Mentir depende mucho de lo que comemos

Son muchas las razones por las que las personas mienten: obtener algo que anhelan, excusarse, quedar bien, etc., un sin fin de motivos que las personas emplean a menudo para mentir.

Mentir equivale a decir algo que no es verdad, que no es nada cierto. Aunque también, se puede mentir sin tener que pronunciar ninguna palabra. Esto se da por ejemplo, cuando fingimos un sentimiento o un estado de ánimo, o si te encuentras con alguna persona que no te cae nada bien, pero le sonríes amablemente, en estos casos, también estás mintiendo.

Esto es lo que indica el estudio sobre cómo influye lo comemos al momento de mentir. 

El estudio fue efectuado por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea y que contó con la participación del Instituto de Ciencias y Tecnologías Cognitivas del Consejo Nacional de Investigaciones (Cnr-Istc) y el Gate-Lab de la CNR francesa, indican que, el metabolismo puede influir notablemente en la inclinación de las personas a decir mentiras.

Los miembros de la investigación realizaron el estudio con 150 personas, evidenciando que decir mentiras puede depender en cierta manera de los niveles de glucosa en la sangre y que al parecer también puede existir un enlace con la obesidad.

“Hasta el momento, conocemos que las alteraciones a corto plazo en el estado energético, como los producidos por la saciedad o el ayuno, y los cambios que se producen a largo plazo como la obesidad, pueden influir y afectar una amplia variedad de procesos cognitivos, como la atención, la memoria, el riesgo y el autocontrol. Este último es un elemento central para la facultad de tomar decisiones morales y éticas”, explica la doctora Eugenia Polizzi, investigadora del CNR-Istc y autora del estudio.

¿Cómo se realizó el estudio?

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Las personas participantes en el estudio recibieron un vaso con un troquel de color que llevaba tres lados en su interior. Dependiendo del color generado, las personas recibían una recompensa diferente: 3 euros si salía roja, 1 euro si salía amarillo y nada si salía azul.

La mitad de las personas tiraron unos dados que le fueron entregados antes de recibir su desayuno en el laboratorio, mientras que la otra mitad, tiraron los dados luego de tomar su desayuno. El resultado de los dados era evidente solo para el participante, que por lo tanto podía hacer trampa, dando a conocer el resultado por ejemplo de un color diferente al que realmente observó. Debido a que cada color tiene una posibilidad de 1/3 de desaparecer, las variantes de este porcentaje advierten una deshonestidad en el grupo.

“Si los cambios en el estado energético perjudicaran la inclinación a mentir, se podría esperar que las personas en ayunas mintieran más que los que se encuentran saciados de comida, independientemente de la situación energética global.

No obstante, los resultados entregan solo un apoyo parcial para pronosticar esto. Según el estudio, solo las personas con un índice de masa corporal, menor de 25, y en particular las mujeres, demuestran ser más honestas después de desayunar”, indica la investigadora. “Por el contrario, se evidencia que cuando la mentira sirvió para evitar decir el color azul relacionado con cero recompensa, más del 80% de los participantes obesos mintieron. Independientemente del desayuno. Toda esta información indica que la condición de obesidad podía estar acompañada a una dificultad para manejar las pérdidas potenciales”, continúa la investigadora.

“Es complicado explicar la influencia del metabolismo en el respeto de las normas morales solo desde un punto de vista energético. Sin embargo, la creencia de que estudios como este puedan ayudar a incrementar el interés en este tema podría mejorar nuestra comprensión de los mecanismos biológico, económicos y psicológicos que rigen las elecciones morales”, concluye la investigadora Polizzi.