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Salud

¿Sabías que 4 de cada 10 cánceres se pueden evitar con cambios en el día a día?

¿Y si una parte importante del cáncer tuviera que ver con cosas que se pueden cambiar, poco a poco, en la vida real? Un gran análisis de la OMS y la IARC publicado en Nature Medicine estimó que casi cuatro de cada diez nuevos diagnósticos de cáncer en dos mil veintidós se relacionaron con factores evitables. Eso equivale a más de siete millones de casos.

El estudio revisa muchos factores a la vez, desde hábitos cotidianos hasta infecciones, contaminación y exposiciones laborales. Por eso, hablar de prevención no es solo hablar de “fuerza de voluntad”. También cuenta el acceso a vacunas, a cribados, a espacios donde moverse, a aire más limpio, y a trabajos con protección.

Aun así, existen tres grupos que destacan por su impacto y porque, con ayuda, se pueden abordar: el tabaco, las infecciones prevenibles y varios aspectos del estilo de vida, como el alcohol, el peso, el movimiento y el sol. Pensarlo como un “interruptor” ayuda, cada ajuste baja un poco el riesgo acumulado.

Tabaco, el factor prevenible número uno

El tabaco aparece como el factor prevenible con más peso, asociado a alrededor de un quince por ciento de los nuevos cánceres. Aquí entra tanto fumar como respirar humo ajeno, que no es inocente.

Dejarlo no es un examen de carácter, es un proceso. Muchas personas notan beneficios pronto, y pedir apoyo al médico o a programas de deshabituación aumenta las opciones de éxito. Si has recaído, no significa fracaso, significa que el plan necesita ajustes.

Infecciones que se pueden prevenir con vacunas y controles

Las infecciones explican aproximadamente una décima parte de los casos prevenibles. El virus del papiloma humano se relaciona con cáncer de cérvix, las hepatitis B y C con cáncer de hígado, y Helicobacter pylori con cáncer de estómago.

Foto Freepik

Aquí la prevención tiene herramientas claras: vacunación frente al VPH y la hepatitis B, consulta médica si hay riesgo de hepatitis C, y seguimiento cuando hay síntomas digestivos persistentes o antecedentes. También cuenta participar en los programas de cribado cuando tocan.

Cambios simples que bajan el riesgo, sin vivir a dieta

La prevención que se mantiene es la que encaja en tu rutina. No hace falta hacerlo perfecto, hace falta hacerlo posible. Piensa en hábitos que se repiten sin esfuerzo: lo que bebes entre semana, cómo te mueves en un día normal, y qué comida tienes más a mano cuando llegas tarde.

El objetivo práctico es reducir lo que suma riesgo y aumentar lo que protege, sin convertir la salud en una lista interminable. Un paso pequeño, sostenido, suele ganar a una semana intensa que luego se abandona.

Alcohol, movimiento y peso, el trío que suele pasarse por alto

El alcohol se asocia con en torno a un tres por ciento de los casos prevenibles, y muchas veces se cuela por costumbre. Reducir frecuencia y cantidad ya cambia el panorama, sobre todo si el plan es simple, como reservar el alcohol para ocasiones concretas.

El sedentarismo y el exceso de peso preocupan porque van al alza. Caminar más a diario, subir escaleras cuando se puede y añadir fuerza básica con el propio cuerpo son ideas fáciles de sostener. Si te falta aire, empieza más corto, pero empieza.

Comer mejor, pensando en hábitos, no en prohibiciones

Comer mejor suele ser menos “quitar” y más “poner”: más frutas, verduras y legumbres, y más comida casera cuando se puede. Los ultraprocesados ganan por rapidez, así que conviene tener alternativas rápidas también, como un yogur natural con fruta o un bocadillo sencillo con proteína y verdura.

Estos cambios también ayudan con la diabetes, el hígado graso y el dolor articular. Y eso se nota en el día a día, no solo en estadísticas.

Sol, contaminación y trabajo, cuando la prevención necesita apoyo social

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No todo riesgo es individual. La radiación ultravioleta aumenta el riesgo de cáncer de piel, y aquí manda evitar quemaduras. Sombra, ropa, gorra y protector solar son aliados, sobre todo en horas de más intensidad.

La contaminación del aire y ciertas exposiciones en el trabajo también cuentan. Informarte sobre riesgos en tu puesto, pedir ventilación y equipos de protección, y apoyar normas que reduzcan emisiones es parte de la prevención colectiva. La salud no debería depender del código postal.

Nada de esto elimina todo el cáncer, pero sí puede bajar el riesgo y aumentar años con buena calidad de vida. La prevención no va de miedo, va de margen de maniobra.

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