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¿Los rastros dejados por los aviones cambian el clima?

Estos largos cirros artificiales que aparecen a una altura de entre 8,000 y 12,000 metros consisten en cristales de hielo.

Un doble efecto

Su efecto es doble: reflejan la radiación solar, que enfría la atmósfera, pero también crean un efecto invernadero, que contribuye al calentamiento del aire. Estos dos fenómenos contribuyen así al aumento de las amplitudes térmicas entre el día y la noche.

Prueba empírica de esta consecuencia: después del ataque al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, el tráfico aéreo en el territorio americano prohibido durante tres días y tres noches provocó la desaparición de senderos que habitualmente ocupan el 70% de los cielos neoyorquinos. Luego, los meteorólogos observaron un aumento promedio de 3 ° C en las temperaturas diurnas, con más luz solar y una caída de 1.5 ° C en la noche, a medida que disminuía el efecto invernadero.

 

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