Salud

Medicamentos que pueden hacerte subir de peso: qué debes saber y cómo evitarlo

A veces una persona jura que come “igual”, y aun así la báscula sube. No siempre es falta de voluntad. Algunos medicamentos que pueden hacerte subir de peso cambian el apetito, la forma de usar la glucosa, el gasto de energía o causan retención de líquidos. La buena noticia es que no es inevitable. Lo más importante es no suspender un tratamiento por cuenta propia y revisar el tema con el equipo médico.

Cómo pueden los fármacos hacer que el cuerpo gane peso (sin que la persona se dé cuenta)

El primer mecanismo suele ser el hambre. Ciertos fármacos aumentan el apetito y los antojos, y también pueden alterar las señales de saciedad, como si el “freno” tardara más en activarse. Además, algunos cambian el metabolismo y la sensibilidad a la insulina, por lo que el cuerpo tiende a guardar más energía cuando sobra.

Otra vía común es la retención de líquidos, que añade kilos y sensación de hinchazón. También influye el cansancio: si la medicación provoca somnolencia o fatiga, la actividad diaria baja sin que la persona lo note, y el sedentarismo se vuelve más fácil.

Aun así, el efecto varía mucho. Depende de la dosis, del tiempo de uso, de los hábitos, de la genética y de otras enfermedades. Por eso, dos personas con el mismo fármaco pueden tener resultados distintos.

Medicamentos que más se asocian a subir de peso y ejemplos frecuentes

Entre los más conocidos están los corticoides, como la prednisona. Suelen abrir el apetito y favorecer líquidos, además de afectar la glucosa en algunas personas. En salud mental, varios antipsicóticos atípicos se relacionan con ganancia de peso, por ejemplo olanzapina, clozapina y quetiapina, ya que pueden aumentar el apetito y alterar parámetros metabólicos.

Con antidepresivos, el panorama es mixto. Algunos como paroxetina, sertralina, citalopram o amitriptilina se asocian a subida de peso en parte de los pacientes, aunque no ocurre siempre. En cambio, otros como bupropión o fluoxetina suelen tener menos riesgo en algunas personas, según el caso y la respuesta individual.

En diabetes, varios tratamientos tradicionales pueden favorecer la ganancia: insulina, sulfonilureas y tiazolidinedionas como pioglitazona, porque facilitan el almacenamiento de energía cuando hay exceso calórico. También se describen aumentos con betabloqueadores como atenolol o metoprolol en ciertos pacientes, a veces por menor gasto y más fatiga. Entre otros frecuentes aparecen antihistamínicos como cetirizina o fexofenadina, y neurológicos como valproato o gabapentina.

¿Cómo prevenir o frenar la subida de peso sin poner en riesgo el tratamiento?

La estrategia funciona mejor cuando es simple y constante. Conviene vigilar peso y cintura con regularidad, y anotar de forma breve cuándo aparece más hambre o picoteo. Ese registro ayuda a detectar patrones, como más apetito por la tarde o tras subir una dosis.

En la alimentación, suele ser útil priorizar proteínas magras, verduras y fibra, porque mejoran la saciedad, y reducir ultraprocesados y azúcares refinados. El control de porciones marca la diferencia cuando el apetito está “acelerado”. En paralelo, la actividad física protege: caminar a diario y añadir fuerza dos o tres veces por semana ayuda a mantener músculo y a usar mejor la glucosa.

Además, debe hablarse con el médico para ajustar dosis, valorar alternativas con menor impacto cuando existan y vigilar glucosa, lípidos y signos de retención de líquidos si procede.

¿Cuándo consultar y qué pedir en la cita para tomar decisiones informadas?

Si notas una subida de peso rápida, una hinchazón clara, más hambre de lo normal, o una somnolencia que te impide moverte como siempre, pide cita. También conviene consultarlo si empeoran la glucosa o la tensión.

Durante la visita, suele ayudar ir con estas ideas claras: si existe alguna opción con menos riesgo de ganar peso, cuánto tiempo tardan en verse los cambios, cómo hacer un seguimiento en casa (peso, cintura, tensión o glucosa, según tu caso) y qué ajustes de hábitos son posibles con ese tratamiento.

Entender estos efectos te permite reaccionar antes. La meta es equilibrar beneficios y efectos secundarios con tu equipo médico. Con seguimiento y rutinas que se puedan sostener, muchas personas mantienen el peso estable o recuperan el control sin comprometer su tratamiento.

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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial. Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los estándares editoriales.

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