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Belleza

¿Qué tratamientos faciales debo evitar si tengo rosácea?

Si tu cara se pone roja con facilidad, arde, pica o te salen brotes tipo granitos, es posible que tengas rosácea. En esta piel, muchas rutinas de cabina que a otros les van bien pueden salir mal. La razón suele ser simple: la barrera cutánea está más frágil y los vasos sanguíneos reaccionan con más intensidad, así que el calor, la fricción y los “activos fuertes” pueden disparar un episodio de enrojecimiento. Aquí tienes una guía clara de qué conviene evitar y qué preguntar antes de someterte a un tratamiento facial.

Por qué algunos tratamientos faciales empeoran la rosácea

Piensa en la barrera de la piel como una pared de ladrillos. En la rosácea, esa pared tiene grietas, pierde agua con facilidad y deja pasar irritantes. Cuando un facial “raspa”, “quema” o calienta mucho, esa pared se debilita más, aparece ardor y la rojez tarda en bajar.

Además está el “flushing”, esas rojeces repentinas que suben como una ola y que los procedimientos que suben la temperatura de la piel, o la inflaman de golpe, hacen que los vasos se dilaten más y se note el enrojecimiento, a veces con hinchazón o pústulas.

Señales de alerta antes de reservar una cita

Desconfía si te prometen un “pelado intenso” o una piel nueva en una sola sesión. Si durante la cabina te dicen que “es normal” sentir calor fuerte, escozor o picor persistente, conviene frenar. También es mala señal que usen productos con alcohol, mentol o alcanfor, o que te recomienden exfoliar a diario. Y si estás en pleno brote, no es el momento para procedimientos agresivos, tu piel está más reactiva.

Tratamientos faciales que conviene evitar (o posponer) si tienes rosácea

En general, lo que más problemas causa es la combinación de fricción, exfoliación intensa y calor. Algunos centros ofrecen de todo para todos, pero la rosácea no suele llevarse bien con ese enfoque. Si buscas mejorar textura o manchas, primero necesitas estabilidad, menos ardor y una barrera más fuerte. Con la piel calmada, tu dermatólogo puede valorar opciones concretas y más seguras.

Exfoliaciones agresivas: peelings químicos fuertes, scrub y microdermoabrasión

“Raspar” la piel con scrub, cepillos o microdermoabrasión puede aumentar rojez y sensibilidad, porque debilita aún más la barrera. Los peelings químicos fuertes también pueden provocar quemazón y brotes. Incluso ácidos comunes, como AHA o BHA en concentraciones altas, se vuelven demasiado para muchas pieles con rosácea, sobre todo si hay ardor o granitos activos.

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Procedimientos que calientan o lesionan la piel: láser ablativo y energía intensa sin control médico

Los láseres ablativos, como algunos equipos tipo CO₂, retiran capas de piel y pueden empeorar la inflamación si hay rosácea activa. Ojo con la frase “láser para todo”, sin diagnóstico ni plan. Para venitas o rojez persistente, algunos casos mejoran con tecnologías vasculares como láser tipo PDL o con IPL, pero suele funcionar mejor cuando la piel está estable y lo guía un dermatólogo.

Opciones más seguras y cómo hablarlo con tu dermatólogo o esteticista

La meta realista es control y comodidad, no “curar” en cabina. Prioriza limpiezas suaves, masajes mínimos y productos sin perfume, con enfoque en reparar barrera. Un buen profesional también te hablará del cuidado posterior, porque una piel reactiva se puede descompensar por días si sales irritada.

Alternativas que suelen tolerarse mejor

Suelen ir mejor los limpiadores suaves y las hidratantes reparadoras. En tratamiento médico, se usan activos como ácido azelaico, metronidazol o ivermectina según indicación, porque ayudan a controlar inflamación y brotes. Para rojez fija o vasos visibles, IPL o láser vascular suave pueden ser una opción, siempre con valoración y parámetros conservadores.

Si tienes rosácea, evita la agresión directa: exfoliación fuerte, fricción y calor intenso. Prioriza tratamientos suaves, piel estable y, cuando haga falta, control médico. Si algo arde o te enrojece de forma marcada durante la sesión, para y coméntalo en el momento. La mejor señal de progreso es una piel tranquila, que no “se enciende” con cualquier cosa.

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