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Los 7 mejores y peores tipos de alcohol para bajar de peso

¿Puede una copa frenar la pérdida de grasa aunque no se coma más? Sí, y a veces el motivo no es “el alcohol” a secas, sino el combo: mezclas con azúcar, refrescos, cremas y vasos grandes que esconden calorías. Además, el alcohol suele empujar a picar algo después, cuando baja el autocontrol. Para quien busca afinar la dieta sin renunciar a una salida, conviene comparar opciones más “secas” y simples frente a las que disparan calorías sin avisar.

Lo que de verdad importa cuando se elige una copa si se quiere perder peso

Para perder grasa, pesan tres cosas: el tamaño de la porción, el azúcar (y carbohidratos) añadidos, y el efecto del alcohol sobre el apetito y las decisiones. Una medida típica ayuda a no ir a ciegas: destilado 45 ml, vino 150 ml y cerveza 335 ml. A partir de ahí, lo práctico es priorizar bebidas “secas” (sin jarabes ni cremas) y mezclas sin azúcar (soda, agua con gas, tónica sin azúcar). Un detalle útil para 2026 es que, en Europa, vino y muchas cervezas ya incorporan información nutricional en etiqueta o mediante QR, lo que facilita comparar calorías y azúcares en marcas reales.

Calorías “invisibles”: el destilado no suele ser el problema, el mezclador sí

Vodka, ron blanco, ginebra y whisky, servidos solos o con hielo, aportan calorías sobre todo del alcohol y casi nada de azúcar. El salto llega con el mezclador. Un vodka con soda y limón suele mantener el perfil “seco”, mientras que un gin-tonic normal suma azúcar porque la tónica clásica suele llevarla. En la práctica, el vaso puede pasar de ligero a pesado solo por el refresco.

Por qué el alcohol puede frenar la quema de grasa aunque la bebida no sea dulce

El cuerpo prioriza procesar el alcohol, y eso puede retrasar el uso de grasa como energía durante un rato. También aumenta la probabilidad de picoteo y de pedir raciones más grandes. No es magia, es conducta.

Foto Freepik

Los 7 tipos de alcohol más “amigables” para bajar de peso (si se toman bien)

Entre las opciones más compatibles con un objetivo de pérdida de grasa están vodka, ron blanco, ginebra, tequila blanco y whisky, mejor solos, con hielo, o con soda, agua con gas y limón. En vinos espumosos, champán o cava brut suele encajar mejor que versiones dulces, porque tienden a llevar menos azúcar. En cerveza, una cerveza light suele ser más fácil de ajustar que una artesanal densa. La clave no es “qué tan fuerte” suena la bebida, sino cuánta azúcar extra entra en el vaso y si se respeta la porción estándar.

Cómo pedirlas en un bar sin que se conviertan en una bomba calórica

Funciona usar frases simples: “con soda y limón”, “tónica sin azúcar”, “sin jarabe” y “sin crema”. Pedir “doble de hielo” ayuda a que no se rellene el vaso con mezcladores. También conviene alternar cada copa con agua y evitar el “refill” de refresco azucarado, que es donde se acumula el exceso sin que se note.

Los 7 peores tipos de alcohol para bajar de peso (y el detalle que los delata)

Suelen complicar el objetivo bebidas como piña colada, ruso blanco, Mai Tai, tequila sunrise, gin-tonic normal, cuba libre con refresco normal y licores cremosos. El patrón se repite: jarabes, jugos embotellados, crema, y vasos grandes que hacen difícil estimar lo que se toma. La alternativa más simple suele ser pedir la “versión seca”: destilado con soda, tónica sin azúcar, o directamente reducir el tamaño del trago.

Señales rápidas para detectar una bebida “trampa” sin mirar calorías

Colores muy llamativos, nombres que sugieren postre (colada, creamy), toppings, espuma dulce, o una lista larga de ingredientes suelen avisar. Si lleva jugo preparado, jarabe o crema, casi siempre sube rápido. Como regla práctica, elegir “seco” y “simple” reduce sorpresas.

Al final, si se va a beber, conviene hacerlo con intención: elegir opciones secas, cuidar porciones y vigilar el mezclador. Un plan realista es fijar un límite claro, pedir una bebida “mejor” con mezcla sin azúcar, y acompañarla con agua. Esa combinación no promete resultados, pero sí reduce los errores típicos que frenan el progreso.

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