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Salud

¿Qué personas están más propensas a tener cáncer?

Cuando se habla de cáncer, es fácil pensar en una sola causa, pero casi nunca funciona así, porque el riesgo suele ser como una mochila que se va llenando con los años: genética, hábitos, infecciones y exposiciones se van sumando.

“Más propenso” no significa “seguro”. Significa que, en promedio, algunas personas tienen más probabilidades que otras. Saberlo ayuda a prevenir lo que se puede y a detectar antes lo que no se puede controlar.

La edad y el sexo: los dos factores que más cambian el riesgo

La edad pesa mucho porque el cuerpo acumula “pequeños fallos” en las células con el tiempo. En España, para 2025 se estiman 296.103 nuevos casos de cáncer, y parte del aumento se explica por el envejecimiento de la población.

También hay diferencias por sexo. Por ejemplo, a los 75 años el riesgo estimado de desarrollar cáncer es del 40,4% en hombres y del 28,3% en mujeres. En algunos cánceres de la sangre (hematológicos), la incidencia se concentra sobre todo en edades avanzadas, con más casos en hombres, aunque existen casos pediátricos y no se deben ignorar señales en niños.

Personas mayores: por qué el riesgo aumenta con los años

Cuantos más años, más tiempo de exposición a tabaco, alcohol, sol o contaminación. También cambia el sistema inmune y se acumulan mutaciones en el ADN. Por eso conviene tomarse en serio los síntomas que no se van (bultos, sangrados, tos persistente, pérdida de peso sin causa) y seguir revisiones y cribados según edad.

Hombres y mujeres: diferencias reales, pero no absolutas

Hay cánceres ligados al sexo biológico (mama, cuello uterino, próstata). Otros afectan a ambos, como pulmón y colon. Y los hábitos mueven la balanza: si sube el tabaquismo en un grupo, con los años suele verse más cáncer de pulmón en ese mismo grupo. El mensaje es simple: el riesgo no es una etiqueta fija.

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Hábitos diarios que elevan el riesgo y a quién afectan más

Los factores “modificables” son los que más margen dan. El riesgo no va a saltos, se acumula. Fumar y beber a diario, sumar sedentarismo y ganar peso es como echar leña al fuego poco a poco. La buena noticia es que pequeños cambios mantenidos cuentan.

En España, el ejercicio regular se asocia con una reducción de hasta un 30% del riesgo en varios tumores (como mama y colon) y también baja la mortalidad específica por cáncer.

Tabaco y alcohol: el “combo” que más se puede evitar

El tabaco es una de las causas más importantes de cáncer de pulmón, y también se relaciona con boca, laringe, vejiga y otros. El alcohol se asocia a cáncer de boca, garganta, hígado, mama y colorrectal. Dejar de fumar y reducir alcohol no “borra” el pasado, pero el riesgo baja con el tiempo. Evitar el humo ajeno también cuenta.

Peso, dieta y movimiento: riesgo silencioso y muy común

El exceso de peso y el sedentarismo se relacionan con varios cánceres. No hace falta vivir en el gimnasio: caminar a paso alegre casi a diario, comer más fruta y verdura, y recortar ultraprocesados y bebidas azucaradas ya cambia el rumbo. Lo importante es la constancia, no la perfección.

Genética, infecciones y exposiciones: cuando el riesgo viene de fuera o de familia

No todo depende de lo que haces hoy. Se estima que alrededor del 5% al 10% de los cánceres se deben a genes heredados (como BRCA o síndrome de Lynch). A eso se suman infecciones que aumentan riesgo, como VPH, hepatitis B y C, y Helicobacter pylori. También cuentan exposiciones: radiación UV, radón en casas, amianto, benceno, y cierta contaminación.

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Antecedentes familiares: cuándo conviene hablar con un médico

Consulta si hay varios familiares cercanos con cáncer, si aparece a edades tempranas, o si se repite el mismo tipo (por ejemplo, mama u ovario en varias mujeres, colon en jóvenes). Un profesional puede valorar asesoramiento genético y un plan de cribado adaptado a tu historia.

Infecciones y ambientes de riesgo: lo que se puede prevenir con vacunas y protección

Las vacunas frente al VPH y la hepatitis B reducen riesgo a largo plazo. El sexo seguro, tratar hepatitis cuando toca y abordar H. pylori si está indicado también ayuda. Para el entorno, protege la piel del sol, revisa el radón si vives en zonas de riesgo, y exige seguridad laboral ante polvo y químicos.

Dejar el tabaco y moderar alcohol cambia el pronóstico con los años. Moverse más y cuidar el peso protege más de lo que parece. Vacunas y protección solar son prevención directa. Y no olvides los cribados recomendados por edad y sexo, ni los síntomas persistentes. La mejor estrategia es sencilla: actuar a tiempo.

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