Trastornos alimenticios: 10 señales para reconocerlos en niños y adolescentes

La nutrición y sus trastornos relacionados representan un importante problema de salud pública que cada vez es mucho más común: La anorexia y la bulimia se han presentado con mucha más frecuencia en edades tempranas durante los últimos años, tanto que los diagnósticos son cada vez más frecuentes en la pre adolescencia y la infancia.

Actualmente, hay alrededor de dos millones de adolescentes españoles que sufren de trastornos alimentarios. Los síntomas pueden empezar a manifestarse desde los 11 años y en algunos casos, desde los 8 años.

La principal señal es el rechazo a la comida o, por el contrario, comer grandes cantidades de alimentos, pero también se encuentra la respuesta masculina al vigor o la obsesión por un físico fuerte o el desarrollo de masa muscular.

¿Cuáles son las principales causas de este tipo de trastornos?

Se ha comprobado que las principales causas están relacionadas con factores psicológicos, culturales, familiares, biológicas y del desarrollo. El punto es que generalmente se debe a motivos psicológicos que afectan la perspectiva física. Por lo tanto, si no se tratan a tiempo y con métodos adecuados los síntomas, pueden convertirse en una patología permanente y comprometer la salud de todos los órganos y el funcionamiento general del cuerpo, los cuales, en casos graves, pueden llevar hasta la muerte.

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Este tipo de problemas deben ser tratados por un psicoterapeuta o por un equipo multidisciplinario especializado en el tratamiento de los trastornos alimenticios, por lo que no se debe dudar del tratamiento médico.

Reconocer los síntomas en un adolescente es apropiado para abordar y tratar el problema lo antes posible y evitar los efectos negativos a largo plazo. Los primeros signos de un trastorno de la alimentación pueden identificarse desde los 6 años de edad, antes de que aparezcan los síntomas reales del trastorno que son más visibles desde los 11 hasta los 16 años. Entre los principales síntomas se encuentran:

  1. Selectividad exagerada de los alimentos: rechazando alimentos de la mesa que no son de su agrado o que «le hacen sentir mal». Además de manifestar constantemente que es necesario eliminar ciertos alimentos porque están «contaminados» o son «insalubres» o «cancerígenos».
  2. Insatisfacción con su imagen corporal generalmente relacionada con su altura y peso: A medida que pasan los años, el cuerpo se va distorsionando cada vez más, por lo que la apariencia se convierte en una preocupación constante para el individuo.
  3. Exclusión por parte de sus compañeros, lo cual causa melancolía y autoevaluación.
  4. Irritabilidad hacia la familia, cambios de humor constantes y ataques de ira, ansiedad tanto por compromisos escolares como por situaciones familiares.
  5. Baja autoestima y una tendencia a juzgarse por aspectos de su apariencia física: En los pre adolescentes estos prejuicios suelen estar relacionados con el peso: «No valgo nada», «apesto».
  6. Pequeñas y crecientes obsesiones, incluso para cosas que no están relacionadas con la alimentación, al menos en las etapas iniciales del trastorno.
  7. Hiperactividad física acompañada de actitudes obsesivas: por ejemplo, correr todos los días hasta el agotamiento extremo, quitando tiempo a otras actividades incluso más agradables que sirven como entrenamiento físico.
  8. Negación absoluta sobre la sensación de hambre o exageración del apetito: La persona suele negarse a aceptar que tiene hambre, o, por el contrario, sobrevaloración constante del hambre: «Tengo demasiada hambre, siento que no he comido en años».
  9. Dificultades marcadas en las relaciones interpersonales, especialmente con los padres: apego excesivo hacia una figura paterna, generalmente hacia a la madre.

Cuando los padres identifican los síntomas en el momento oportuno, lo primero es visitar al pediatra o a un médico que ayude con la evaluación diagnostica y pueda definir los procedimientos a seguir para un tratamiento especializado.

Para el caso de los trastornos de la nutrición y la alimentación, se parte de que el diagnóstico temprano ayuda a una mayor probabilidad de curación, por lo que analizar bien los síntomas es importante para poder atender al problema de manera oportuna.