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¿Somos más fuertes cuando vivimos en el campo?

Alergias alimentarias, asma, fiebre del heno, eccema… Los estudios lo confirman: las personas del campo están más protegidas contra estas patologías, que continúan progresando en los países industrializados. Su mayor resistencia se debería a la riqueza de la microbiota natural en la que viven y que los inmuniza contra ciertas enfermedades inflamatorias. Los microorganismos que se encuentran en la ciudad son menos variados, los habitantes urbanos serían más propensos a las alergias y al asma, agravados aún más debido a la contaminación.

La enzima A actuaría como un antiinflamatorio

Un equipo de investigadores europeos analizó el fenómeno, querían saber si el polvo en los establos (rico en patógenos) podría desempeñar un papel en el fortalecimiento del sistema inmunológico. Durante dos semanas, los ratones inhalaron el polvo recolectado de las granjas lecheras de Alemania y Suiza y expusieron a los roedores a los ácaros del polvo. Como resultado, los ratones que habían respirado polvo desarrollaron menos síntomas alérgicos que los que no inhalaron. Los científicos han encontrado en los ratones menos alérgicos el papel de una enzima, llamada A 20, que actuaría como un antiinflamatorio y atenuaría la respuesta del sistema inmunitario a los alérgenos. Pero eso no es todo.

En el campo hay menos estrés, depresión y obesidad

Durante una o dos décadas, los estudios han demostrado los múltiples beneficios de la exposición a un entorno natural en nuestra salud mental y física. Menos enfermedades cardiovasculares, estrés, depresión, consultas médicas, obesidad… La naturaleza incita a la práctica de una actividad física y contribuye a la prolongación de la esperanza de vida con muy buena salud.

 

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