La razón por la que no debes usar NUNCA mascarillas de tela para prevenir el Covid-19

Desde que estalló la pandemia de Covid-19 hace un año, miles de empresas de todo el mundo han empezado a producir y vender todo tipo de mascarillas. Las hay de colores, bordadas con motivos florales, de tela o de algodón, algunas son de marca y muestran el logotipo de la marca que las produce. Los materiales con los que se fabrican estas mascarillas son muy variados, y a veces incluso de excelente calidad, ya que no hay tintes perjudiciales para la piel ni tratamientos químicos potencialmente irritantes. La cuestión es que todas estas mascarillas, en cualquier caso, no deberían utilizarse.

No hay nada de malo en comprar una mascarilla con los colores que nos gustan, una con un logo o una escritura divertida y demás, lo único importante es que no debemos usarlas para protegernos del virus. De hecho, estas mascarillas no cumplen las normas sanitarias (en el sentido de que nunca se ha comprobado su capacidad para frenar la propagación del virus), por lo que debemos considerarlas únicamente como un recuerdo, o como un accesorio de moda como lo son un par de pendientes o un pañuelo. La cuestión sigue siendo la misma que antes: estas mascarillas de tela no son un dispositivo útil para detener el contagio.

La principal diferencia entre la eficacia de las mascarillas de tela y las mascarillas quirúrgicas es que las quirúrgicas tienen certificación sanitaria para que podamos saber cómo y qué tan bien funcionan. En cambio, las mascarillas caseras, las de tela y las bordadas con tela o algodón, no han sido sometidas a ninguna prueba, por lo que no sabemos si nos protegen o no. Sin embargo, tenemos algunas pistas sobre cuánto nos protegen, y todo indica que no son muy eficaces.

Existen varios estudios que han verificado el grado de eficacia de la mascarilla quirúrgica, y es por estos estudios que los médicos y expertos en salud recomiendan su uso. La eficacia de estas mascarillas es alta porque funcionan con varias capas: la más cercana a la boca es absorbente, las otras suelen ser gradualmente más impermeables. En otras palabras, la primera capa más cercana a nosotros impide que las gotas de saliva se escapen, las otras, más externas, bloquean las gotas de saliva de otras personas impidiendo que pasen a través de la propia mascarilla. Este sistema multicapa está completamente ausente en las mascarillas de tela: sólo hay una capa, en la que nuestra saliva y la del aire en forma de «gotas» entran en peligroso contacto.

En general, la eficacia de las mascarillas quirúrgicas es alta, aunque depende del contexto: en los centros de salud donde se trata a los pacientes de Covid-19, donde el virus está obviamente muy presente, se utilizan dos mascarillas superpuestas para maximizar su efecto (además de una pantalla facial y gafas protectoras). Las mascarillas quirúrgicas pueden ser de dos tipos: con elásticos que van detrás de las orejas o con elásticos más largos que van detrás del cuello y la cabeza -estos últimos, como demuestran algunos estudios, serían más efectivos porque se adhieren mejor a la forma de nuestra cara-.

Otra característica que distingue a las mascarillas quirúrgicas de las de tela es que las primeras son desechables y las segundas no. Una mascarilla quirúrgica desechable es definitivamente más segura que una mascarilla no desechable, incluso si la mascarilla de tela se lava con frecuencia.

Las mascarillas quirúrgicas suelen ser más eficaces en la contención de la infección que las mascarillas de tela porque retienen especialmente bien las gotas (es decir, las gotas de saliva) del portador. Esto significa que no sólo nos protegen a nosotros, sino sobre todo a las personas con las que entramos en contacto. Las mascarillas quirúrgicas retienen tan bien las gotas porque las distintas capas que las componen actúan como una red que atrapa las partículas líquidas. En un artículo interactivo publicado por el New York Times, se puede ver muy bien cómo ocurre esto.

Las mascarillas de tela, a pesar de que no hay estudios sobre su eficacia, siguen siendo una norma: en el sentido de que nadie puede multar a alguien por llevarlas, la exigencia de llevar una mascarilla en los espacios públicos no puede ser tan específica como para prescribir qué mascarillas utilizar. Nos corresponde tener en cuenta cuál es la opción más razonable, y elegir las mascarillas quirúrgicas, u otras sobre las que existe certeza médica sobre su eficacia, como las PFC2 y PFC3.

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