Un implante cerebral para monitorear la función cerebral y tratar desórdenes neurológicos: la última apuesta de Elon Musk

Primero la apuesta del coche eléctrico con la creación de Tesla, luego la conquista del espacio con el nacimiento de SpaceX. Pero el último desafío de Elon Musk va más allá: el objetivo de entrar en el cerebro humano. Por eso en 2016 el visionario empresario de Silicon Valley quiso fundar Neuralink, una start-up especializada en neurotecnologías e inteligencia artificial.

Una sociedad cuyo principal objetivo es desarrollar interfaces neuronales implantables, dispositivos capaces de explorar y estudiar el cerebro de un ser humano de una forma completamente nueva, con un enorme potencial especialmente en los campos médico y científico. El paso final podría ser el tratamiento de muchos trastornos neurológicos, desde la pérdida de memoria hasta la depresión, según la presentación de Musk.

La «máquina cerebral» desarrollada hasta ahora tiene la apariencia de un chip del tamaño de una moneda: es inalámbrica y actualmente se está probando en cerdos. No es coincidencia que Musk presentara los resultados obtenidos con lo que llamó la «demostración de los tres cerditos». Una demostración en vivo del funcionamiento del dispositivo que, una vez implantado, nos permite observar las conexiones cerebrales del animal en una pantalla. En resumen, el cerebro como nadie lo había visto antes. La demostración resultó ser un éxito, con las señales del cerebro de Gertrude (así es como Musk llamó a un cerdo al que se le implantó el chip durante dos meses) visibles en tiempo real.

A finales del 2020 se probará en humanos

El desafío ahora es llegar a experimentar esta tecnología en un ser humano a finales de 2020. Musk explicó cómo Neuralink está desarrollando en particular dispositivos mucho más pequeños y flexibles, filamentos hasta diez veces más delgados que un cabello. «Será como tener un FitBit en el cerebro», dijo el gurú de Tesla y SpaceX, explicando que las posibles aplicaciones son un monitoreo de las funciones cerebrales hasta ahora imposibles, pero también el tratamiento de lesiones y traumas cerebrales. La mayor ambición, sin embargo, es hacer posible algún día una verdadera simbiosis entre la inteligencia humana y la artificial. Los prototipos de estos dispositivos tecnológicos ya han sido probados en al menos 19 animales diferentes con una tasa de éxito del 87%.

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