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Sexo y relaciones

¿Qué es lo que más les gusta a los hombres de una mujer en la cama?

No existe una lista única de “lo que les gusta a los hombres” porque cada persona trae su historia, su cuerpo y sus límites. Aun así, sí se repiten patrones. Encuestas recientes de dos mil veinticuatro sobre hábitos sexuales en pareja apuntan a algo claro: además del placer físico, pesan mucho la conexión y la forma en que se comunican. En otras palabras, lo que pasa antes y durante suele importar tanto como el “qué” se hace.

Para muchos hombres, el deseo crece cuando hay confianza, cero juicio y un ambiente donde ambos se sienten seguros. Si ella está relajada, presente y conectada, él suele percibirlo como una invitación directa. No hace falta montar una escena perfecta; muchas veces basta con sentir que están en el mismo equipo.

También influye la ausencia de presión, porque cuando el objetivo no es “cumplir” sino pasarlo bien, el cuerpo responde mejor. Además, esa calma permite reírse si algo sale raro, cambiar el ritmo, parar si hace falta y volver a empezar sin drama. La presencia es como una luz cálida: no se ve, pero se nota.

Deseo claro y consentimiento: cuando ella muestra ganas y lo dice sin vergüenza

A muchos hombres les gusta cuando ella expresa deseo de forma simple y directa, y cuando se habla del consentimiento sin que se vuelva tenso. Proponer algo, pedir una pausa, decir “así me encanta” o “más suave, por favor” suele mejorar la experiencia para ambos. La comodidad compartida es atractiva, y el consentimiento claro quita ruido mental.

Igualmente, un elogio honesto, una mirada que se queda, un beso con intención, una mano que busca, todo eso comunica “te quiero aquí”. No se trata de actuar ni de imitar nada; se trata de participar. Esa cercanía, afectiva y física, suele ser lo que más se recuerda al día siguiente.

Lo que suele gustar en la práctica

En encuestas de dos mil veinticinco sobre prácticas comunes en pareja, se repite que lo más habitual incluye besos y caricias, sexo oral, masturbación mutua y penetración vaginal. Más que pensar en “hacer de todo”, la clave está en la atención mutua: notar qué enciende al otro, qué relaja, qué incomoda.

La variedad no significa acrobacias. A veces es cambiar el ritmo, alternar iniciativa, probar una idea nueva con calma o dedicar más tiempo a lo que ya funciona. Y si algo no gusta, no es un fracaso; es información útil para ajustar.

Preliminares sin prisa

Los preliminares suelen gustar porque bajan la ansiedad y suben la conexión. Ir leyendo la respiración, los sonidos, la tensión del cuerpo, ayuda a elegir el ritmo. Si algo se siente demasiado rápido o intenso, decirlo a tiempo cuida el deseo en vez de cortarlo.

Foto Freepik

Explorar sin comparaciones

Compararse con el porno o con experiencias ajenas mete ruido. Muchas personas, también hombres, dicen querer experiencias más reales en pareja y menos basadas en expectativas irreales. Hablar de fantasías como ideas, no como exigencias, abre puertas sin empujar. Además, los límites se respetan siempre, y eso también excita porque da confianza.

Comunicación que enciende

Hablar de sexo no tiene por qué ser una charla solemne. Funciona mejor en un momento tranquilo, fuera de la cama, con frases en primera persona. “Me gusta cuando…”, “me gustaría probar…”, “hoy prefiero algo más lento”. Preguntas abiertas como “¿qué te apetece?” o “¿qué te hizo sentir bien?” bajan defensas.

Después, un pequeño feedback ayuda a repetir lo que sí funcionó. Un “me encantó cuando me abrazaste al final” puede valer más que mil suposiciones.

No hace falta adivinar, hace falta hablar y observar. Si están en pareja, prueben una conversación corta esta semana: qué quieren repetir, qué quieren ajustar y qué quieren explorar con calma. El placer mutuo se construye, una noche a la vez.

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