Salud

Mi libido bajó después de perder mucho peso: ¿es normal?

Pierdes mucho peso, tu ropa te queda suelta, recibes halagos, pero notas algo que no esperabas: tu deseo sexual cae. Te preguntas si hiciste algo mal, la respuesta corta es que sí, puede ser normal que la libido baje tras una pérdida de peso grande, y muchas veces es temporal.

¿Es normal que baje la libido después de una gran pérdida de peso?

Sí, puede ser normal en muchas personas, tanto hombres como mujeres, debido a que tu cuerpo ha pasado por un cambio intenso y necesita adaptarse. Además, una pérdida de peso rápida suele implicar estrés físico y mental, y el deseo sexual puede quedar en segundo plano durante un tiempo. Esto no significa que estés roto ni que adelgazar haya sido un error, solo que tu organismo está reajustándose.

Principales causas de la baja libido tras perder mucho peso

En general se mezcla cómo has hecho la dieta, cómo duermes, cómo te hablas a ti mismo y cómo vives tu cuerpo nuevo. Entender estas piezas ayuda a bajar la culpa y a buscar soluciones más amables.

Cambios hormonales y dieta muy estricta

Las hormonas relacionadas con el deseo, como la testosterona, se ven afectadas por lo que comes, tu nivel de grasa corporal y el estrés. Cuando haces una dieta muy baja en calorías, pierdes peso muy rápido o entrenas en exceso, tu cuerpo entra en modo ahorro de energía. Se centra en funciones básicas y puede reducir el deseo sexual.

El aumento del cortisol, la hormona del estrés, también juega en contra. Si tu cuerpo siente que está en “supervivencia”, lo último que prioriza es el sexo. Esa respuesta es lógica desde el punto de vista biológico, aunque sea incómoda en tu vida diaria.

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Falta de energía, mala alimentación y poco descanso

Si comes poco, saltas comidas o tienes miedo a muchos alimentos, es fácil que aparezcan cansancio, irritabilidad y cambios de humor. Con poca gasolina, lo normal es que te cueste concentrarte, te notes apagado y el sexo pase a segundo plano.

Además, dormir poco o despertar muchas veces en la noche afecta tus hormonas, tu energía y tu paciencia. Al final del día tal vez solo quieras sofá y silencio, no caricias ni encuentros sexuales.

Factores emocionales: estrés, ansiedad y relación con el cuerpo

A veces aparecen otros nuevos: mantener la nueva talla, miedo a recuperar kilos, presión por “aprovechar” el cambio físico. Esa autoexigencia genera estrés y ansiedad, y eso enfría el deseo.

También puede pasar que tu cuerpo haya cambiado, pero tu mente siga atada a inseguridades antiguas. Puedes verte mejor en fotos y aun así sentir vergüenza al desnudarte delante de tu pareja. Si tu cabeza está llena de críticas hacia tu cuerpo, es difícil relajarse y disfrutar.

Cómo cuidar tu libido mientras cuidas tu peso

Intenta que tu alimentación sea suficiente y equilibrada, no basada en pasar hambre constante. Incluir grasas saludables, proteínas, frutas y verduras ayuda a que tu cuerpo produzca hormonas y tenga energía.

El sueño también cuenta. Procura dormir las horas que tu cuerpo necesita y evita abusar del ejercicio muy intenso. Actividades moderadas, como caminar a buen ritmo o hacer yoga suave, pueden mejorar el ánimo y la libido al mismo tiempo.

Por otro lado, Habla con tu pareja de lo que te pasa, sin culpas ni reproches, alivia mucha presión. Explica que estás cansada o cansado, que tu cuerpo está cambiando y que necesitas tiempo, suele acercar más que alejar.

Trabajar la relación con tu nuevo cuerpo también ayuda. Mirarte con más cariño, usar ropa con la que te sientas cómodo y dar espacio al placer, aunque no siempre sea sexual, son pasos pequeños que suman.

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Recuerda que conviene consultar con un médico, psicólogo o sexólogo si la baja libido se mantiene varios meses, si sientes dolor en las relaciones, cambios muy bruscos de ánimo o sospechas que algún medicamento o problema hormonal puede estar influyendo.

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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.