de la ingesta calórica diaria.

Además, no sólo debe reducirse la ingesta de azúcar, sino que también deben incluirse otros alimentos saludables como los ricos en grasas omega-3 como el aceite de pescado, las nueces y las almendras, que también son neuroprotectoras. Y, por supuesto, el ejercicio también es importante, porque estimula la neuroplasticidad (un proceso de regeneración) del cerebro que le permite recuperarse.