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Salud

¿Grietas en la lengua? ¿De dónde vienen?

Ver grietas en la lengua puede inquietar, pero muchas veces se trata de una condición común llamada lengua fisurada. En la mayoría de personas es benigna y solo cambia el aspecto de la superficie, como si la lengua tuviera pequeños “caminos” marcados.

Aun así, a veces las fisuras se notan más cuando hay sequedad, irritación o alguna carencia nutricional. La idea es sencilla: entender por qué aparecen y qué hábitos ayudan a que no molesten.

¿Qué son las grietas en la lengua y cómo se ven en el día a día?

La lengua fisurada son surcos o hendiduras en la parte superior de la lengua. Pueden ser finos, como líneas superficiales, o más profundos y ramificados. Algunas personas los tienen desde jóvenes y otras los notan más con el tiempo.

En el día a día, el problema no suele ser el “corte” en sí, sino lo que se queda dentro. Cuando se acumulan restos de comida o placa, puede aparecer mal aliento o una sensación de escozor. Aun así, mucha gente no siente dolor y solo lo descubre al mirarse en el espejo o durante una revisión dental.

Señales que suelen acompañarlas (sin asustarse)

Es frecuente notar la lengua algo áspera, sensibilidad con picante o cítricos, y ardor leve. También puede haber halitosis si los surcos retienen restos. El dolor fuerte, la inflamación marcada o el sangrado no son lo típico y conviene revisarlo.

¿De dónde vienen? Causas comunes y causas menos frecuentes

En muchos casos hay más de un factor. La causa más habitual es la predisposición: puede aparecer en varias personas de la misma familia. También influyen los cambios con la edad, porque la lengua tiende a perder humedad y se marcan más los surcos.

La sequedad bucal es otro motor importante. Respirar por la boca, tener poca saliva o tomar ciertos fármacos puede hacer que las fisuras se vean más y se irriten. A esto se suman irritantes diarios, como tabaco, alcohol, comidas muy calientes, picantes o ácidas, que “raspan” una mucosa ya sensible. Si además no se limpia la lengua con suavidad, las bacterias y restos quedan atrapados y aumentan el mal sabor o el escozor.

Foto Freepik

El papel de la sequedad, el tabaco y la irritación constante

Cuando falta saliva, la lengua pierde su capa protectora y cualquier roce se nota más. Fumar reseca y favorece la inflamación local; el alcohol y ciertos alimentos pueden actuar como desencadenantes de molestias, aunque las grietas ya estuvieran allí.

Cuando puede haber algo más: hongos, carencias y algunas enfermedades

La candidiasis puede dar escozor y placas blanquecinas, y a veces se confunde con simple irritación. También pueden influir carencias de vitaminas B, hierro o zinc, sobre todo si hay ardor, lengua sensible o cansancio. En menos casos, se asocia a problemas con mucha sequedad (como el síndrome de Sjögren) o a enfermedades como diabetes, psoriasis oral, síndrome de Down o el síndrome de Melkersson-Rosenthal. La clave es mirar el conjunto de síntomas, no solo la lengua.

¿Qué se puede hacer en casa y cuándo consultar?

Si la lengua no duele, suele bastar con constancia. La limpieza suave de la superficie ayuda a retirar restos de los surcos, sin raspar fuerte. Beber más agua y mejorar la sequedad bucal reduce el escozor, y un humidificador por la noche puede ayudar si se duerme con la boca abierta. Si hay ardor, suele ir bien descansar unos días de tabaco, alcohol, picantes y alimentos muy ácidos. Si se sospecha infección por placas blancas o malestar persistente, lo razonable es pedir valoración.

Conviene consultar a un dentista o médico si hay dolor que no mejora, sangrado, fiebre, bultos, dificultad para tragar, manchas blancas persistentes, o cambios que duran más de dos semanas.

Muchas grietas en la lengua son una variante normal y se controlan con cuidado diario. Si aparecen señales de alarma o molestias repetidas, una revisión puede descartar candidiasis, carencias y problemas de sequedad bucal.

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