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Enamorada de tu mejor amigo: ¿suerte o mala idea?

Nos estamos enamorando de nuestro mejor amigo. Le conocemos desde hace muchos años, quizá incluso desde nuestra época escolar: siempre ha sido nuestro confidente, nuestro paño de lágrimas, la primera persona en quién pensamos cuando queremos compartir una buena noticia. Entonces, en un momento dado, descubrimos una nueva emoción en nuestros gestos habituales, una atracción que antes no existía y que ahora nos hace sentir mariposas en el estómago, incluso en nuestros contactos físicos habituales. No hay duda: la relación ha cambiado, o está cambiando, en lo más profundo de nuestros corazones. ¿Pero es esto algo bueno? Si tenemos suerte, habremos encontrado un amor casi ideal, pero si las cosas van mal, habremos perdido tanto el amor como la amistad. ¿Qué hacer?

Analiza las ventajas y desventajas

Convertir una amistad en una relación de pareja no es fácil y es un paso sin retorno: es complicado, después de que el afecto se haya convertido en una relación sexual, volver al estado anterior por mucho que se intente. Por lo tanto, el miedo a arruinarlo todo y la decisión de moverse con la máxima precaución están justificados.

Sin embargo, si los sentimientos de ambas partes van en esa dirección, es correcto dar una oportunidad al sentimiento; una relación de amistad que se convierte en amor ofrece muchas ventajas: ya conocemos a nuestra pareja, somos capaces de apreciar sus méritos y de soportar sus defectos, no tenemos que temer sorpresas desagradables en relación con su pasado, incluido su pasado emocional. La confianza mutua ya está establecida y somos libres de ser nosotros mismos porque sabemos que ya hemos sido plenamente aceptados.

Trata de entender si tu amigo siente lo mismo que tú

Si realmente crees que estás enamorada y piensas que podría nacer una relación importante con tu amigo, entonces lo mejor que puedes hacer en la primera fase es tratar de entender si tus sentimientos podrían ser recíprocos de alguna manera. Es mejor no exponerse de inmediato: intenta más bien, de forma sutil, investigar sus sentimientos hacia ti. Tal vez él también esté enamorado, pero aún no se ha dado cuenta (los hombres son menos intuitivos que las mujeres en estas cuestiones) Por ejemplo, una estrategia que puede ser muy útil es hablarle de tus relaciones con otros hombres y observa sus reacciones ante tus confidencias: ¿parece molesto y contrariado o, mejor aún, celoso? ¿O te da simples consejos y comenta tranquilamente tus historias como lo haría un amigo?

Pon en práctica algunas estrategias de seducción

Si la táctica anterior no ha sido suficiente para aclarar la situación, prueba algo más. En otras palabras, coquetea un poco con tu amigo. Nada exagerado: algunas bromas, algunos mensajes ambiguos, una mirada especialmente cuidada cuando lo ves, un acercamiento un poco más físico (algunos abrazos más, una caricia en la cara…). Si está interesado, te lo hará saber. Él corresponderá a tus acercamientos físicos, se dará cuenta cuando tengas un bonito vestido y hará comentarios, etc…

¿Confesar los sentimientos o no?

Primero saca las conclusiones y haz un balance de los «experimentos»: ¿cómo ha reaccionado a tus pequeñas provocaciones? ¿Parece que corresponde? Si la respuesta es afirmativa, no hay nada que le impida abordar el temido tema. De forma delicada, por supuesto, haciéndole entender que existe la posibilidad de que vuestra amistad se convierta en algo más. No te precipites, porque podría retirarse simplemente por miedo. Por otro lado, si se trata de un amor verdadero, todo sucederá de forma natural: quizás sólo necesite un poco más de tiempo.

Si, por el contrario, sus reacciones a tus planteamientos han sido negativas, entonces las cosas son más complicadas. En este caso, hablar de tus sentimientos probablemente llevaría al fin de la amistad porque ambos se sentirían incómodos y avergonzados. Pero si tus sentimientos son fuertes y no te resulta fácil seguir viéndole y tratándole como a un amigo, no tienes más remedio que abordar el tema, pero debes ser consciente de las consecuencias.