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Sexo y relaciones

¿Por qué los hombres odian los condones?

Muchos hombres dicen que el condón quita placer, incomoda o rompe el momento, aunque sepan que protege de embarazos no deseados y de infecciones de transmisión sexual. En España, encuestas recientes muestran que casi la mitad de los jóvenes ha tenido sexo alguna vez sin preservativo y que una parte importante casi nunca lo usa, justo cuando las infecciones están subiendo entre chicos muy jóvenes. El rechazo al condón mezcla cuerpo, mente, ego, presión social y una fuerte falta de información.

Placer y sensaciones: cuando el condón “no es lo mismo”

La queja más común es la pérdida de sensibilidad. Muchos describen la sensación como si se pusiera una fina capa entre la piel y el contacto que más excita, algo similar a tocar a alguien con guantes. El cerebro se había acostumbrado a sentir cada roce y, de pronto, todo parece un poco más apagado.

Otros hombres explican que el látex les aprieta en la base, como si cortara un poco la circulación, o que el preservativo se desliza y se mueve demasiado cuando la talla no es la adecuada. A esa incomodidad se suman las expectativas irreales de un sexo perfecto, sin pausas ni interrupciones, muy marcadas por el porno y por historias exageradas entre amigos, donde el condón casi nunca aparece.

Tamaño, ajuste y comodidad del preservativo

El tema del tamaño y ajuste pesa mucho más de lo que se suele admitir. Los condones estándar se diseñaron durante años con una longitud mínima pensada para cubrir a casi todos, aunque varios estudios han mostrado que muchos penes erectos son algo más cortos. El resultado es que a muchos hombres les sobra material, el condón se enrolla o se desplaza y la sensación de seguridad baja.

Para otros, el problema es el grosor. Hay hombres con una longitud moderada y una base muy ancha que sienten que el condón aprieta demasiado, lo que hace el uso incómodo y a veces doloroso. A eso se suma el golpe al ego que puede suponer comprar una caja y descubrir que el preservativo queda grande o pequeño, lo que se vive como una especie de examen íntimo. Por suerte, ya existen opciones de condones personalizados, como myONE Perfect Fit, con muchas combinaciones de largo y contorno que mejoran comodidad y reducen deslizamientos.

Vergüenza, ego y falsas seguridades sobre el sexo sin condón

Más allá del cuerpo, hay un fuerte peso psicológico. En barómetros sobre juventud y riesgo, una parte significativa de chicos reconoce que ha tenido sexo sin preservativo sabiendo que era peligroso y que, aun así, siente que le compensa. Muchos jóvenes han perdido el miedo a los embarazos no deseados y a las ETS, que se perciben como algo que les pasa a otros, no a ellos.

El ego masculino también entra en juego. Persisten ideas como que usar condón es cosa de “poco macho”, que pedirlo en mitad del encuentro corta el clima o que un hombre “seguro de sí mismo” controla la situación sin necesidad de protección. En la práctica, chicos y chicas a veces ceden por evitar una discusión en un momento cargado de deseo, y el preservativo queda en segundo plano.

Foto Freepik

La falsa sensación de invulnerabilidad en la juventud

Muchos hombres jóvenes viven con una falsa sensación de invulnerabilidad. Piensan que las campañas de salud sexual no van con ellos, que las ETS afectan a otros grupos y que, si algo pasara, se notaría enseguida. Expertos en sexología, como profesionales de la FESS, llevan años alertando de esta pérdida de miedo y del aumento de conductas de riesgo incluso en países con buena información.

En parejas estables se suma la confianza en la fidelidad y en el “nos conocemos”. El condón suele desaparecer sin que haya pruebas recientes de por medio, se confía en la suerte y se olvida que algunas infecciones pueden tardar mucho tiempo en dar síntomas.

Mitos sobre los condones y nuevas soluciones que buscan más placer

Alrededor del preservativo circulan varios mitos persistentes. Se oye que el condón siempre quita placer, que si la pareja usa pastillas ya no hace falta, o que solo sirve para evitar embarazos, cuando su papel clave es reducir el riesgo de muchas infecciones. Cuando el preservativo tiene la talla correcta, un buen lubricante y un material adecuado, muchos hombres describen una pérdida de sensibilidad mucho menor de la que esperaban.

La industria también se mueve para mejorar la experiencia. Además de los condones a medida, se han probado materiales como el poliuretano, el colágeno de origen animal o hidrogeles con antioxidantes que buscan mejorar el flujo sanguíneo y la sensación de calidez. Se han presentado ideas curiosas, como el “gorro galáctico”, una pieza que cubre solo la punta y se pega con adhesivo médico, o los preservativos tipo origami, plegados para dar más libertad de movimiento dentro de la vagina. Algunos proyectos se han frenado por falta de financiación, por problemas de comodidad o por dudas sobre su verdadera protección, pero muestran que el sector intenta cambiar la imagen del condón clásico.

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