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Estilo de vida

Un médico revela el hábito en el desayuno que puede ayudarte a vivir más

¿Y si una parte de la longevidad se decidiera antes del primer café? El hábito de desayuno no es solo “comer algo”, también es el momento y el tipo de comida con el que arrancas el día.

En los últimos años, varios estudios han puesto el foco en dos ideas simples: desayunar temprano y priorizar un plato con proteínas. No es magia, es biología cotidiana, de esa que se nota en la energía, el hambre de media mañana y, a largo plazo, en el metabolismo.

El hábito clave: desayunar temprano y con proteínas al frente

Una cardióloga, la doctora Lauren Dal Farra, recomienda empezar el día con un desayuno “con proteínas al frente”, acompañado de grasas saludables y fibra. La lógica es clara: cuando el desayuno estabiliza el azúcar en sangre, el cuerpo deja de ir dando bandazos. Y ese “tono” que marcas por la mañana se arrastra al resto del día.

Piensa en el desayuno como el primer ladrillo de una pared. Si ese ladrillo es débil (solo azúcar o harinas refinadas), la pared se tambalea. Si es sólido (proteína, fibra y grasa buena), todo encaja mejor.

Qué dice la evidencia sobre longevidad y horario del desayuno

Investigadores vinculados a Harvard han observado que retrasar el desayuno se asocia con peor salud en personas mayores. En ese trabajo, cada hora de retraso se relacionó con un aumento del riesgo de muerte de alrededor de ocho a once por ciento. No significa que un día suelto te condene, pero sí que el patrón importa.

Además, otros análisis han asociado saltarse el desayuno con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares. En uno de los datos más citados, el riesgo de eventos cardíacos sube en torno a diecisiete por ciento en quienes lo omiten de forma habitual. El mensaje de fondo es práctico: el cuerpo agradece ritmos regulares.

Cómo debería ser un desayuno rico en proteínas (sin complicarte)

La clave no es comer mucho, es comer con intención. Un desayuno rico en proteínas suele incluir opciones como huevos, yogur natural alto en proteína o frutos secos. Si lo acompañas con fibra (fruta entera, avena, pan integral) y grasa saludable (aguacate, aceite de oliva, crema de frutos secos), sueles notar menos picos de hambre y menos antojos.

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La doctora Dal Farra también advierte de un clásico: empezar con productos muy azucarados puede disparar la glucosa y luego provocar bajones. Ese sube y baja se siente como niebla mental, irritabilidad y ganas de “picar” algo poco después.

Consejos realistas para sostener el hábito sin sufrir

Si quieres probar este enfoque, una regla sencilla es desayunar dentro de la primera o segunda hora tras despertarte. No hace falta un ritual perfecto, hace falta repetición. Preparar la noche anterior un yogur con fruta y frutos secos, o dejar listo un par de huevos cocidos, puede ser la diferencia entre hacerlo y saltártelo.

Si por la mañana no tienes hambre, no te obligues a un plato enorme. Empieza pequeño, pero mantén la idea: proteína primero, y el dulce al final, si apetece. Y si tienes diabetes, problemas digestivos o tomas medicación, conviene ajustar el horario con tu profesional de salud.

Revisa tu mañana de un día normal y pregúntate si tu desayuno te sostiene o te empuja a picar. Empieza por un cambio pequeño y mantenible; la constancia suele ganar a la perfección.

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