Los peores alimentos que dañan tus dientes
El daño dental casi siempre llega por tres vías, azúcar, ácido y alimentos que se pegan o se rompen con facilidad. El azúcar alimenta a las bacterias de la placa, que fabrican ácidos capaces de abrir la puerta a la caries. Los ácidos de bebidas y algunos alimentos ablandan el esmalte, lo gastan poco a poco y pueden dejar sensibilidad al frío o al dulce. Y luego está lo mecánico, morder algo muy duro o crujiente puede causar fisuras, astillar un diente o fastidiar un empaste. En el día a día, esto suele verse como caries, erosión del esmalte, manchas que no se van con un cepillado rápido y, a veces, pequeñas fracturas que aparecen sin avisar.
Azúcar que se queda pegada, el camino más corto a la caries
Cuando el azúcar se queda en la boca, la placa actúa como una cocina que no descansa. Las bacterias “cocinan” ese azúcar y el resultado es ácido, que ataca el esmalte por contacto repetido. El problema no es solo comer algo dulce, sino la frecuencia y el tiempo que ese azúcar permanece pegado en surcos, entre dientes o alrededor de empastes. Picotear durante horas es como mantener un goteo constante sobre una pared: al final, se nota.
Caramelos duros y pegajosos, más tiempo en la boca, más riesgo
Los caramelos pegajosos se meten en rincones y cuesta sacarlos; los duros se chupan mucho rato, así que el azúcar está “trabajando” más tiempo. Para bajar el riesgo, conviene beber agua al terminar, elegir opciones sin azúcar cuando sea posible y usar chicle sin azúcar para estimular saliva. Si además hubo algo ácido, es mejor esperar un rato antes de cepillarse.
Bollería, galletas y cereales azucarados, parecen inocentes, no lo son
Muchos snacks juntan azúcar y harinas refinadas, se vuelven una pasta y se quedan en los surcos. Como alternativa simple, suele ir mejor yogur natural sin azúcar, queso o fruta menos ácida acompañada de frutos secos blandos. Y si se toman, mejor dentro de una comida, no como picoteo continuo.
Ácidos que gastan el esmalte, refrescos, cítricos y encurtidos
La erosión dental no siempre duele al principio. El ácido ablanda el esmalte y lo deja más vulnerable; si se cepilla justo después, ese esmalte reblandecido puede desgastarse más. Refrescos, bebidas energéticas, limón, naranja, vinagre y encurtidos comparten esa capacidad de “limar” poco a poco, aunque algunos parezcan saludables. El objetivo no es prohibir, sino reducir el contacto y dar tiempo a la saliva a hacer su parte.
Refrescos y energéticas, doble golpe de ácido y azúcar
Aquí se junta lo peor: acidez y, a menudo, azúcar. Esto favorece caries, erosión y manchas por colorantes. Ayuda limitar la cantidad, no ir “sorbiendo” durante horas, beber agua después y esperar unos 30 minutos antes del cepillado. Una pajita puede reducir el contacto directo en algunos casos.
Cítricos y vinagre, saludables, pero agresivos si se toman mal
Pueden estar en una dieta sana, pero conviene tomarlos con comida, evitar exprimir limón directo sobre los dientes y enjuagar con agua al terminar. Si aparece sensibilidad nueva, es una señal para ajustar hábitos.
Manchas y roturas, lo que muchos notan primero
Hay daños que se ven antes de sentirlos. Las manchas se acumulan con pigmentos y taninos, y los dientes pueden fisurarse por mordidas repetidas a cosas demasiado duras. Con pequeños cambios se reduce el impacto sin vivir a base de restricciones.
Café, té negro y vino tinto, la tríada de las manchas
Sus pigmentos tiñen con el tiempo, y el azúcar añadido empeora el riesgo de caries. Un enjuague con agua, tomarlos con comidas y reducir azúcar ayudan. Las limpiezas profesionales, cuando el dentista las indique, marcan diferencia.
Hielo, snacks muy duros y frutos secos rígidos, el riesgo de fisuras
Masticar hielo puede astillar esmalte o dañar empastes. Mejor evitar ese hábito, partir alimentos duros y elegir opciones más blandas. Si duele al morder o hay sensibilidad persistente, conviene revisar.
Mantener los dientes fuertes no va de perfección, va de rutina. Beber agua tras comer, reducir el picoteo, esperar antes de cepillarse después de ácido, usar pasta con flúor y limpiar entre dientes con hilo o cepillos interdentales protege más de lo que parece. Las revisiones periódicas ayudan a detectar erosión, caries inicial o fisuras a tiempo. Si aparece dolor, sangrado o sensibilidad que no cede, lo prudente es consultar con un profesional.