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Sexo y relaciones

Multiorgasmo: descubre las 3 claves para conseguirlo y disfrutarlo

El multiorgasmo es la posibilidad de tener varios orgasmos en una misma relación sexual sin perder el interés por lo que se siente. No es una competición ni una métrica de rendimiento, es una manera más de explorar el placer. Mujeres y hombres pueden vivirlo, aunque en ellos el periodo refractario suele pedir más tiempo o técnicas de control. Existen orgasmos secuenciales, con una pausa breve entre uno y otro, y orgasmos múltiples, cuando el cuerpo permite seguir con la estimulación sin necesidad de parar tras el clímax.

Las 3 claves para conseguir el multiorgasmo y disfrutarlo sin presión

El primer paso es recordar que no hay un número ideal de orgasmos, la meta es escuchar el cuerpo y seguir el ritmo propio. El multiorgasmo puede darse de forma secuencial, con descansos cortos para que la sensibilidad vuelva a ser agradable, o de forma múltiple, cuando la excitación se mantiene y el contacto puede continuar sin molestias. Ambos formatos son válidos y dependen del momento, la energía y el tipo de estimulación.

La lubricación marca la diferencia. Reduce la fricción, evita irritaciones y ayuda a que el placer crezca sin dolor. En mujeres, la zona del clítoris puede quedar muy reactiva tras el primer orgasmo, por lo que conviene pasar a un contacto indirecto, más suave y a un costado del glande del clítoris. En hombres, aprender a separar orgasmo y eyaculación ayuda a acortar el periodo refractario y facilita el control del clímax.

La respiración acompaña todo el proceso. Respirar lento y profundo sostiene la excitación, baja la tensión de más y permite sentir con claridad cada onda placentera. Las pausas activas, los cambios de ritmo y de posición, y la comunicación constante con la pareja, protegen el confort y favorecen que el cuerpo quiera más. El multiorgasmo no depende de forzar resultados, nace de atender sensaciones y tomar decisiones pequeñas a tiempo.

Clave 1: conócete y ajusta la estimulación

La autoexploración enseña dónde y cómo tocar para sentir más. En mujeres, el clítoris guía el camino, aunque tras el primer orgasmo quizá pida contacto indirecto alrededor del glande, caricias en los labios externos o presión sostenida en lugar de roces rápidos. La penetración no es un requisito para llegar, se puede construir placer con dedos, lengua, juguetes externos y fantasías compartidas. El lubricante cuida la piel, baja la fricción y hace que los cambios de ritmo sean cómodos. En algunos días del ciclo, cerca de la ovulación, puede haber más deseo y más lubricación natural, lo que facilita la experiencia, aunque no es una regla para todas.

Clave 2: respira, regula el ritmo y usa pausas activas

La respiración profunda, constante y silenciosa regula la excitación y expande la sensibilidad placentera. Alternar intensidades y posiciones evita el pico que agota y mantiene la curiosidad del cuerpo. El edging, acercarse al clímax y bajar un poco antes de llegar, ayuda a ampliar las olas de placer y a construir varios orgasmos seguidos. En hombres, separar sensación orgásmica de la eyaculación se aprende con práctica del suelo pélvico, controlando el punto de no retorno y soltando tensión entre oleadas. Para ambos, relajar el periné entre contracciones permite que la energía se renueve y no se convierta en molestia.

Clave 3: practica sin obsesionarte y habla con tu pareja

El multiorgasmo llega mejor cuando nadie corre. La práctica sin metas rígidas invita a probar presiones, ritmos y combinaciones sin miedo a equivocarse. La comunicación directa mejora la experiencia, permite pedir ajustes y cuida el consentimiento en cada paso. Preparar el entorno con luz cómoda, agua a mano y lubricante disponible elimina fricciones innecesarias. Acordar señales simples para bajar el ritmo si algo molesta sostiene la confianza. Disfrutar más no depende de contar orgasmos, depende de la conexión, la presencia y el respeto a los límites.

Foto Freepik

Guía práctica para sentir varios orgasmos sin molestias

El cuerpo habla claro cuando se atiende. Después del primer clímax puede aparecer hipersensibilidad en el clítoris, el glande o los pezones. No es una alerta de peligro, es una invitación a bajar intensidad y a mover la atención hacia otras zonas. El descanso corto, acompañado de caricias suaves en el pubis, el abdomen o los muslos, permite que el placer se rehaga sin perder la excitación de base. Reanudar el contacto directo solo cuando vuelve a sentirse agradable ayuda a evitar irritaciones. Reaplicar lubricación cuando haga falta mantiene el confort.

En mujeres, la estimulación indirecta alrededor del clítoris, la presión sostenida con un juguete externo suave o los movimientos circulares lentos reducen la sobrecarga y prolongan la ola. En hombres, el masaje del perineo y el juego anal con higiene y lubricante pueden estimular la próstata, lo que añade profundidad a las sensaciones. La respiración amplia sostiene el placer sin que se dispare de golpe. Los Kegel suaves, hechos con atención, mejoran el control y la calidad de las contracciones en ambos cuerpos, lo que suma matices a cada orgasmo.

Las señales para bajar el ritmo son claras cuando se aceptan sin juicio. Dolor, ardor, entumecimiento, hormigueo molesto o cansancio muscular piden un cambio de técnica o un alto breve. Beber agua, ajustar la postura y revisar la lubricación restablecen la comodidad. Tomar una pausa y continuar más tarde es una opción válida. La seguridad y el bienestar van primero, siempre.

El ciclo menstrual puede influir, aunque no manda. En algunas mujeres, los días cercanos a la ovulación traen más deseo y sensación de facilidad para llegar al orgasmo. Es una ventana posible, no una obligación. Si apetece, se puede aprovechar para explorar ritmos nuevos, prácticas diferentes o fantasías pendientes. Cada ciclo es distinto, lo que vale un mes puede cambiar al siguiente, por eso conviene observar y ajustar sin reglas rígidas.

El multiorgasmo también depende del manejo del periodo refractario en hombres. Practicar el control del clímax con respiración y pausas antes del punto de no retorno ayuda a reducir ese tiempo y permite orgasmos sin eyaculación cuando se busca prolongar el encuentro. La clave está en bajar tensión en el suelo pélvico, no apretar de más, y recuperar el pulso con respiraciones largas por la nariz, soltando por la boca. Con práctica constante, el cuerpo aprende y responde con más facilidad.

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