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Cocina, recetas y alimentos

7 beneficios poco conocidos del ajo para la salud

El ajo suele verse como un simple “toque” de sabor, pero es más parecido a una pequeña cápsula vegetal. Al cortarlo o machacarlo, su tejido se rompe y aparecen compuestos azufrados (como los dialil sulfuros y la alicina), responsables de buena parte de su interés nutricional.

Aun así, conviene ponerlo en su sitio. Varios hallazgos recientes vienen de estudios en animales y de datos observacionales en personas. Por eso se habla de beneficios prometedores, no de curas.

Lo que se activa cuando se corta o se machaca un diente de ajo

En el ajo, lo importante no es solo “comerlo”, sino cómo se prepara. Cuando se pica o se machaca, se mezclan sustancias que antes estaban separadas dentro del diente y se forman compuestos bioactivos. Ese cambio explica por qué el ajo fresco suele asociarse con efectos antioxidantes y antiinflamatorios.

En términos sencillos, esos compuestos pueden ayudar a frenar el estrés oxidativo y la inflamación, dos procesos que empujan el desgaste del cuerpo con el paso del tiempo y aparecen en muchas enfermedades comunes.

Un gesto práctico marca la diferencia: si se deja reposar el ajo ya picado unos minutos antes de llevarlo al fuego, se facilita la formación de parte de esos compuestos. Y, cuando se pueda, conviene priorizar el ajo fresco frente a opciones muy procesadas.

¿Por qué el calor y el tiempo cambian su potencia?

El calor alto puede reducir parte de las sustancias más sensibles del ajo. En cocina diaria, un reposo breve tras picarlo y una cocción moderada suelen conservar mejor su “fuerza” natural, sin convertirlo en un alimento milagroso.

Foto Freepik

Beneficios poco conocidos del ajo relacionados con el envejecimiento saludable

Algunos grupos de investigación, incluidos trabajos difundidos desde el ámbito científico español, han descrito que ciertos compuestos del ajo (como los dialil sulfuros) se relacionan con un envejecimiento celular más lento en modelos animales, en parte por menor daño oxidativo. En esos mismos modelos también se ha observado una posible mejora de la longevidad y, más importante, de la calidad de vida en la vejez, como si el cuerpo “llegara” con menos desgaste a edades avanzadas.

En el terreno del cerebro, se han visto señales de ayuda en procesos tipo Alzheimer en animales, un campo donde la salud cerebral está muy ligada a la inflamación y al equilibrio del metabolismo. En paralelo, se han descrito efectos sobre el músculo: el ajo aparece como apoyo frente a la sarcopenia, esa pérdida gradual de masa y función muscular que vuelve más frágil a la persona mayor.

El metabolismo es otro punto menos comentado. Revisiones recientes en humanos asocian el ajo con mejor control de glucosa y marcadores ligados a la diabetes tipo 2, y también con mejoras en lípidos sanguíneos como los triglicéridos. En estudios observacionales, se han visto asociaciones con mejor perfil metabólico y menos problemas cognitivos, y en algunos casos con mayor fuerza o mejor desempeño físico. La cautela sigue siendo clave: la evidencia es más sólida en animales y, en personas, muchas conclusiones vienen de asociaciones, no de ensayos amplios.

Lo que se sabe en animales y lo que solo se ha observado en personas

Un resultado en ratones no garantiza el mismo efecto en humanos. Y un estudio observacional puede señalar una relación, pero no prueba causa, porque influyen dieta, ejercicio y otros hábitos.

¿Cómo incluir ajo con seguridad sin convertirlo en un remedio mágico?

El ajo funciona mejor como parte de una dieta variada, usado de forma constante y razonable en comidas cotidianas. Suele preferirse fresco, y ajustado a la tolerancia digestiva de cada persona, porque no a todo el mundo le sienta igual. En algunas personas, un exceso puede causar irritación gástrica o empeorar la acidez, y el aliento fuerte es un efecto común.

También conviene recordar las interacciones: el ajo puede interferir con anticoagulantes y, por prudencia, se suele vigilar antes de una cirugía. Si la persona toma medicación, tiene un trastorno de coagulación, controla diabetes con fármacos, o está embarazada, lo sensato es comentarlo con un profesional de salud antes de aumentar mucho su consumo.

Señales de que conviene bajar la cantidad o consultar

Si aparecen acidez intensa, dolor de estómago, moretones fáciles (sobre todo con ciertos fármacos) o signos de alergia, conviene reducir y pedir orientación.

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El ajo no sustituye tratamientos, pero puede sumar. Su interés está en lo pequeño y repetido: un ingrediente humilde que, bien preparado, encaja en un patrón de alimentación que cuide músculo, cerebro y metabolismo. La clave es usarlo con realismo, escuchar al cuerpo y mantener la constancia sin perseguir atajos.

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