Cómo prevenir y aliviar la artritis de rodilla
La artritis de rodilla suele referirse a la artrosis, un desgaste progresivo que afecta a la articulación y puede provocar dolor, rigidez y limitación al moverse. Duele porque la rodilla no solo “roza”, también se irrita: se inflaman tejidos, cambia la forma de cargar el peso y el cuerpo se vuelve más sensible al movimiento. Aun así, no todo dolor de rodilla es artritis. A veces es un tendón, una sobrecarga o una lesión reciente. La buena noticia es que, con hábitos diarios, movimiento seguro y un plan de alivio simple, muchas personas recuperan control y vuelven a caminar con más confianza.
Qué pasa dentro de la rodilla y por qué el dolor no siempre significa “más daño”
El cartílago actúa como un “acolchado” que ayuda a que el fémur y la tibia se deslicen. Cuando se deteriora, el hueso recibe más carga y la articulación puede inflamarse. Pero el dolor no siempre va en línea recta con el desgaste: una rodilla puede doler más por rigidez, por irritación tras un esfuerzo, o por semanas de inactividad que la vuelven más sensible. También empeoran los síntomas los picos de carga (hacer mucho de golpe), los giros con el pie fijo y moverse con mala mecánica.
Señales típicas y señales de alarma que no conviene ignorar
Son frecuentes la rigidez al arrancar, el dolor al subir escaleras, crujidos y algo de hinchazón tras actividad. Conviene consultar sin demora si aparece:
- Derrame importante, enrojecimiento marcado o fiebre,
- Bloqueo, incapacidad para apoyar, inestabilidad clara.
Prevención diaria que de verdad protege la rodilla
La rodilla se parece a una bisagra: si se usa siempre en el mismo ángulo y con demasiada carga, se queja; si se mueve a diario y se fortalece alrededor, suele tolerar más. El objetivo es bajar carga innecesaria y mejorar la capacidad de la articulación para “aguantar”. Ayuda revisar tres básicos: peso (sin obsesión, con constancia), movimiento diario (aunque sea corto), y postura en tareas repetidas. Un calzado estable y cómodo también reduce golpes y compensaciones.
Peso, alimentación simple y sueño: tres palancas para bajar inflamación
El exceso de peso aumenta la carga en cada paso y puede empeorar el dolor. Incluso pequeñas pérdidas sostenidas marcan diferencia; algunos estudios observan menos riesgo de artrosis de rodilla con descensos moderados de peso a largo plazo. En la mesa, funciona lo simple: proteínas, frutas, verduras, legumbres, grasas saludables e hidratación. Y si se duerme mal, el cuerpo amplifica el dolor; mejorar el sueño suele bajar la sensibilidad.
Moverse “con inteligencia” en la vida real (sentarse, levantarse, escaleras)
Al levantarse, conviene usar más cadera que rodilla y apoyarse con las manos si hace falta. En escaleras, mejor control que prisa. Para cargar bolsas, repartir peso y evitar torsiones. Y si se pasa mucho tiempo sentado, alternar posiciones y levantarse unos minutos reduce rigidez. La técnica suma cuando se repite cada día.
Alivio y ejercicio: lo que más ayuda cuando ya hay dolor
La base más útil suele ser el ejercicio guiado y la fisioterapia. El reposo total acostumbra a rigidizar más y a quitar fuerza, lo que hace que la rodilla “pese” en cada paso. El plan busca fortalecer muslo y cadera, mejorar movilidad y recuperar confianza al cargar. Empezar suave y progresar es clave. El dolor durante el movimiento debe ser tolerable y no dejar una resaca intensa al día siguiente.
Ejercicios de bajo impacto y fortalecimiento que suelen ir mejor
Suelen ir bien caminar a ritmo cómodo, bicicleta estática, piscina o elíptica suave. En fuerza, ejercicios progresivos para cuádriceps y glúteos suelen aliviar al mejorar el control de la rodilla. La regularidad gana a la intensidad, mejor poco y constante.
Calor, frío y analgésicos de venta libre: cómo usarlos sin complicarse
El calor suele ayudar cuando domina la rigidez; el frío encaja mejor si hay hinchazón o dolor tras actividad. Analgésicos o antiinflamatorios pueden aliviar de forma temporal, pero conviene usarlos con prudencia y respetar indicaciones, sobre todo si hay problemas gástricos, renales o cardiovasculares.
Cuándo conviene ir al médico y qué opciones pueden ofrecer
Si el dolor limita la vida diaria, hay hinchazón persistente, la marcha cambia, aparecen inestabilidad o los síntomas empeoran durante semanas, toca valoración. El médico puede ajustar el diagnóstico, pedir pruebas si hacen falta y proponer un plan escalonado. Cuando ejercicio y hábitos no alcanzan, existen infiltraciones (por ejemplo, ácido hialurónico o PRP) según el caso. Las terapias muy publicitadas, como “células madre”, requieren cautela si no hay evidencia sólida.
Infiltraciones y tratamientos guiados: qué esperar y para quién suelen servir
El ácido hialurónico puede ofrecer alivio durante meses en algunas personas. El PRP podría ayudar en artrosis leve a moderada, tras valoración. La elección depende del grado de artrosis, actividad y objetivos, y no reemplaza el movimiento.
Volver a una rodilla más llevadera empieza con un plan sencillo: movimiento suave, fuerza progresiva, ajustes diarios y consulta si hay señales de alarma o no mejora. Con fuerza, constancia y buena técnica, la rodilla suele recuperar margen y el dolor deja de mandar en el día a día.