Qué medicamentos no debe tomar una persona con presión alta (y por qué)

Una persona con presión alta puede ver cómo sus cifras suben por algo tan cotidiano como un antigripal o un antiinflamatorio. No se trata de fármacos “prohibidos” para todo el mundo, sino de productos que a menudo elevan la presión o restan efecto a los antihipertensivos. Por eso, si la tensión no está bien controlada, conviene consultar con el médico o el farmacéutico antes de empezar algo nuevo, incluso si es de venta libre.
Medicamentos de venta libre que suelen subir la presión sin que la persona lo note
Muchos problemas empiezan en el pasillo de resfriados. Los descongestionantes nasales pueden estrechar los vasos sanguíneos, así que la presión sube como si se apretara una manguera. Entre los más conocidos están la pseudoefedrina y la fenilefrina, que aparecen en múltiples productos para catarro, sinusitis o alergia.
También hay analgésicos que complican el control. Los AINE (antiinflamatorios no esteroideos) como ibuprofeno o naproxeno pueden favorecer la retención de líquidos y disminuir el efecto de algunos tratamientos para la hipertensión. La aspirina, cuando se usa a dosis altas y de forma repetida, también puede dar problemas en ciertas personas.
Además, algunos formatos “cómodos” esconden un detalle importante: el sodio. Varias presentaciones efervescentes, antiácidos o sales para el malestar estomacal pueden aportar sodio extra, lo que empuja la presión hacia arriba en personas sensibles.
Una regla práctica: en productos para resfriado, lo más arriesgado suele estar en “descongestionante”, y en los “combinados” puede venir más de un ingrediente que sube la presión.
Fármacos con receta que pueden descontrolar la hipertensión o chocar con el tratamiento
A veces el medicamento es necesario por otra enfermedad y, aun así, puede desajustar la tensión. Algunos antidepresivos, por ejemplo venlafaxina o bupropión, pueden elevar la presión en parte de los pacientes. En esos casos, el equipo médico suele ajustar dosis, cambiar el fármaco o intensificar el control domiciliario.
Los anticonceptivos con estrógenos también pueden aumentar la presión en ciertas usuarias. Algo parecido ocurre con los corticoides (como prednisona o dexametasona), que tienden a causar retención de líquidos. En trasplantes o enfermedades autoinmunes, inmunosupresores como ciclosporina o tacrolimus pueden asociarse a hipertensión y requieren seguimiento estrecho.
Otros ejemplos que merecen vigilancia son los estimulantes para bajar peso (como fentermina), el exceso de hormona tiroidea por dosis altas de levotiroxina y algunos tratamientos para migraña con efecto vasoconstrictor. La idea clave es simple: no se deben suspender por cuenta propia, se deben ajustar con el médico y medir la presión con más frecuencia al iniciar o cambiar un tratamiento.
Suplementos, hierbas y “energizantes” que también cuentan como medicamentos
Lo “natural” no siempre es suave. La efedra (ma-huang) se asocia con aumentos de presión y frecuencia cardiaca. El ginseng y el guaraná pueden estimular y elevar la tensión, sobre todo si se combinan con café u otros excitantes. El regaliz es un clásico silencioso: incluso en cantidades pequeñas puede subir la presión y reducir el efecto de algunos antihipertensivos.
También cuentan las interacciones. La árnica y el hipérico (hierba de San Juan) pueden interferir con tratamientos, por eso se recomienda informar siempre de su uso. En el día a día, conviene desconfiar de bebidas energéticas, “pre-entrenos” y productos para adelgazar, ya que a veces concentran estimulantes.
Lo más útil es que la persona lleve una lista completa de todo lo que toma, incluidos tés, gotas, vitaminas y polvos.
¿Cómo reducir riesgos en la vida diaria sin volverse experto en farmacia?
La prevención empieza por elegir mejor. Para resfriados, suele ser más seguro optar por opciones sin descongestionantes y centradas en aliviar síntomas. Con el dolor, muchos pacientes necesitan alternativas a los AINE, pero eso se decide según su historial y su tratamiento.
Además, conviene revisar etiquetas y abreviaturas, y tener en cuenta que un “antigripal” puede juntar varios activos en una sola cápsula. Cuando se inicia un medicamento nuevo, se recomienda medir la presión en casa durante los primeros días y comentar cualquier cambio sostenido con el profesional de salud.
Si aparecen señales como subidas mantenidas, dolor de cabeza muy intenso, falta de aire o dolor en el pecho, lo prudente es consultar pronto.
Muchas subidas de tensión vienen de medicamentos comunes, no de “mala suerte”. Por eso, leer etiquetas, avisar de suplementos y no autoajustar tratamientos ayuda a mantener la hipertensión bajo control sin vivir con miedo, solo con un poco más de atención.
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