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Salud

Ataque cardíaco o insuficiencia cardíaca: ¿Sabes la diferencia?

Una persona nota dolor en el pecho al subir escaleras, otra se despierta ahogada en la madrugada. A simple vista, ambos casos asustan y suenan parecidos, pero no siempre hablan de lo mismo. Entender la diferencia entre ataque cardíaco e insuficiencia cardíaca ayuda a reaccionar mejor, sin entrar en pánico y sin perder tiempo.

El ataque cardíaco suele ser un bloqueo repentino, como una tubería tapada de golpe. La insuficiencia cardíaca, en cambio, se parece más a una bomba que con los meses va perdiendo fuerza. Los síntomas pueden cruzarse, por eso conviene fijarse en el patrón y en la rapidez con la que aparece el problema.

¿Qué es un ataque cardíaco y por qué sucede?

Un ataque cardíaco también se llama infarto de miocardio. Ocurre cuando una arteria bloqueada impide que la sangre llegue a una parte del músculo del corazón. Lo más común es que haya una placa acumulada en la pared del vaso y que, de pronto, se forme un coágulo encima. En minutos, esa zona queda con falta de oxígeno y empieza a dañarse.

Por eso es una urgencia que no admite espera. No es un “dolor fuerte y ya está”, es tejido del corazón que puede morir si no se restablece el flujo. A veces aparece en reposo; otras, tras esfuerzo o estrés. Y aunque se asocie a personas mayores, también puede ocurrir antes si hay factores de riesgo como tabaquismo, colesterol alto, diabetes o hipertensión.

Señales típicas de un infarto que no conviene ignorar

El dolor en el pecho suele sentirse como presión, opresión o peso, y no cede en pocos minutos; puede correrse a brazo, cuello, mandíbula o espalda. Se pueden sumar sudor frío, náuseas, mareo y falta de aire repentina. En algunas personas el dolor no es intenso o se presenta como molestia rara, por eso el contexto y la persistencia importan.

¿Qué es la insuficiencia cardíaca y cómo se nota en el día a día?

La insuficiencia cardíaca no significa que el corazón se pare. Significa que bombea peor, porque está debilitado o rígido, y el cuerpo recibe menos sangre de la que necesita. Suele ser progresiva, con altibajos, y a menudo aparece después de años de presión alta, un infarto previo, problemas de válvulas o ritmos irregulares.

En lo cotidiano se nota en detalles: caminar dos manzanas y parar, cansarse al ducharse, despertarse con sensación de ahogo o necesitar más almohadas. También puede aparecer retención de líquido, como si el cuerpo guardara agua “de más” en tobillos, piernas o abdomen.

Síntomas frecuentes de insuficiencia cardíaca que suelen avanzar poco a poco

Son comunes el cansancio constante, la dificultad para respirar al esfuerzo o al acostarse, tos con flema clara y hinchazón en piernas o tobillos. A veces hay subida rápida de peso por líquido y latidos rápidos o irregulares. Muchas personas notan que empeora por la noche o al tumbarse.

Foto Freepik

¿Cómo diferenciarlos rápido, qué hacer y cómo reducir el riesgo?

La pista más útil suele ser el inicio. El ataque cardíaco acostumbra a ser repentino y dominado por dolor u opresión en el pecho; la insuficiencia suele ir de menos a más, con falta de aire y edema que se acumula. Ante sospecha de infarto, la acción es clara: llamar a emergencias y no esperar a “ver si se pasa”. Tampoco conviene conducir a solas.

Si se sospecha insuficiencia por empeoramiento sostenido, toca consulta médica pronto, sobre todo si aparece falta de aire nueva, hinchazón marcada o aumento rápido de peso. Para bajar el riesgo en ambos casos ayudan medidas simples: controlar la presión arterial, azúcar y colesterol, moverse a diario, comer con menos sal, y dejar de fumar. Seguir el tratamiento indicado marca una diferencia real.

Cuándo es una emergencia y cuándo toca pedir cita lo antes posible

Es emergencia si hay dolor de pecho que dura varios minutos, desmayo, falta de aire intensa, palidez o sudor frío. Requiere evaluación médica rápida si la falta de aire sube con los días, los tobillos se hinchan, se duerme sentado o con varias almohadas, o aparece cansancio extremo. En cualquiera de los dos escenarios, no esperar suele ser la mejor decisión.

Reconocer el patrón ayuda a actuar a tiempo: el ataque cardíaco pide respuesta inmediata, la insuficiencia cardíaca pide vigilancia y ajuste médico. Ambos problemas comparten factores de riesgo y, a veces, uno lleva al otro. Si hay antecedentes personales o familiares, o si aparecen señales nuevas, una revisión médica orienta, evita sustos repetidos y puede prevenir complicaciones graves.

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