Así es la alimentación que puede mejorar el hígado graso
El hígado graso es, en pocas palabras, una acumulación de grasa en el hígado, que muchas veces aparece cuando sobran calorías durante meses y el cuerpo se vuelve menos sensible a la insulina, así que el azúcar y la grasa circulan más de la cuenta.
La buena noticia es que no hace falta comer “perfecto”, porque con cambios simples y constantes, suele bajar la grasa hepática y mejoran analíticas como transaminasas y triglicéridos. La clave es elegir un patrón de comida que puedas sostener.
La base del plato
Para la mayoría de personas con hígado graso, funciona mejor un estilo tipo mediterráneo: comida real, mucha planta, y grasas de buena calidad. No es una moda, es una forma práctica de recortar azúcar y harinas refinadas, que suelen disparar el apetito y sumar calorías sin saciar.
Piensa en tu plato como una mesa estable, no como una cuerda floja. Cuando priorizas verduras, legumbres y cereales integrales, sube la fibra y baja el “pico” de azúcar en sangre. Y cuando la grasa viene sobre todo de aceite de oliva y frutos secos, el hígado recibe un combustible más amable que el de fritos y ultraprocesados.
Qué alimentos conviene elegir casi a diario
Verduras en cada comida y fruta entera como postre o merienda. Legumbres varias veces por semana, y cereales integrales como avena o arroz integral. Proteínas sencillas, como pollo o pavo, huevos y pescado, con pescado azul un par de veces por semana si te gusta. Para el día a día, aceite de oliva virgen extra como grasa principal, un puñado pequeño de frutos secos, y yogur natural o kéfir bajos en grasa. La fibra de estos alimentos ayuda a controlar el azúcar y a llegar con menos hambre a la siguiente comida.
Qué alimentos es mejor limitar al máximo (y por qué)
Refrescos, bebidas azucaradas, bollería, “snacks” y salsas industriales. También conviene recortar fritos, embutidos, carnes muy grasas, y pan, arroz o pasta blancos. Suelen concentrar calorías, sal y grasas poco favorables; además, facilitan comer de más sin darte cuenta.
Ojo con las grasas trans y el exceso de grasas saturadas, presentes en muchos ultraprocesados, mantequilla, nata y algunos quesos. En hígado graso, ese combo no suele perdonar.

Porciones, horarios y hábitos
El objetivo más útil suele ser perder peso poco a poco si sobra. Una bajada gradual, cercana a una décima parte del peso corporal, se asocia a mejoras claras en la grasa del hígado en muchas personas. No es cuestión de pasar hambre, sino de reducir el “extra” diario que se cuela en bebidas, picoteo y raciones grandes.
Cómo comer para no picar todo el día y llegar con menos hambre
Mantén horarios parecidos y arma cada comida con proteína y fibra. Un plato de legumbres con verduras sacia más que un sándwich de pan blanco. Si aparece hambre por ansiedad, prueba primero agua, café o té sin azúcar, o una infusión; a veces es sed, cansancio o estrés disfrazado.
Alcohol, bebidas y “trucos” que no ayudan
El alcohol puede empeorar el hígado graso, así que lo sensato es evitarlo o seguir la indicación médica. Y aunque un zumo sea “natural”, concentra azúcar; mejor la fruta entera. No confíes en suplementos milagro. Si tomas medicación o tienes diabetes o colesterol alto, ajusta cambios con un profesional.
Un día de ejemplo, fácil de copiar, con sabor y sin castigos
Por la mañana, una tostada integral con tomate y aceite de oliva, o con aguacate, y un café sin azúcar si te apetece. A media mañana, si hace falta, yogur natural con fruta entera.
En la comida, una ensalada grande con garbanzos, verduras de temporada y aceite de oliva, y de segundo pescado a la plancha. Por la noche, verduras al horno con especias y una porción de pollo o una tortilla, y de postre fruta. Simple, saciante y repetible.
Si hoy te parece mucho, elige un solo cambio esta semana: cambiar refrescos por agua, o pasar a integrales, o cocinar con aceite de oliva en lugar de fritos. Esa pequeña decisión, repetida, mueve la aguja.
Y no lo hagas a ciegas: el seguimiento médico es importante, sobre todo si hay diabetes, colesterol alto o medicación. Tu hígado responde bien a la constancia; apuesta por hábitos que puedas mantener y notarás el cambio. Paso a paso cuenta.