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Salud

Dolor en el codo interno: ¿Cómo tratarlo?

A veces empieza con un gesto tonto, cargar una bolsa del súper, girar una llave, apretar una mancuerna. De pronto, la parte interna del codo “protesta” y cada agarre se vuelve incómodo. En muchos casos, ese dolor se relaciona con una sobrecarga de los tendones del antebrazo (la conocida epicondilitis medial o codo de golfista) y suele mejorar cuando se sigue un plan claro, sin prisas y sin castigar la zona.

¿Qué suele causar el dolor en la cara interna del codo y cómo reconocerlo?

El dolor en la cara interna del codo aparece, con frecuencia, por uso repetitivo de la muñeca y el antebrazo. No es un problema exclusivo del golf: también se ve en trabajos con herramientas, jardinería, cocina, cargar peso o teclear con tensión. Puede comenzar poco a poco, como una molestia que se instala, o tras un esfuerzo puntual, como una “tirada” más aguda.

También influyen factores como superar los 40 años, el tabaquismo o entrenar durante mucho tiempo sin descanso suficiente. El punto clave es entender que el tendón se irrita cuando se le pide más de lo que puede tolerar, día tras día.

Aun así, no todo dolor interno del codo es tendón. A veces se confunde con irritación del nervio cubital, con artritis, o incluso con dolor referido desde cuello u hombro. Por eso conviene mirar el conjunto de síntomas.

Señales típicas del codo de golfista (epicondilitis medial)

Suele doler al agarrar objetos, al girar la muñeca o al flexionarla contra resistencia. Es común notar sensibilidad al tocar el “hueso” interno del codo y cierta debilidad al apretar. En algunas personas, la molestia baja por el antebrazo y empeora con tareas repetidas, como si el tendón se quedara sin margen.

¿Cuándo puede ser otra cosa y conviene confirmarlo?

Si aparece hormigueo o adormecimiento en anular y meñique, sobre todo al mantener el codo doblado, puede haber componente de túnel cubital. Si predomina rigidez articular, dolor más difuso o limitación clara, conviene descartar un problema articular. Y si el dolor cambia con el cuello o el hombro, puede haber un origen más arriba. Ante la duda, una valoración profesional evita dar palos de ciego.

Primeros cuidados en casa para bajar el dolor sin empeorarlo

En la primera o segunda semana, el objetivo no es “aguantar”, sino bajar la irritación. El descanso total suele jugar en contra, porque el brazo se vuelve más sensible. En cambio, funciona mejor reducir lo que dispara el dolor y mantener actividad suave.

Es útil medir el progreso con señales simples: menos dolor al agarrar, menos sensibilidad al tocar la zona y más tolerancia a tareas diarias. Si cada día duele igual o más, probablemente se está exigiendo de más.

Foto Freepik

Reposo relativo, ajustes de actividad y frío local

El reposo relativo significa seguir usando el brazo, pero evitando el agarre fuerte y los giros repetidos que encienden el dolor. El hielo envuelto en una tela, entre 15 y 20 minutos varias veces al día, ayuda a calmar la zona. También conviene revisar herramientas, raqueta, ratón o cargas, porque un pequeño ajuste puede reducir mucha tensión.

Medicamentos y soporte externo, qué ayuda y qué no

Los antiinflamatorios como ibuprofeno o naproxeno pueden aliviar, pero solo si son adecuados para esa persona y siguiendo indicación sanitaria. Una cincha o soporte a veces reduce la carga del tendón al trabajar, aunque no reemplaza la recuperación ni corrige la causa.

Ejercicios y fisioterapia, la parte que más cambia el pronóstico

El tendón mejora cuando recibe carga progresiva y bien dosificada. Se empieza suave y se sube el reto cuando el dolor lo permite, sin buscar “matarlo” a ejercicios. La constancia suele ganar a la intensidad.

La fisioterapia puede guiar el proceso y ajustar la técnica, sobre todo si el dolor lleva semanas o vuelve cada vez que se retoma el deporte o el trabajo.

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Movilidad y estiramiento de flexores sin provocar dolor

Un estiramiento clásico es con el brazo extendido y la palma hacia arriba, llevando la muñeca hacia abajo con ayuda de la otra mano. Debe sentirse tirantez leve, no un pinchazo. Si duele fuerte, se reduce el rango y se prueba más tarde.

Fuerza progresiva: isométricos y trabajo excéntrico para el tendón

Los isométricos consisten en apretar una pelota o una toalla sin mover la muñeca, buscando una tensión tolerable. Los ejercicios excéntricos suelen ser bajar la muñeca lentamente con poco peso, controlando la vuelta. Cuando se hacen con técnica y paciencia, suelen mejorar la tolerancia del tendón a la carga.

¿Cuándo buscar ayuda médica y qué tratamientos pueden indicar?

Si el dolor no baja en 1 a 2 semanas, si hay pérdida clara de fuerza, inflamación marcada, moretón tras una lesión, síntomas nocturnos o impacto real en trabajo y deporte, conviene consultar. En consulta, suelen bastar la exploración y, si hace falta, una ecografía para afinar el diagnóstico.

Señales para consultar pronto

El dolor muy intenso, la debilidad llamativa y el hormigueo persistente en dedos merecen revisión pronta, especialmente si empeoran al doblar el codo o si aparece torpeza al agarrar.

Opciones si el dolor persiste: terapia, ondas de choque e infiltraciones

Si no mejora, se suele escalar con fisioterapia (terapia manual y plan de fuerza) y técnicas como punción seca o electrólisis guiada según el caso. También se usan ondas de choque extracorpóreas. Las infiltraciones pueden considerarse, con corticoide para alivio a corto plazo o PRP con un enfoque más orientado al tendón. La cirugía suele reservarse para meses sin respuesta y siempre con indicación especializada.

El camino suele ser paso a paso, calmar la irritación, recuperar fuerza y ajustar lo que sobrecarga el codo. Vale la pena observar qué gestos lo disparan y modificarlos durante un tiempo. Si aparecen señales de alarma o el dolor se estanca, una valoración a tiempo ahorra semanas de frustración y recaídas.

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