Belleza

Todo lo que necesitas saber para reconocer la piel grasa

Tener un cutis hermoso, liso y luminoso no es nada sencillo, especialmente si se trata de una producción excesiva de sebo.

La piel grasa es un tipo de piel caracterizada por una elevada y excesiva oleosidad y por la presencia de puntos negros y espinillas, especialmente en la zona T del rostro, es decir, la frente, la nariz y la barbilla. Si tiendes a tener este tipo de piel, significa que la producción de sebo es abundante en todas las zonas del rostro y, por lo tanto, aparece uniformemente brillante y graso.

Sin embargo, si crees que tener la piel grasa es igual a tener una piel brillante, estás muy equivocada: en pieles muy grasas el sebo es más espeso y ceroso, volviéndose opaco y haciendo que la tez parezca apagada y asfixiada.

¿Qué características presenta la piel grasa?

Muchas personas para hacer referencia a la piel grasa utilizan los siguientes términos: sebo, brillo, granos, puntos negros, acné.

La piel grasa se caracteriza por una producción excesiva de sebo que se produce, que puede ser causado por varios factores. Usualmente, la piel grasa es muy brillante, pero como dijimos anteriormente, si el sebo es muy ceroso y espeso, la apariencia de la piel será opaca y sin brillo. Asimismo, cuando el sebo es espeso y ceroso, dificulta la transpiración cutánea y obstruye los folículos pilosos, haciendo que los microorganismos se desarrollen con más facilidad. Por ello es que se forman las espinillas en el rostro.

Esto que acabamos de describir es lo que todo el mundo esperaría de la piel grasa. Sin embargo, la piel puede  engañarnos, ya que hay casos en los que, a pesar de ser grasa, puede aparentar estar seca y con piel de naranja. Cuando esto sucede, la piel se encuentra asfixiada y es una condición causada por la dilatación de las paredes de los folículos pilosos obstruidos, que almacenan la sustancia grasa.

En palabras más simples, se habla de piel grasa cuando hay:

  • Grasa excesiva.
  • Piel muy brillante.
  • Tez apagada y sin brillo.
  • Acné.
  • Espinillas y barros.
  • Puntos negros.
  • Puntos blancos.
  • Piel seca y de naranja.
  • Poros dilatados.

Pieles grasas: Clasificación.

Como pudimos observar anteriormente, la piel grasa puede adquirir diversas formas. De modo que, reconocerla es sencillo, sin embargo, se puede clasificar de diferentes maneras y se puede agrupar en cuatro categorías:

Piel grasa.

En este caso, el sebo se presenta en una cantidad considerable, por lo que la piel se torna brillante y los poros se encuentran muy dilatados. La producción es fluida, pero no excesiva. Este tipo de piel se puede tratar con más facilidad que las otras.

Piel grasa seborreica.

Para este tipo de piel, las glándulas sebáceas funcionan a un ritmo rápido y el sebo se presenta en grandes cantidades. El sebo es espeso y la piel ya no es brillante, sino opaca y sin brillo. Además, una mayor producción de sebo dilata las paredes de los folículos y los poros, que ya estaban dilatados, contribuyendo a que la contaminación y bacterias del medio se introduzcan, facilitando la aparición de espinillas y puntos negros.

Piel grasa asfixiada (o falsamente seca).

En la piel asfixiada el sebo es más espeso y ceroso y no puede escapar, quedando atascado en los folículos. Pero también, junto con el sebo, quedan aprisionados restos de células y bacterias, lo que lleva a la aparición de puntos negros (abiertos) o puntos blancos (cerrados). A primera vista, no se define a la piel asfixiada como grasa, ya que parece seca y rugosa, debido a la cantidad de imperfecciones.

Piel impura y propensa al acné.

Todos tenemos conocimiento sobre las pieles impuras y propensas al acné: ¿Quién no lo sabe o no ha sido un adolescente con acné? Pero es algo que no solo afecta a los adolescentes, sino que también puede aparecer en los adultos de 25 a 30 años.

La característica principal de este tipo de piel es la presencia de granos o lesiones que contienen material purulento, y de pápulas, es decir, lesiones cutáneas. Desafortunadamente, la piel impura, con acné y las bacterias que la distinguen, generan reacciones inflamatorias, enrojecimiento y cambios bruscos en la temperatura de la piel.

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