Un accidente cerebrovascular le salva la vida después de estar luchando contra un trastorno alimenticio

Tumbada en su cama de hospital conectada a varias máquinas, Simona Stankovska solo pensaba en que no quería morir. Pese a esto, tan solo 18 meses atrás era algo que ella estaba convencida de que quería hacer, ya que estaba siendo consumida por un desorden alimenticio que padecía desde hace años.

Simona sufrió un accidente cerebral a los 27 años mientras conducía por la autopista. Fue después cuando su neurólogo le confirmó la necesidad de una cirugía cerebral que la joven supo que tenía deseos de vivir.

Justo el día del accidente, ella había estado conduciendo cuando sufrió un desmayo al volante. «Estaba regresando a casa mientras conducía por la autopista, de repente noté que la luz del sol era demasiado brillante para mis ojos, segundos después sentí un fuerte dolor de cabeza y no podía entender lo que decía el GPS del coche. Lo siguiente que recuerdo es que estaba sobre mi regazo, un camión me estaba guiando y había disminuido la velocidad a al menos unas 20 millas por hora. Recuerdo que de alguna manera pude detenerme y llamar a mi madre usando una función del coche. Según cuenta mi madre, cuando se dio cuenta de que no podía hablar bien, llamó al 999 y me localizaron por medio del sistema GPS de mi teléfono.»

Ya en el hospital, se le diagnosticó un tipo raro de lesión cerebral llamada cavernoma, un grupo anormal de vasos sanguíneos que toman forma similar a la de una frambuesa, la cual había causado un derrame cerebral. El escaneo muestra donde se había formado el grupo de «frambuesa» en su cerebro.

Simona cuenta: «Nunca había oído hablar de un cavernoma. Cuando el neurólogo me dijo que necesitaba una cirugía en mi cerebro, lo primero que se me vino a la cabeza fue la idea terrorífica de que iba a morir. Fue extraño, porque solo 18 meses atrás, cuando mi trastorno alimenticio pasaba por su peor momento, estaba convencida de que quería morir, pero con lo que estaba sucediendo ahora me di cuenta de que tenía muchas ganas de vivir y seguir adelante.»

Simona, que actualmente tiene 32 años, desarrolló un desorden alimenticio cuando tenía 11 años, después de que un familiar hiciera un comentario sobre sus rodillas que la dejaría seriamente afectada. Ella contando su historia dice: «en ese entonces, tan pronto como llegué a casa, medí mi cuerpo e hice un gráfico para pegarlo en la puerta de mi habitación. Comencé a contar las calorías de manera obsesiva, limitando la cantidad de alimentos a tan solo una comida por día. Rápidamente perdí mucho peso y comencé a verme anoréxica. Recuerdo que mis padres estaban angustiados por mi cambio drástico. Pero una vez que conseguí estar tan delgada como para poder usar ropa de niños más pequeños, me sentí muy bien. la gente me decía que parecía enferma, pero en mi mente solo eran celos.»

Luego, a sus 16 años, Simona paso por una severa reacción alérgica después de usar un producto para teñir su cabello. «Los médicos me recetaron esteroides para ayudar a mi recuperación, lo que aumentó mucho mi apetito, así que comencé a comer más y más, por lo que ya no podía controlar mi anorexia y fui convirtiéndome en bulímica. Desde los 16 años hasta los 26, vomité casi todas las comidas, y ya trabajando como periodista toqué fondo. Con el tiempo, mi trastorno alimenticio comenzó a complicar mi trabajo, mis relaciones y mi vida en general».

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Simona dice que el derrame cerebral la «curó» de su trastorno alimenticio.

Simona sabía que era crucial que se mantuviera saludable en su recuperación y desesperada, llamó a la aseguradora de su compañía para recibir ayuda. A los tres días, ya era paciente en un centro de rehabilitación: «Pasé cuatro semanas en rehabilitación y fue muy difícil lo que tuve que pasar. Trabajé mucho en mis creencias principales, dejar de creer que era mi trastorno alimenticio y aprender a comer con moderación.»

Simona comenzó su viaje para volver a tener una buena salud, pero 18 meses después sufrió el derrame cerebral que le cambió la vida. Esperó durante tres meses para la operación, tuvo que mudarse con su madre, ya que no podía caminar sin ayuda.

«Sabiendo mi historial de trastornos alimentarios, los médicos dijeron que si mis síntomas se complicaban podía morir, ya que mi cavernoma sangraría nuevamente. Por eso tenía que cuidarme más que nunca para que mi recuperación fuera exitosa «asegura Simona.

La cirugía fue un éxito, y actualmente Simona se encuentra totalmente recuperada, disfrutando de una nueva oportunidad de vida.