Neuroteología: las huellas que “Dios” deja en el cerebro
¿Qué pasa en el cerebro cuando alguien reza y siente que no está solo? La neuroteología se asoma a esa pregunta con herramientas de la neurociencia, sin prometer pruebas de la existencia de Dios ni convertir la fe en un “sí” o “no” de laboratorio. Su propuesta es más humilde y, por eso, más interesante: describir qué cambia en la mente y el cuerpo durante la oración, la meditación o ciertas experiencias místicas. Creyentes y no creyentes se cruzan aquí con una curiosidad común. Al final, el tema no es solo religión, también es atención, emoción, identidad y sentido.
¿Qué es la neuroteología y por qué genera tanta conversación?
La neuroteología estudia la relación entre cerebro y religión, es decir, los correlatos cerebrales de experiencias espirituales. Observa patrones de actividad y cambios fisiológicos asociados a vivencias como la “presencia” de lo sagrado, la paz profunda o la sensación de unidad.
Lo que no puede hacer es dictar verdades últimas. Un escáner puede mostrar qué áreas se activan, pero no puede decidir si una experiencia es “Dios”, cultura, memoria o una mezcla de todo. Por eso el campo provoca debate: toca fibras personales y, a la vez, habla el lenguaje de la evidencia.
De Huxley a Persinger y Newberg, una historia corta del campo
Aldous Huxley usó el término “neuroteología” en La Isla (1962), con un tono filosófico, buscando un puente entre ciencia y espiritualidad. Décadas después, Michael Persinger popularizó la idea de que ciertas sensaciones de “presencia” podrían relacionarse con el lóbulo temporal y estímulos magnéticos débiles, una hipótesis llamativa y discutida.
Eugene d’Aquili y Andrew Newberg dieron otro paso con estudios de neuroimagen. Su enfoque influyó porque intentó describir la experiencia religiosa sin reducirla, de entrada, a “alucinación”.
Qué huellas deja la experiencia de Dios en el cerebro, lo que muestran los estudios
Cuando se habla de “huellas”, se habla de patrones. En prácticas como oración, meditación o cantos repetitivos, se observa actividad en redes ligadas a la atención, la emoción y el sentido del yo. Suelen aparecer asociaciones en la corteza prefrontal, el lóbulo parietal y el lóbulo temporal, con variaciones por persona, tradición y contexto.
Lóbulos frontales, atención, emoción y certeza de creencia
Los lóbulos frontales, incluida la corteza prefrontal, participan en decisiones, control de la atención y regulación emocional. En trabajos asociados a Newberg, se ha descrito que creer, no creer o dudar recluta zonas distintas en redes prefrontales y parietales. En ese marco, la corteza prefrontal ventromedial se vincula con emoción y recompensa, lo que ayuda a entender por qué una convicción puede sentirse tan “segura” por dentro.
Lóbulo parietal y la sensación de unidad, cuando el yo se vuelve más pequeño
En estados contemplativos, algunos estudios han observado menor actividad parietal. Ese cambio puede alterar la orientación corporal y el límite entre “yo” y “mundo”. Para ciertas personas, se traduce en una vivencia de unión con algo mayor; para otras, en calma y amplitud mental, sin narrativa religiosa.
Lóbulo temporal y la vivencia de una presencia, entre lo sagrado y lo neurológico
Persinger propuso que micro-episodios tipo convulsión o estímulos en el lóbulo temporal podrían generar sensaciones de presencia. La idea sigue en disputa, y no pretende explicar todas las experiencias religiosas. Aun así, pone el foco en un punto clave: el cerebro puede construir significado intenso a partir de señales internas y del entorno.
Lo que la neuroteología no puede responder y los debates más comunes
El debate central enfrenta reduccionismo y cautela. Para algunos, la actividad cerebral “explica” la religión y la deja cerrada. Para otros, describir un correlato no invalida lo vivido, solo lo sitúa en el cuerpo. También aparecen críticas de “pseudo-ciencia” cuando se exageran hallazgos o se venden titulares del tipo “se encontró a Dios en el cerebro”.
Correlación no es prueba, por qué un escáner no decide la fe
Ver actividad neuronal se parece a ver las teclas moverse mientras alguien toca piano. Se entiende el mecanismo, pero no se agota la música. La neuroteología puede mostrar qué hace el cerebro durante la experiencia, no dictar si esa experiencia es verdadera o falsa en un sentido último.