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Dormir en camas separadas: un hábito que alarga la vida e incluso el matrimonio

«El amor no se manifiesta en el deseo constante de hacer el amor, sino en el deseo de dormir juntos», esto fue lo que escribió Milan Kundera en «La insoportable levedad del ser». Al fin y al cabo, lo cierto es que se puede tener sexo con quien queramos, pero el verdadero reto es quedarse juntos en la cama durante toda la noche.

Para muchos no hay acto más íntimo que dormir acompañado, y solo pueden hacerlo con alguien que realmente inspira su confianza. Mientras dormimos nos encontramos indefensos, perdemos el control sobre nosotros mismos y no recibimos lo que sucede en nuestro entorno.

En una sociedad cada vez más obsesivo-compulsiva como la nuestra, donde comienzan a abundar los fanáticos del control, domina la costumbre de tener sexo, vestirse rápidamente y decir «buenas noches» o directamente «adiós». Actualmente, la gente ya no duerme junta, y muchos incluso prefieren quedarse sin dormir antes que pasar la noche con alguien al lado. Después de todo, sin duda una buena noche de sueño vale más que una hora de sexo.

Y esto no es algo que solo se vea en los solteros, ya que, según una encuesta realizada en 2015 por la Fundación Nacional del Sueño, el 25% de las parejas casadas duermen en camas separadas, mientras que el 10% no solo dormían separados, sino que también en habitaciones diferentes.

No debe sorprendernos que el dormir por separado sea considerado como una especie de lujo, especialmente teniendo en cuenta que no todo el mundo puede permitirse tener dos habitaciones dobles de uso individual en la misma casa. Para la gran mayoría, dormir por separado es equivalente a que uno duerma en el dormitorio y el otro en la cocina o en la sala de estar, lo que es incómodo para una de las partes.

Sin embargo, los que siempre han pensado que dormir separados es un signo de crisis en la relación tendrán que pensarlo nuevamente, ya que, según los científicos, dormir juntos no consolida la unión, sino la complicidad de los dos durante el día y la cotidianidad.

Por lo tanto, la intimidad no tiene que ver con las sábanas, mucho menos es algo que se crea en la cama, es tomarse de la mano, mirarse a los ojos, contarse cosas, mostrar nuestras fragilidades y hacer el amor para después ir a dormir en camas separadas, porque ser pareja no anula la individualidad del otro.

De hecho, en algunos casos, dormir en camas separadas puede ayudar a la pareja a superar la crisis. Aspectos como los diferentes ritmos de vida, los ronquidos, la apnea obstructiva del sueño, el síndrome de las piernas inquietas, las preferencias como dormir con la televisión encendida o leer a altas horas de la noche pueden producir impaciencia y nerviosismo el uno hacia el otro, provocando discusiones, las cuales pueden ser evitadas simplemente durmiendo en habitaciones separadas, dándole a cada quien la libertad de descansar como prefiera.

Carolina Lombardi, doctora y neurofisiopatóloga del Instituto Auxológico de Milán, destaca algunos de los riesgos más comunes relacionados con una mala higiene del sueño: “obesidad, enfermedades cardíacas, deterioro cognitivo y depresión”, además de asegurar que el sueño es una de las formas más importantes que el cuerpo tiene para descansar, por lo que no se debe descuidar. Un sueño de mala calidad afecta a nuestro equilibrio físico y mental, por eso, dormir separados podría alargar no solo la duración de la pareja, sino también nuestra esperanza de vida.

Según Lombardi, aunque las parejas decidan separar las camas o las habitaciones, esta no debe ser la primera opción: «Lo primero debe ser abordar el problema desde el punto de vista médico, en lugar de adoptar una opción como separar las camas o cambiar de habitación en primera instancia. Siempre se deben evaluar todas las opciones».

Un buen dato a tener en cuenta es que existen diferencias entre las necesidades de los hombres y las mujeres al momento de descansar. Según Jim Horne, director del Centro de Investigación del Sueño de la Universidad de Loughborough, las mujeres necesitan dormir un poco más que los hombres debido a que ellas utilizan más su cerebro durante el día que los hombres.

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