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Sexo y relaciones

Los fetiches sexuales más populares entre los hombres

Un fetiche sexual es un disparador del deseo: puede ser un objeto, una parte del cuerpo o una situación concreta que enciende la excitación. No tiene por qué ser raro, ni “oscuro”, ni un secreto vergonzante. A veces es tan simple como una prenda, un rol, o una dinámica que cambia el guión.

En general, tampoco es una enfermedad, debido a que la sexología y los manuales clínicos suelen diferenciar entre un interés sexual poco común y un problema real. La idea central es sencilla: hay fetiches que aparecen una y otra vez en estudios y conversaciones, y lo importante es vivirlos con consentimiento, respeto y disfrute.

La lista que más se repite: los fetiches más populares entre hombres

Cuando se habla de los fetiches sexuales más populares entre los hombres, no existe un ranking perfecto. Aun así, ciertas preferencias se repiten con mucha frecuencia en encuestas poblacionales y en la consulta sexológica: pies, lencería, materiales concretos (cuero, látex), BDSM, juegos de roles y fantasías de mirar o ser mirado. En investigación, por ejemplo, se ha descrito que la atracción por los pies aparece en una proporción muy alta entre hombres con intereses fetichistas, en algunos trabajos cerca de casi la mitad. Y las fantasías de dominación o sumisión suelen rondar una cuarta parte en distintos estudios.

Pies, lencería y materiales: lo visual manda

El fetiche de pies se repite por motivos que mezclan lo visual y lo simbólico. Para algunas personas influye el aprendizaje (primeras asociaciones eróticas), y para otras cuenta el componente de “lo oculto” que de pronto se muestra. Con la lencería pasa algo parecido: excita por lo que sugiere, por el juego de mirar e imaginar, y por cómo la cultura ha cargado esas prendas de intención erótica. También aparecen objetos y materiales como cuero, látex, encaje o tacones, que funcionan como atajos sensoriales hacia una estética concreta.

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BDSM, juegos de poder y role play: cuando excita el contexto

El BDSM no es sinónimo de dolor. Puede ser algo suave, como una venda en los ojos o hablar con autoridad, o más intenso si ambas personas lo desean. Lo que engancha suele ser el acuerdo: dominar o dejarse dominar como dos caras del mismo juego. El role play también se repite mucho, porque cambia la escena sin cambiar de pareja: desconocidos en un bar, jefe y empleada, doctor y paciente. El cine, las series y la pornografía han normalizado estas ideas, para bien y para mal.

Voyeurismo y exhibicionismo, pero solo si es consensuado

La curiosidad es un motor potente. Por eso el voyeurismo y el exhibicionismo aparecen con frecuencia como fantasías. En su versión sana, hablan de porno, juegos con la pareja, o ambientes donde todo el mundo ha dicho que sí. En su versión no consensuada, deja de ser erotismo y pasa a ser un problema ético y legal.

Por qué muchos hombres tienen estos fetiches (sin complicarlo)

Una explicación común es que muchos hombres responden con fuerza a estímulos visuales, lo que facilita que una imagen, una prenda o una parte del cuerpo se convierta en “gatillo” erótico. También pesan los aprendizajes tempranos, esas primeras escenas que se quedan pegadas al deseo.

A esto se suma la influencia de la cultura pop y la pornografía, que repiten ciertos guiones y los vuelven familiares. Y, en algunos entornos, los hombres lo verbalizan con más soltura, lo que hace que parezca aún más frecuente porque se habla más.

Cuándo es saludable y cuándo conviene pedir ayuda

Un fetiche es saludable cuando suma y no reemplaza todo lo demás. Conviene pedir ayuda si se convierte en la única vía para excitarse, si genera culpa o ansiedad, si interfiere con la vida diaria o si implica a alguien sin consentimiento.

La referencia clínica más citada (DSM, quinta edición) suele ser clara: solo se considera trastorno si hay malestar intenso o daño para uno mismo o para otras personas. Hablarlo, acordar límites y revisar expectativas suele ayudar mucho; si se atasca, la sexología puede dar herramientas sin juicios.

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