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Sexo y relaciones

Menos presión, más placer: las posiciones sexuales que triunfan actualmente

Cada vez más personas dejan atrás la idea de “hacerlo perfecto” y buscan experiencias reales. En la intimidad, eso se traduce en menos exigencia física y más comodidad, creatividad y calma. También pesa más lo que pasa antes y durante, como la comunicación, el consentimiento y la salud emocional. Por eso hoy ganan terreno las posiciones que permiten respirar, hablar, mirarse y ajustar el ritmo sin sentirse a examen.

La nueva regla del placer: comodidad, conexión y ritmo natural

Las posiciones sexuales que más se repiten no son las más acrobáticas, sino las que facilitan cercanía, control y menos cansancio. El placer se vuelve más fácil cuando hay fricción suave, contacto piel con piel y un apoyo claro del cuerpo, como cama, sofá o almohadas. En vez de perseguir un “rendimiento” constante, la tendencia actual se parece más al slow sex: estar presentes, moverse con intención y dar espacio a la ternura.

Cómo saber si una posición es “baja presión” y alta recompensa

Una posición funciona bien cuando permite pausas sin cortar el ambiente, no duele, no exige fuerza sostenida y deja sitio para caricias y palabras. También ayuda que se pueda ajustar con cambios pequeños de ángulo, altura o apoyo. Muchas parejas acuerdan una palabra o una señal simple para frenar o cambiar, sin dramatizar, como parte normal del juego y del cuidado mutuo.

Posiciones que están triunfando por ser simples, íntimas y adaptables

En las preferencias actuales se repite una idea: lo clásico no desaparece, se reinterpreta. El objetivo ya no es “aguantar”, sino sentirse a gusto y compartir el control del ritmo. Por eso destacan opciones como cara a cara, cuchara, loto y una vaquera más suave, que encajan con el deseo de conexión y con la posibilidad de hablar durante el encuentro.

Slow Grind y cuchara: el poder del movimiento lento y del contacto constante

El Slow Grind se ha convertido en un favorito por su ritmo suave y rítmico, con fricción controlada y cercanía total. Al estar ambos cuerpos bien apoyados, se reduce la necesidad de resistencia, y sube la sensación de seguridad. La atención se va a lo que se siente en cada movimiento, sin prisa y sin forzar.

La cuchara (posición lateral) sigue fuerte por una razón práctica: descansa la espalda, reduce tensión en caderas y permite abrazos largos. Además, deja las manos libres para sumar caricias y ajustar la intensidad con facilidad. Aquí el foco es sostener un ritmo que se pueda mantener, no llegar rápido a ningún sitio.

Foto Freepik

Loto y cara a cara: cuando el placer sube con la mirada y la conversación

El loto, sentados frente a frente, mezcla lo físico con lo emocional de forma natural. Favorece besos, contacto visual y abrazos, y convierte el movimiento en un vaivén corto y cómodo. En una superficie estable, la variante cara a cara también brilla porque reparte el control, permite pausas espontáneas y hace más fácil decir “así sí” o “más despacio” sin romper el momento.

Cuando hay conversación breve y clara, bajan los nervios y mejora la coordinación. Esa sensación de “vamos juntos” suele pesar más que cualquier postura perfecta.

Montaña Suave, amazona y doggy modificado: control, soporte y cero necesidad de “rendimiento”

La Montaña Suave, una vaquerita renovada, se describe como más estable y pausada. El apoyo en manos o piernas ayuda a regular la intensidad sin agotarse, y el contacto cercano invita a bajar revoluciones. La amazona, en esa misma línea, permite que quien está arriba ajuste profundidad y velocidad con más precisión, lo que aporta confianza y comodidad.

El doggy modificado mantiene el guiño al clásico, pero con ajustes que cambian todo: almohadas para suavizar ángulos, bajar intensidad y sumar caricias más accesibles. En esta tendencia, importan más los detalles que la postura exacta.

Pequeños ajustes que hacen cualquier posición más placentera y segura

Almohadas bajo la cadera o la espalda pueden marcar la diferencia, igual que una lubricación extra si hace falta. Cambiar el ángulo, alternar movimientos cortos con pausas y cuidar rodillas y cuello suele mejorar el disfrute sin esfuerzo. Parar, reacomodarse o cambiar de idea entra dentro de lo esperado, y muchas veces es lo que mantiene la comodidad y el placer compartido.

Al final, lo que más se repite es lo que se siente bien para ambas personas. Probar una o dos opciones, escuchar el cuerpo y hablar claro suele ser el camino más directo hacia un sexo más libre, más tierno y sin guiones rígidos.

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