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Sexo y relaciones

En una piscina, un jacuzzi, en la ducha, al aire libre: Los riesgos de tener sexo en el agua

Vacaciones, un spa, una ducha compartida, la idea suena fácil: agua, intimidad y cero preocupaciones. Pero el sexo en el agua no funciona como en las películas. El agua no “ayuda”, a menudo complica.

Sin juzgar a nadie, conviene saber qué puede pasar: menos lubricación y más roce, irritación por químicos o sal, más probabilidades de molestias urinarias y vaginales, fallos del preservativo, microbios en aguas recreativas y riesgos físicos (resbalones, golpes, incluso ahogamiento). La diferencia entre una anécdota divertida y una semana incómoda suele estar en estos detalles.

Lo que el agua le hace al cuerpo: más fricción, más irritación

El mito más común es creer que el agua actúa como lubricante. En realidad, arrastra la lubricación natural y puede dejar la piel más seca. Esa sequedad aumenta la fricción y hace que la penetración o el roce se sientan ásperos, aunque al principio parezca que “resbala”.

¿Por qué puede doler aunque parezca que resbala?

Cuando hay más fricción, aparecen micro-rozaduras en genitales y mucosas. A veces no se ven, pero se notan después: escozor al orinar, ardor en la ducha o una sensación de “piel irritada” durante horas. Esas pequeñas lesiones también facilitan que entren gérmenes y que la zona se inflame con más facilidad.

Químicos y sal: cuando la piel se inflama con facilidad

En piscinas y muchos jacuzzis hay desinfectantes como el cloro. En algunas personas, irritan mucosas y piel, y pueden alterar el pH vaginal, que es parte de la defensa natural. En el mar, la sal también reseca y puede empeorar el escozor si ya hubo rozaduras.

Foto Freepik

Infecciones y microbios: el riesgo que más se pasa por alto

El agua recreativa no es estéril. En piscinas públicas, jacuzzis, ríos o playa hay bacterias y hongos que pueden irritar o infectar, sobre todo si hubo fricción y la barrera natural quedó “tocada”. Además, algunos microorganismos pueden resistir mejor de lo esperado, incluso en agua tratada.

Cistitis y molestias vaginales: señales típicas tras el sexo en el agua

Tras el encuentro pueden aparecer síntomas como ardor al orinar, ganas constantes, molestia pélvica, picor, enrojecimiento o cambios en el flujo. Son señales frecuentes en cistitis o vaginitis. No siempre es grave, pero tampoco conviene normalizarlo si se repite.

Jacuzzis y aguas calientes: un entorno más delicado de lo que parece

Un jacuzzi combina agua caliente, químicos y uso compartido. Ese entorno puede favorecer irritaciones y la supervivencia de bacterias si el mantenimiento falla. Si además se usan espumas o aceites, la uretra y la vagina pueden quedar más sensibles.

Condones, embarazo y ETS: mitos peligrosos en el sexo acuático

El agua no evita el embarazo y no protege de ETS. Pensar lo contrario es uno de los mitos más arriesgados.

¿Por qué el condón puede romperse más y qué significa eso?

En el agua suele haber menos lubricación real, aumenta la fricción y el preservativo puede sufrir más. Una micro-rotura ya reduce la protección, aunque no siempre se note en el momento.

El agua no lava el riesgo: embarazo e infecciones siguen siendo posibles

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Si hay contacto con semen o fluidos, el riesgo existe igual en piscina, mar o ducha. Ni el cloro, ni la sal, ni el jabón “anulan” lo que ocurre por contacto directo.

Riesgos de seguridad y señales de alerta para pedir ayuda

En la ducha o en el borde de una piscina, un resbalón llega en segundos. También puede haber golpe por falta de espacio o superficies duras. En mar o río, el entorno cambia y el ahogamiento es un riesgo real si hay cansancio, alcohol o inmersión. Si aparece dolor intenso, fiebre, sangre en orina, mal olor fuerte o picor que no cede, conviene consultar.

Si aun así se elige hacerlo, ayuda estar atentos a las sensaciones del cuerpo, evitar el roce doloroso, ducharse de forma suave después, secarse bien y ponerse ropa seca. Orinar tras el sexo puede reducir molestias urinarias. Ante síntomas persistentes, lo prudente es pedir atención médica y no “aguantar” por vergüenza.

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